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  • La responsabilidad histórica de Gran Bretaña en la catástrofe Palestina

    La responsabilidad histórica de Gran Bretaña en la catástrofe Palestina

    En el centenario de la Declaración Balfour

    Historiado Nur Masalha

    La Declaración Balfour del 2 de noviembre de 1917 fue fundamental para alianza británico-sionista durante la Primera Guerra Mundial y una poderosa herramienta de propaganda judio-sionista. Al acercarse el centenario de la Declaración es oportuno volver a examinar el impacto tanto de la declaración como de las políticas británicas respecto a Palestina y su población originaria. Este artículo apela al Reino Unido a que reconozca su responsabilidad histórica en las desastrosas consecuencias del colonialismo sionista de asentamiento en Palestina y la subsiguiente catástrofe palestina (Nakba).

    Sin el apoyo total de Imperio Británico, el sionismo político no habría podido conseguir sus objetivos a costa de la libertad y la autodeterminación del pueblo palestino. El Estado de Israel era y todavía es fundamental para los proyectos occidentales en Oriente Próximo. De hecho, Israel debe su propia existencia al poder colonial británico en Palestina, a pesar de la tensión militar durante la última década de periodo del Mandato Británico entre la potencia colonial y los dirigentes del militarizado Yishuv, es decir, la comunidad de colonos de asentamiento blancos asquenazíes (1) en Palestina.

    Los colonos sionistas europeos eran poco numerosos bajo el Imperio Otomano y nunca se les dio verdaderamente carta blanca en Palestina; si se hubiera dejado al Imperio Otomano el control de Palestina después de la Primera Guerra Mundial, es muy poco probable que el Estado judío se hubiera hecho realidad a expensas de la población indígena. La situación cambió radicalmente con la ocupación de Palestina por parte de los británicos en 1917. Pero antes, el 2 de noviembre de 1917, la Declaración Balfour (cuyas catastróficas consecuencias para el pueblo palestino tienen repercusiones todavía hoy) ya había concedido al sionismo derecho a Palestina. El secretario de Exteriores [británico] Arthur James Balfour envió a la Federación Sionista la carta que contenía la Declaración a través de un prominente judío británico, el barón Walter Rothschild. En ella el gobierno británico declaraba su compromiso con el sionismo: “El gobierno de Su Majestad considera favorablemente el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío y utilizará sus mejores esfuerzos para facilitar la consecución de este objetivo”.

    Lo verdaderamente crucial fue que los términos de la Declaración Balfour se incorporaron al Mandato Británico en Palestina en 1922 y fueron aprobados por la Liga de las Naciones. Esto constituyó un espectacular logro político y de propaganda para el movimiento sionista internacional que en aquel momento era un grupo minoritario dentro de los judíos del mundo. Curiosamente, el documento fue criticado duramente por el único miembro judío del gobierno del primer ministro británico Lloyd George: Sir Edwin Montagu, secretario de Estado para India, hizo una clara distinción entre judaísmo y sionismo (una ideología política moderna). Le preocupaba el estatus y la potencial doble lealtad de los judíos británicos y puso en tela de juicio el derecho de la organización sionista a hablar en nombre de todos los judíos.

    En 1917 la población judía de Palestina era inferior al 10% del total de su población. El contenido de la Declaración Balfour se arraigaba en la política colonial racista de la denegación. No mencionaba siquiera al pueblo palestino, ya fueran cristianos o musulmanes, que conformaba más del 90% de la población del país. De hecho, el pueblo palestino era propietario de más del 97% de la tierra que Gran Bretaña pretendía regalar. La Declaración se refería a los palestinos cristianos o musulmanes como “las comunidades no judías que existen en Palestina” al tiempo que omitía por completo sus derechos nacionales y políticos. La Declaración es típica del estilo supremacista blanco de la época y encaja con la noción de “una tierra sin pueblo [para un pueblo sin tierra]”, creada para justificar la colonización europea y la negación de los derechos fundamentales de los palestinos.

    Envalentonado por la Declaración Balfour, en enero de 1919 el destacado sionista británico Chaim Weizmann acudió a la Conferencia de París y y pidió una Palestina pura “tan judía como Inglaterra es inglesa”. Esto sucedía en un momento en que el principio de “autodeterminación para los pueblos del Imperio Otomano” estaba consagrado en los “Catorce Puntos” del presidente estadounidense Woodrow Wilson. Lloyd George saludó estos principios al tiempo que negaba este reconocimiento internacional del pueblo palestino.

    A menudo se explican la alianza británico-sionista y la Declaración Balfour en términos de cálculos de guerra y objetivos estratégicos militares (incluido la proximidad de Palestina al Canal de Suez controlado por Gran Bretaña y la ruta a India). Los historiadores pasan por alto los factores y mitos británicos históricos, ideológicos, de la cultura bíblica protestante y simbólicos. Gran Bretaña y gran parte de Europa habían sido la cuna de las Cruzadas Latinas y de los recuerdos colectivos de la lucha por Jerusalén y Palestina, una amarga “guerra santa” contra el islam que duró varios siglos hasta bien entrado el inicio del periodo moderno y cuya memoria colectiva se revivió en Europa en el momento culminante del imperio en el siglo XIX. Antes de la Declaración Balfour dos imanes, la “Biblia y la espada”, en brillante expresión de Barbara Tuchman (Bible and Sword: England and Palestine from the Bronze Age to Balfour) atrajeron a gran cantidad de cruzados, peregrinos, misioneros, arqueólogos bíblicos, viajeros, cartógrafos, cónsules y miembros del Cuerpo de Ingenieros Reales a Tierra Santa de Palestina. En última instancia esto llevó a la conquista de Jerusalén por parte de Gran Bretaña en diciembre de 1917.

    La propia Declaración Balfour estaba calculada para coincidir con el avance del general Edmund Allenby hacia Jerusalén durante la Primera Guerra Mundial. Fue el fruto de unas intensas negociaciones a lo largo de doce meses entre destacados sionistas británicos (el “lobby judío-sionista) y altos cargos del Foreign Office y, en última instancia, del gobierno de guerra de Lloyd George.

    El 11 de diciembre de 1917 Allenby entró a pie en Jerusalén y anduvo triunfalmente por la Ciudad Vieja. Era el primer cristiano que conquistaba Jerusalén desde las Cruzadas medievales. Este simbolismo no pasó desapercibido para Allenby o Lloyd George, que describieron la toma de Jerusalén como “un regalo cristiano al pueblo británico”. Allenby fue incluso más explícito: “Ahora han terminado las guerras de los cruzados”, afirmó, dando a entender que su conquista de Palestina por parte de las fuerzas británicas era la “última cruzada”.

    El general Allenby nos ha dejado otros símbolos de los antiguos y nuevos cruzados: el “Puente Allenby” (todavía denominado así por los israelíes) que cruza del río Jordán fue construido en 1918 por el propio Allenby sobre los restos de un viejo puente otomano. Actualmente es el único punto de entrada y de salida para los palestinos bajo ocupación israelí que viajen fuera de Cisjordania y a Cisjordania. Tanto Allenby como Balfour son muy apreciados en Israel. Allenby da su nombre a una importante calle de Tel Aviv, “Allenby Street”. Balfouria es una colonia judía al sur de Nazareth fundada en 1922 y fue el tercer moshav (2) que se estableció en la Palestina del Mandato. Toma su nombre del secretario de Exteriores británico que redactó la tristemente célebre Declaración.

    En 1917 Weizmann, amigo íntimo del general Jan Smuts, un defensor de la separación racial, primer ministro de Sudáfrica y que se asocia a la redacción del borrador de la Declaración, argumentó: “Una Palestina judía sería una salvaguarda para Inglaterra, en particular con respecto al Canal de Suez”. Sin embargo, tanto Lloyd George como Balfour eran miembros de Iglesias protestantes que compartían la creencia sionista cristiana de que había que “restituir” en Palestina a los judíos del Viejo Testamento antes de la Segunda Venida de Jesús.

    La Biblia ha sido el texto clave para redimir el colonialismo de asentamiento europeo. El “primer” texto de Occidente ha sido (y sigue siendo) fundamental para el apoyo occidental al Estado de Israel. La “Biblia y la espada”, las dos herramientas heredadas de las Cruzadas latinas y del colonialismo británico, también han sido fundamentales para la estrategia sionista israelí desde 1948.

    Desde finales del siglo XIX el sionismo político (y actualmente el lobby pro-israelí) ha seguido disfrutando de una extraordinaria influencia en las altas esferas de Occidente. Por diferentes razones (entre las que se incluye la epistemología y la política del texto bíblico), el Estado de Israel ha sido fundamental para las políticas de Occidente en el rico en petróleo Oriente Próximo. Además de su valor geopolítico y estratégico, y de sus inmensas capacidades militares y nucleares, el Estado de Israel ha tenido una enorme trascendencia para las políticas occidentales posteriores a la Segunda Guerra Mundial. En el periodo posterior al Holocausto el fuerte apoyo financiero, militar y político concedido al “Estado judío” en Palestina también ha sido considerado una oportunidad de “redimir” a Europa (y a Occidente) por el genocidio nazi.

    El sionismo político surgió en Europa a finales del siglo XIX en el momento culminante del imperialismo europeo, directamente influido por el pangermanismo y panjudaísmo. Combinó con éxito los nacionalismos de Europa central y del este con el colonialismo de asentamiento y la Biblia. Los padres fundadores laicos del sionismo judío trataron de sustentar con el texto bíblico la legitimidad de su movimiento colonial de asentamientos.

    Desde un principio estuvo claro que el proyecto “restauracionista” solo se podía lograr con el respaldo y el apoyo activo de las potencias europeas. Desde Theodor Herzl a Chaim Weizmann y David Ben-Gurion los dirigentes sionistas eran plenamente conscientes de que no se podía garantizar su programa sin el apoyo de las potencias imperialistas. Herzl escribió claramente acerca de la tierra asiática (no europea) “reclamada” por el sionismo y el establecimiento de un Estado casi europeo de colonos blancos en Palestina: “Si Su Majestad el Sultán [otomano] nos concediera Palestina, a cambio nosotros podríamos emprender la regulación de todas las finanzas de Turquía. Conformaríamos ahí parte de una muralla defensiva para Europa en Asia, un puesto de avanzada de la civilización contra la barbarie”.

    Sin embargo, el entonces presidente de la Agencia Judía, Ben-Gurion, declaró al presentar testimonio ante la “Comisión Real de Palestina” encabezada por Lord Peel en 1936: “La Biblia es nuestro mandato”. Para Ben-Gurion la Biblia era el texto matriz del sionismo y el texto fundacional del Estado de Israel. Como Ben-Gurion, Lloyd George y Balfour consideraban la Biblia no solo una fuente histórica de confianza sino también una guía de las políticas cristianas y sionistas en relación con los habitantes indígenas de Palestina. Las militaristas tradiciones y relatos bíblicos de la tierra, reconfiguradas y reinventadas en el siglo pasado como una metanarrativa “fundacional” del sionismo y del Estado de Israel, han sido decisivas en la limpieza étnica de Palestina. Hoy las mismas militaristas tradiciones bíblicas de la tierra siguen estando en el centro del desplazamiento y la desposesión de los palestinos (tanto musulmanes como cristianos) de Jerusalén. Irónicamente, es más probable que, a diferencia de Ben-Gurion, los palestinos modernos sean descendientes de los antiguos israelíes cananeos y filisteos que lo sean los asquenazíes y padres fundadores blancos del Estado de Israel.

    El historiador británico Arnold Toynbee calificó una vez a Balfour de “hombre malvado”. Toynbee creía que Balfour y Lloyd George conocían las catastróficas implicaciones que tenían para los palestinos originarios la Declaración Balfour y el hecho de que los británicos fomentaran una comunidad colonial de asentamiento blanca en Palestina.

    Por supuesto, ni los cruzados latinos ni la moderna Gran Bretaña tenían derechos de soberanía sobre Palestina. Es indudable que Gran Bretaña no tenía autoridad moral o legal para entregar la tierra que no le pertenecía a un tercero y a un pueblo que no residía en el país. Sin embargo, la Declaración Balfour creó el marco para la lucha sionista por apoderarse de la tierra de Palestina y controlarla, una lucha que ha seguido hasta nuestros días. Por ello la Declaración se convirtió en un elemento fundamental de las exigencias judiciales sionistas e israelíes. Entre 1914 y 1948 la potencia colonial británica en Palestina permitió al movimiento judío establecer en Palestina a cientos de miles de colonos judíos europeos, incluidas varias ciudades, y estableció las bases políticas, militares y de seguridad, económicas, industriales, demográficas, culturales y académicas del Estado de Israel.

    Medio siglo después de la Declaración Balfour la primera colonia blanca en Palestina, Kerem Avraham, hoy un barrio de Jerusalén, empezó como una pequeña colonia británica fundada en 1855 por el muy influyente cónsul británico en Jerusalén, James Finn, y su mujer, Elizabeth Anne. Finn combinó un antiguo celo cruzado con un moderno pensamiento “restauracionista” protestante y actividades misioneras con el trabajo oficial de funcionario británico. Él y su mujer eran originariamente miembros de la “Sociedad Londinense para Promover el Cristianismo entre los Judíos”. James Finn también fue un estrecho socio de Anthony Ashley Cooper, séptimo conde de Shaftesbury, un destacado diputado tory, milenarista protestante y colaborador clave del sionismo victoriano cristiano y del evangelismo que preconizaba la vuelta a la Biblia. A Shaftesbury le guiaba el pensamiento victoriano de la “Biblia y la espada”, una combinación de imperialismo victoriano y de profecía mesiánica cristiana. Argumentaba que el “restauracionismo judío en Palestina tendría ventajas políticas y económicas para el Imperio Británico y según la profecía de la Biblia, aceleraría la segunda venida de Jesús. En un artículo publicado en Quarterly Review (enero de 1839), Shaftesbury (inventor del mito “una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra”) escribió: “La tierra y el clima de Palestina están singularmente adaptados para que crezcan productos requeridos por las exigencias del Imperio británico: se puede obtener el algodón más fino en una casi ilimitada abundancia, la seda y la rubia roja (3) son los productos principales del país y el aceite de oliva es ahora, como siempre lo ha sido, la propia grasa del país. Solo se requieren capital y habilidades: la presencia de un oficial británico y la mayor seguridad de la propiedad que su le conferirá presencia, pueden invitar a los de estas islas al cultivo en Palestina; y los judíos, que no se trasladarán a ninguna otra tierra para cultivarla ya que han encontrado en la persona del cónsul británico [James Finn] un mediador entre su pueblo y el Pachá [otomano], probablemente volverán en cantidades aún mayores y se convertirán una vez más en el esposo de Judea y Galilea”.

    Con el apoyo del entonces secretario de Exteriores británico Lord Palmerston, Shaftesbury empezó a promover la “restauración” de los judíos en Palestina entre la Inglaterra victoriana de la década de 1830. Shaftesbury también desempeñó un papel decisivo en el establecimiento del consulado británico en Jerusalén en 1839. Las actividades públicas de Shaftesbury, James Finn y sus compañeros “restauracionistas”, que precedieron en casi medio siglo a la fundación del movimiento sionista político europeo por Theodor Herzl, demuestran claramente que el “sionismo” empezó como un claro movimiento de cruzada protestante cristiano y no uno laico judío.

    Con todo, lo que llevó al crecimiento del sionismo protojudío laico fueron los estudios del Fondo de Exploración de Palestina (PEF, por sus siglas en inglés) y los mapas de Cuerpo Británico de Ingenieros Reales realizados en la década de 1870. La pacífica cruzada del PEF británico, fundado en 1865 por un grupo de eruditos de la Biblia, geógrafos bíblicos, altos cargos militares y de la inteligencia, y clérigos protestantes, entre los que destacaba el deán de la Abadía de Westminster, Arthur P. Stanley, estaba estrechamente coordinada por la clase dirigente político-militar británica y los servicios de inteligencia ansiosos de penetrar en la Palestina otomana, un país gobernado por el “hombre enfermo de Europa” musulmán (4).

    El PEF, que cuenta con oficinas en el centro de Londres, es hoy una organización activa que tiene una publicación académica, Palestine Exploration Quarterly. Por otra parte, el PEF da charlas públicas y financia proyectos de investigación en Cercano Oriente. Según su página web, “entre 1867 y 1870 el capitán Warren llevó a cabo exploraciones en Palestina que conforman la base de nuestro conocimiento de la topografía del Jerusalén antiguo y de la arqueología del Templo del Monte/Haram al-Sherif [sic]”. “Además de estas exploraciones en, bajo y alrededor del Templo del Monte/al-Haram al-Sherif, Warren analizó la Llanura de Philistia y llevó a cabo un muy importante reconocimiento de la parte central del [río] Jordán”. El capitán (después general Sir) Charles Warren, de los Ingenieros Reales y uno de los altos cargos clave del PEF ordenó trazar el mapa de la “topografía bíblica” de Jerusalén e investigar “el emplazamiento del templo”, y observó: “El cónsul [británico] del rey [James Finn] es la autoridad máxima, no de los nativos de la ciudad, sino de los extranjeros. No obstante, en su mayor parte estos extranjeros son los dueños legítimos y los nativos en su mayor parte son los usurpadores”. Al parecer Warren y Finn “cavaron literalmente” bajo los santuarios musulmanes de Jerusalén para trazar el mapa de las “dimensiones originales” del “Templo del Monte”. La arqueología bíblica, los mapas y los estudios de topografía y toponimia llevados a cabo por Warren y los Ingenieros Reales han seguido constituyendo los datos básicos de muchos arqueólogos, geógrafos y planificadores estratégicos oficiales israelíes actuales en su campaña por judaizar la Ciudad Vieja de Jerusalén.

    Cuando los colonos judíos blancos se trasladaron a Palestina su actitud respecto a la población originaria fue la típica actitud colonial respecto a pueblos “inferiores” y “no civilizados”, aunque las colonias sionistas siguieron siendo muy pequeñas hasta que los británicos ocuparon Palestina en 1917. Después de la ocupación el proceso se aceleró rápidamente bajo la protección de la potencia colonial. Durante este periodo los sionistas insistieron en que se denominara oficialmente a Palestina la “Tierra bíblica de Israel”. Las autoridades del Mandato Británico concedieron el uso del acrónimo hebreo para “Eretz Yisrael” (la “Tierra de Israel”) tras el nombre de Palestina en todos los documentos oficiales, moneda, sellos, etc.

    Durante este periodo (1918-1948) los colonos blancos asquenazíes no hicieron esfuerzo alguno por integrar sus luchas en las de los palestinos que luchaban contra el colonialismo británico. Por el contrario, los colonos actuaron desde la convicción de que la población originaria tendría que ser sometida o expulsada, con la ayuda de los británicos.

    Para la década de 1930 la Declaración Balfour se asociaba estrechamente en el pensamiento sionista oficial a la colonización práctica de Palestina y a la limpieza étnica de los palestinos originarios. Desde principios de la década de 1930 en adelante los “comités de traslado” (un eufemismo de “comités de limpieza étnica”) y altos cargos del Yishuv elaboraron una serie de planes específicos que implicaban en general a Trasnjordania, Siria e Iraq. En 1930, sobre el fondo de los disturbios de 1929 en Palestina, Weizmann, entonces presidente tanto de la Organización Sionista Mundial como de la Ejecutiva de la Agencia Judía, empezó a promover activamente en discusiones privadas con altos cargos y ministros británicos la idea del “traslado” de árabes. Planteó al secretario colonial, Lord Passfield, una propuesta oficial aunque secreta de traslado de campesinos palestinos a Transjordania, para lo cual se obtendría un préstamo de un millón de libras palestinas de fuentes financieras judías para la operación de reasentamiento. Lord Passfield rechazó la propuesta. Sin embargo, la justificación que Weizmann había utilizado para defender su propuesta fue la base de los posteriores argumentos sionistas de traslado de población. Weizmann afirmaba que no había nada de inmoral en la limpieza étnica de la tierra, que la expulsión de poblaciones ortodoxas griegas y musulmanas (“turcas”), “intercambios de población”, a principios de la década de 1920 eran un precedente de una medida similar en relación con los palestinos.

    Si la Declaración Balfour se convirtió en un elemento fundamental de la memoria colectiva, los mitos y la propaganda sionistas, la Declaración, conocida como “Wa’ad Balfour” o la “Promesa Balfour” en árabe, se convirtió en un elemento fundamental de la memoria colectiva palestina de resistencia. Durante toda la época del Mandato el aniversario de la Declaración (2 de noviembre) se conmemoró de manera generalizada por medio de protestas y huelgas nacionalistas. Los palestinos movilizaron el recuerdo del engaño y la traición británicos como una herramienta de resistencia pacífica a las políticas británica y sionista en Palestina.

    La colonización blanca de asentamiento de Palestina culminó con el establecimiento del Estado de Israel en 1948 y la Nakba palestina, la catástrofe de la limpieza étnica y la destrucción de gran parte de la Palestina histórica. La guerra psicológica y la presión militar sionistas expulsaron, en muchos casos a punta de pistola, a aproximadamente el 90% de los palestinos del territorio ocupado por los israelíes en 1948, a menudo bajo la atenta mirada de los británicos que continuaron a cargo del país hasta mediados de 1948. La guerra simplemente proporcionó la oportunidad y el contexto necesarios para purgar la tierra y crear un Estado judío en gran parte libre de árabes. Concentró las mentes judío-sionistas y proporcionó tanto la seguridad como las explicaciones y justificaciones militares y estratégicas para purgar el Estado y desposeer al pueblo palestino. Actualmente, aproximadamente dos terceras partes de los palestinos son refugiados, millones de ellos viven en campos de refugiados miserables en Oriente Próximo y otros millones están repartidos por todo el mundo.

    El sionismo militarista e Israel han utilizado la Biblia no solo como una herramienta para la limpieza étnica de Palestina y el “exilio” de millones de palestinos de su patria ancestral, sino también como una manera de borrar la historia palestina y de suprimir la memoria palestina. Actualmente la Nakba palestina está más o menos ausente de la memoria colectiva tanto británica como occidental.

    Por otra parte, los palestinos no solo continúan sometidos a la actual limpieza étnica y a las políticas de cruzada en Jerusalén en pleno siglo XXI, sino que durante las seis últimas décadas los israelíes y el lobby proisraelí han desafiado y silenciado los intentos por parte de los palestinos de constituir un relato coherente de su propio pasado. Todavía hoy la Catástrofe de 1948 se excluye del discurso oficial en Gran Bretaña mientras que Israel goza de un apoyo extraordinario en el gobierno británico y la mayoría de los diputados conservadores son miembros de “Amigos Conservadores de Israel”.

    La clase dirigente británica elige públicamente una “posición neutral” sobre Palestina que a menudo adopta la forma de silencio o de amnesia colectiva. Dada la responsabilidad histórica de Gran Bretaña en la catástrofe palestina, no puede existir esta neutralidad o indiferencia hacia la injusticia cometida en Palestina.

    Se ha creado el proyecto Balfour Project para conmemorar el centenario de la Declaración Balfour y el simbolismo de la alianza británico-sionista y el catastrófico impacto sobre los palestinos. Este proyecto busca: a) honestidad en el debate público y un reconocimiento de las desastrosas consecuencias de las acciones británicas en la época de la Declaración Balfour y a lo largo de todo el Mandato Británico en Palestina, y particularmente el engaño respecto a las verdaderas intenciones británicas; b) disculpas por la mala actuación británica; c) disculpas oficiales británicas a los palestinos por haber ignorado intencionadamente sus legítimas aspiraciones políticas; y d) integridad en el futuro cuando Gran Bretaña aborde la cuestión palestina.

    Prof Nur Masalha es Director de Programa del Máster en Religión, Política y Resolución de Conflictos. Formó parte de un equipo de postgrado del Arts and Humanities Research Council (AHRC) y fue miembro del AHRC Peer Review College. Ha sido director el Proyecto de Investigación de Tierra Santa desde 2001 y del Centro para la Religión y la Historia desde 2007. El profesor Masalha también edita Holy Land Studies: A Multidisciplinary Journal (publicado por Edinburgh University Press).Sus libros más recientes son: The Bible and Zionism: Invented Tradition, Archaeology and Post-Colonialism in Israel-Palestine (2007), La Biblia leída con los ojos de los Cananeos (Editorial Canaán, 2011) y The Palestine Makba: Decolonising History, Narrating the Subaltern, Reclaiming Memory (2012). Próximamente publicará The Politics of Reading the Bible in Israel (2013).

    Notas de la traductora:

    (1) Los judíos asquenazíes son los judíos oriundos de Europa central y del este.

    (2) Moshav es una comunidad rural judío de carácter cooperativo

    (3) La llamada rubia roja es una planta cuya raíz se utilizaba para fabricar tintes de color rojo destinados a la industria textil y a la farmacología.

    (4) La expresión “hombre enfermo de Europa” se ha aplicado a lo largo de la historia a diferentes países europeos en referencia a la debilidad o decadencia de una economía aparentemente normal.

    Fuente: http://www.middleeastmonitor.com/articles/guest-writers/7138-powerful-symbols-and-the-british-zionist-alliance-approaching-the-centenary-of-the-belfour-declaration

    Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos

  • (VIDEOS) 70 años de la partición de Palestina por la ONU: gran victoria (injusta) del sionismo

    (VIDEOS) 70 años de la partición de Palestina por la ONU: gran victoria (injusta) del sionismo

    Autor: Pedro Costa Morata (opinión)

    Publicado:

    29 de noviembre de 1947. Los israelíes celebran en las calles de Tel-Aviv la aprobación por la ONU de la partición de Palestina en dos territorios

    29 de noviembre de 1947. Los israelíes celebran en las calles de Tel-Aviv la aprobación por la ONU de la partición de Palestina en dos territorios, uno árabe y otro israelí.

    Fue la antesala de la creación del Estado de Israel por el movimiento sionista que venía trabajando por este objetivo desde más de medio siglo antes, y que desde entonces viene protagonizando algunas de las crisis más graves que ha vivido el mundo, aparte de una permanente, e impune, humillación de las poblaciones palestinas originarias. La decisión de la Asamblea General de la flamante Organización de las Naciones Unidas, del 29 de noviembre de 1947 (Resolución 181), dividió el territorio que el Reino Unido se autoatribuyó –y la entonces Sociedad de Naciones legalizó como Mandato al final de la I Guerra Mundial– rematando la prolongada e hiriente injusticia iniciada con la “Declaración Balfour”, del 2 de noviembre de 1917, por la que el Gobierno de Su Majestad prometía un “Hogar Judío” al movimiento sionista, activo y exigente desde el gobierno y las instituciones británicas.

    Se llegaba así al final de un proceso de rechazo y resistencia de la población árabe-palestina, iniciado cuando se hizo efectiva la ocupación británica del país tras la ocupación de los territorios del Imperio Turco vencido; y se hacía realidad el sostenido empeño británico en entregar el territorio a los sionistas para establecer el “Hogar Judío”. En la votación se produjeron 33 votos afirmativos (que incluían los de Estados Unidos y la Unión Soviética), 13 en contra (los estados árabes y musulmanes) y 10 abstenciones. Todos los estados árabes en bloque, que habían formado la Liga Árabe poco tiempo antes, rechazaron de plano esa resolución, que declararon “nula e inexistente”.

    «Los británicos facilitaban la emigración masiva: atribuían un territorio que no les pertenecía a un movimiento que tampoco tenía derecho alguno sobre aquellas tierras»

    En la larga serie de informes, misiones y conferencias que desde la misma Conferencia de Paz de París con que concluyó la Gran Guerra se produjeron a consecuencia del firme rechazo palestino –con enfrentamientos crecientemente duros entre, primero, palestinos y británicos y, luego, entre palestinos y la coalición de hecho judeo-británica– al asentamiento masivo de judíos en su territorio y, más todavía, a la constitución de un futuro Estado judío, siempre quedó claro, y registrado. Pero no era menos verdad que los británicos hacían cuanto podían para facilitar la emigración masiva, manteniendo la actitud ignominiosa que ya reflejaba la “Declaración Balfour”: la atribución de un territorio que no les pertenecía a un movimiento, que tampoco tenía derecho alguno sobre el territorio, más allá de la fuerza de una propaganda, de base fuertemente mítica, acerca de la “Tierra Prometida”, que anunciaba la drástica transformación demográfica con el fin de dominarlo sin compartirlo.

    La alarma de los palestinos estaba bien justificada: si la población judía era en 1917, en el momento de la “Declaración Balfour”, de unos 60.000 efectivos entre 640.000 árabes, tan pronto como 1922 ya eran 84.000 y en 1937 alcanzaba los 175.00; con el incremento que supuso la persecución nazi llegarían a 430.000 en 1939. De un escaso 9 por 100 del total se pasaba en veinte años a un 30 por 100: todos los temores árabes se confirmaban, con el añadido de que las tierras adquiridas por los recién llegados eran las más fértiles y productivas.

    Con los terribles enfrentamientos de las dos comunidades entre ellas y de ambas con las fuerzas británicas (que ya hemos señalado que, estratégicamente, se alinearon descaradamente con la Haganah judía, pese al castigo que sufrían de la parte de los grupos armados terroristas judíos Irgún y Stern) se abrió paso entre las autoridades británicas la idea de la partición, lo que se enfrentó a la negativa de ambos grupos étnicos: los judíos querían un Estado judío sobre toda Palestina y los árabes querían la independencia prometida en un Estado interétnico con la mayoría árabe existente (aunque cada vez más desafiada), por lo que se mantuvieron opuestos con dureza, tanto al Estado judío como a la partición; la opción mayoritaria estaba clara, así como el espíritu de las promesas británicas y también de la Conferencia de Paz: un Estado único, aconfesional y en el seno de la Federación Árabe que el nacionalismo sirio-árabe del momento mantenía como objetivo surgido de la guerra.

    DAR CLICK SOBRE EL SIGUIENTE RESUMEN HISTÓRICO FOTOGRÁFICO DE LA NAKBA:

    Ante esta tesitura, la Comisión de las Naciones Unidas creada para resolver este problema, propuso la votación de dos alternativas, frente al rechazo árabe-palestino una vez más: un Estado federado con dos provincias, árabe y judía, o dos Estados independientes, si bien “económicamente unidos”. El voto final fue para la segunda alternativa, y de nuevo se humilló a los palestinos con una división sangrantemente desigual e injusta: al Estado judío se le asignaba el 56,47 por 100 del territorio, con 600.000 judíos ya instalados, y al Estado árabe el 42,88 por 100, con 1.200.000 árabes existentes de antiguo (el restante 0.65 por 100 se otorgaba a una Jerusalén internacionalizada). Cuando, tras la declaración unilateral de independencia, siguió la guerra que Israel ganó, la consiguiente operación de expulsión y limpieza (el “Plan D”) llevó al éxodo a 700.000 palestinos (la Nakba, ¡la catástrofe!), y el nuevo Estado alcanzó los 20.850 km2, quedando para los palestinos 5.400 km2

    «El Estado israelí se ensaña con los dos últimos reductos palestinos reconocidos: Cisjordania y la Franja de Gaza, inviables por la ocupación, las exacciones y la asfixia»

    Setenta años después la situación de los palestinos traicionados y maltratados no ha dejado de empeorar, hasta llegar a un punto carente de perspectivas viables y de relevancia internacional, que se sitúa muy cerca de los designios históricos sionistas, profundamente racistas. A ello han contribuido numerosas causas, casi todas relacionadas con el desamparo y la indiferencia ante este problema por parte de las potencias mundiales, no sólo las occidentales. Agotado el periodo de resistencia violenta, que buscaba sobre todo llamar la atención mundial; neutralizados los Estados árabes decisivos en este conflicto (Egipto, con el tratado de paz que siguió a Camp David, y Siria semiaislada y sin capacidad para afrontar el poder militar israelí); desaparecida la Unión Soviética (que tras la Guerra de los Seis Días había cambiado su actitud general hacia Israel, respaldando a los palestinos); habiéndose traducido los Acuerdos de Madrid (1991) y Oslo (1993) en nuevas concesiones palestinas, todas ellas burladas y malgastas por la intransigencia de Israel, siendo la más ingrata de todas el reconocimiento formal del Estado de Israel por la OLP, que a cambio recibió la investidura como Autoridad Palestina, una especie de autonomía controlada y maniatada… el Estado israelí se ensaña con los dos últimos reductos palestinos reconocidos, aunque no respetados: la llamada Cisjordania y la Franja de Gaza, desvinculados entre sí e inviables de hecho por la ocupación, las exacciones y la asfixia.

    La comunidad internacional consiente en la multiplicación de asentamientos judíos en ambos territorios, que sólo en Cisjordania (con Jerusalén Este) superan el centenar de colonias y el medio millón de nuevos llegados; estos inmigrantes suelen ser judíos de la diáspora y ultraortodoxos, convencidos de que su implantación obedece al mandato divino de la “Tierra Prometida”. Añadamos el ignominioso muro que cerca la Cisjordania, según el modelo del “apartheid” sudafricano, las cárceles repletas de prisioneros palestinos, incluidos varios centenares de mujeres y menores de edad, el implacable proceso de destrucción física de la tierra y la agricultura palestinas… para dudar mucho de que las Naciones Unidas pueden sentirse orgullosas de aquel paso que dieron en 1947, dando pie a un Estado militarista, racista, teocrático y fanático, un verdadero cáncer en el Próximo Oriente desde entonces.

    CONTEXTO HISTÓRICO AUDIOVIDUAL:
    Al Nakba Movie (1/2). Los orígenes de La Nakba. Subtítulos en español. / aljazeeratalk (YouTube)

    PARTE I

    PARTE II

    Fuente: https://www.cuartopoder.es/internacional

  • Los manifestantes palestinos reciben sentencias más duras que los asesinos israelíes

    Los manifestantes palestinos reciben sentencias más duras que los asesinos israelíes

    El sistema arbitrario de los tribunales de Israel tiene una tasa de condena de 99,7 %, sólo para los palestinos. Este es otro hecho difícil y frío que hace que el sistema de Israel en la Cisjordania ocupada sea racista, una realidad sistemática del apartheid, respaldada por Estados Unidos y la UE.

    Las fuerzas israelíes arrestan a un joven palestino el 23 de octubre de 2010 [Najeh Hashlamoun/Apaimages]

    Elor Azaria, un soldado israelí que asesinó a un palestino a sangre fría, vio reducida su condena por el jefe de Estado Mayor del ejército.

    Azaria se convirtió en un héroe para muchos en Israel después del episodio del año pasado en un puesto de control ilegal israelí en Hebrón, una ciudad en Cisjordania ocupada.

    Abd al-Fattah Yusri al-Sharif y Ramzi Aziz al-Qasrawi, ambos de 21 años, fueron asesinados a tiros por soldados israelíes en marzo del año pasado. El Gobierno israelí los acusó de apuñalar y herir moderadamente a un soldado en el barrio de Tel Rumeida de la Ciudad Vieja de

    Hebrón.Azaria fue capturado por una cámara cuando calmada y deliberadamente disparó a al-Sharif en la cabeza mientras el joven estaba en el suelo gravemente herido y completamente sometido.

    Los colonos miran mientras las fuerzas israelíes evacúan el cadáver de Abdel Fattah Al-Sharif, asesinado por el médico del ejército israelí Elor Azaria en Hebrón, Israel, el 24 de marzo de 2016.

    Durante el juicio, a Azaria se le ofreció apoyo de los más altos niveles políticos, con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, pidiendo que le perdonen por completo.

    En febrero de este año Azaria fue sentenciado a un irrisorio castigo de 18 meses de prisión.

    Si las vidas palestinas fueran consideradas de algún valor en Israel, Azaria habría pasado la vida en la prisión. En cambio le dieron una palmada en la espalda. Y ahora su condena se ha reducido por una orden militar a 14 meses.

    Después de esto, es probable que se reduzca otros seis meses por «buen comportamiento», por lo cual Azaria probablemente no pasará más de ocho meses en la cárcel. Poco ilustra la naturaleza apartheid de la «justicia» israelí mejor que esto.

    Por el contrario Ahmad Yasser Baraghithi, de 21 años, fue condenado en 2014 a ocho años de cárcel presuntamente por lanzar piedras a las fuerzas de ocupación israelíes en Jerusalén durante las protestas palestinas contra la ocupación israelí. Son ocho años, no los ocho meses que parece probable que pague el asesino Azaria.

    El hecho de que Azaria pase algún tiempo en la cárcel es sólo atribuible al valiente voluntario palestino que filmó el video donde se ve a Azaria asesinando calmadamente a al-Sharif. Se puede apreciar en la misma escena a los colonos israelíes del video gritando «el terrorista sigue vivo» y “el perro sigue vivo».

    Durante el juicio el tribunal oyó que lo que Azaria hizo fue una práctica habitual del ejército israelí, que asesina a palestinos en Cisjordania de forma rutinaria.

    «En los incidentes terroristas que presencié, vi con mis propios ojos que en todos los casos en que un terrorista atacaba, los soldados dispararon a discreción hasta que lo neutralizaban… y le [disparaban] una bala a la cabeza para asegurarse de que el terrorista no podía activar un cinturón con carga suicida o continuar el ataque. Estos soldados nunca acudieron a los tribunales», dijo a la corte un antiguo jefe civil de seguridad para los colonos judíos en Hebrón.

    Los palestinos que filmaron el video y lo entregaron al grupo israelí de derechos humanos B’Tselem han recibido amenazas de muerte por exponer el crimen.

    Muchos otros palestinos pasan mucho más tiempo en la cárcel que Azaria, a menudo por «crímenes» que no significan nada más que simplemente hablar contra la ocupación ilegal de Israel en Palestina.

    La poeta y fotógrafa palestina Dareen Tatour pasó más de un año y tres meses en la cárcel y en arresto domiciliario por el «crimen» de escribir un poema titulado «Resiste pueblo mío, resístelos «. El poema llamó a los palestinos a luchar contra la ocupación israelí, «Resistir al ataque del colonialista» y «No prestar atención a sus agentes entre nosotros». Israel tiene una larga historia de criminalizar tal expresión literaria de la lucha de liberación palestina.

    Lina Khattab es una joven palestina que en 2014 y 2015 pasó casi tanto tiempo en la cárcel como parece que Azaria pasará ahora. Su «crimen» fue bailar en una protesta contra la ocupación israelí, que fue calificada como una «manifestación ilegal». Casi cualquier manifestación que los palestinos organizan contra la ocupación en Cisjordania es considerada «ilegal» por Israel, mote que da un viso de legalidad a sus patrocinadores y aliados políticos en Occidente.

    Los «tribunales militares» de Israel son simulacros de juicio que no tienen credibilidad alguna cuando se trata de acusados ​​palestinos. Los jueces y fiscales por igual son todos soldados israelíes, entonces, ¿se supone que debemos comprar la propaganda israelí que afirma que esta corrección del sistema hará que las autoridades de ocupación nos tengan en cuenta? No.

    El sistema arbitrario de los tribunales de Israel tiene una tasa de condena de 99,7 %, sólo para los palestinos. Este es otro hecho difícil y frío que hace que el sistema de Israel en la Cisjordania ocupada sea racista, una realidad sistemática del apartheid, respaldada por Estados Unidos y la UE.

    Puedes seguir al autor en Twitter en @AsaWinstanley

    Fuente: Palestinian protesters receive harsher sentences than Israeli murderers

    Fuente: Asa Winstanley, Middle East Monitor / Rebelión (Traducido del inglés para Rebelión por J. M.)

  • Imágenes: Israel demuele por 119ª vez la aldea palestina Al-Araqib

    Imágenes: Israel demuele por 119ª vez la aldea palestina Al-Araqib

    2017 · 10 · 04 • Fuente: Alwaght

    El régimen de Israel ha vuelto a destruir, por 119ª vez, la aldea palestina de Al-Araqib en el sur de la Cisjordania ocupada.

    De acuerdo con las fuentes locales, las fuerzas israelíes atacaron el martes con excavadoras este pueblo en el desierto de Néguev, y destruyeron todos los edificios y casas.

    Las tropas israelíes desalojaron a 200 palestinos beduinos tras la demolición de su aldea en esta zona. Según los testigos, los residentes ahora viven en casas improvisadas.

    Esta aldea fue inicialmente demolida el 27 de julio de 2010, pero desde entonces ha sido reconstruida varias veces por sus residentes y activistas.

    Según un reciente informe de la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), las autoridades israelíes han demolido y tomado más de 1080 estructuras de propiedad palestina desde el comienzo del último año hasta el 28 de diciembre.

    Las demoliciones han dejado unos 1593 palestinos sin hogar y afectó la vida de otros 7101, según el informe publicado el 29 de diciembre de 2016.

    La Organización de las Naciones Unidas (ONU) también señaló que la “gran mayoría» de las estructuras palestinas son destruidas o incautadas porque las políticas israelíes hicieron virtualmente imposible para los palestinos obtener permisos de construcción.

    La aldea de Al-Araqeeb en el Negev fue demolida por 119 vez el 3 de octubre de 2017 [arab48.com]

    La aldea de Al-Araqeeb en el Negev fue demolida por 119 vez el 3 de octubre de 2017 [arab48.com]

    La aldea de Al-Araqeeb en el Negev fue demolida por 119 vez el 3 de octubre de 2017 [arab48.com]

    La aldea de Al-Araqeeb en el Negev fue demolida por 119 vez el 3 de octubre de 2017 [arab48.com]

    La aldea de Al-Araqeeb en el Negev fue demolida por 119 vez el 3 de octubre de 2017 [arab48.com]

    La aldea de Al-Araqeeb en el Negev fue demolida por 119 vez el 3 de octubre de 2017 [arab48.com]

    La aldea de Al-Araqeeb en el Negev fue demolida por 119 vez el 3 de octubre de 2017 [arab48.com]

    Fuente: Alwaght

  • Colonialismo Israelí: Al Otro Lado, la vida en Palestina dividida por un muro (Documental)

    Colonialismo Israelí: Al Otro Lado, la vida en Palestina dividida por un muro (Documental)

    DOCUMENTAL : Al Otro Lado. La vida en Palestina dividida por el muro israelí.
    Documental que presenta la difícil situación de los palestinos que tienen que vivir con un muro en medio de sus poblaciones, el que construyó Israel en la vía que une Jerusalem y Jericó. El muro complica sus traslados y comunicaciones en la vida cotidiana, situación que se agrava con los controles israelíes que no se sabe dónde estarán y cuánto les demorarán. José Antonio Martín Pallín, Magistrado del Tribunal Supremo de España, integrante de una misión de observadores dice que el muro no es un instrumento de defensa como dice Israel, sino de ocupación. El documental presenta también la abusiva demolición de casas palestinas, el testimonio de un ex soldado israelí ahora integrante del Comité israelí anti demolición de casas, y la difícil convivencia de palestinos con los colonos israelíes instalados en medio de las aldeas palestinas de Jerusalem.
    Ver documental dando link acá: