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  • La nakba palestina

    La nakba palestina

    16 de mayo de 2018

    Por Saeb Erekat

    Nuestra convicción es que Palestina vuelva a los mapas y nuestra causa es la libertad y la justicia

    Un palestino lanza piedras durante la protesta en la frontera entre Gaza e Israel, el 14 de mayo de 2018.
    Un palestino lanza piedras durante la protesta en la frontera entre Gaza e Israel, el 14 de mayo de 2018.SAID KHATIB AFP

    No hay palabras para describir lo que significa Nakba para los palestinos. Aunque su traducción literal es “catástrofe”, no se refiere a una sola catástrofe ni a una fecha concreta. Para nosotros, no hace 70 años que ocurrió la Nakba, sino que llevamos viviendo 70 años de NakbaNakba es la negación sistemática a cada palestino del derecho a vivir en su tierra y al pueblo palestino del derecho a su identidad nacional y política. Pero los intentos de expulsar a los palestinos han fracasado, por nuestro vínculo innato con la tierra y el heroísmo de nuestro orgulloso pueblo.

    La limpieza étnica de Palestina comenzó en 1948, pero sus semillas se habían plantado décadas antes. Aunque los primeros sionistas tenían discrepancias tácticas y sobre el aspecto y el funcionamiento del Estado, la necesidad de expulsar a los palestinos era parte intrínseca de su ideología. En 1979, un censor israelí prohibió a Isaac Rabin que publicara un texto en el que se citaba la respuesta de David Ben Gurion, Yigal Allon y él a la pregunta “¿Qué se debe hacer con la población?”: “Expulsarlos”.

    La catástrofe de 1948 no fue el fin de la Nakba, porque Israel siguió intentando borrar la identidad y los derechos de los palestinos. Nakba son los bombardeos israelíes de los campos de refugiados palestinos en Líbano durante los años sesenta y setenta, las matanzas de Qibya y Kufr Qassem y la ejecución de los que intentaban regresar a su pueblo. Nakba son los intentos de negar incluso la historia cuando se castiga a los ciudadanos palestinos de Israel por conmemorar este día.

    Nakba es el cruel sitio de Gaza, la lucha de los beduinos en Jerusalén Este, la Ciudad Vieja de Hebrón y aldeas desconocidas como Um al Hiran. Esos palestinos estaban allí antes del Estado de Israel y de la ocupación. Nakba son también los millones de refugiados palestinos en Líbano, Siria, Jordania, en Estados Unidos, Canadá y Australia, que no pueden volver a su patria, que han prosperado en otros países pero no pueden hacer lo mismo en su país: no pueden trabajar, estudiar, invertir, jugar, bailar, amar, rezar ni simplemente ser palestinos.

    «Nakba es la negación sistemática a cada palestino del derecho a vivir en su tierra y al pueblo palestino del derecho a su identidad nacional y política»

    Pero los palestinos no nos sometemos al dictado de nuestros opresores. Hemos sabido sobrevivir y convertirnos en una causa internacional por la libertad y la justicia equiparable a los movimientos de liberación del siglo XX, desde Sudáfrica hasta el sur de Asia, desde Irlanda hasta Latinoamérica. Estoy seguro de que los creadores de los primeros comités sionistas y los colonos británicos nunca pensaron que, 100 años después de la Declaración Balfour, la bandera de Palestina ondearía en Naciones Unidas y 138 países lo habrían reconocido como Estado. Nunca imaginaron que organizaciones civiles de todo el mundo abrazarían la causa palestina y la comunidad internacional apoyaría sus derechos a través de la ONU.

    Algunos esperaban que, con el cobarde asesinato en 1948 del conde Bernadotte, el mediador de Naciones Unidas que había denunciado la limpieza étnica en Palestina, la causa desaparecería. Sin embargo, sus informes hicieron que la Asamblea General de la ONU aprobase la Resolución 194, que garantizaba el derecho de retorno e indemnizaciones a los refugiados palestinos. Algunos pensaron que, con los atentados contra la OLP en Líbano, la causa desaparecería. Pero entonces vieron a miles de palestinos que salían heroicamente a las calles de su patria ocupada durante la primera intifada. Nakbaes el intento de eliminar Palestina y al pueblo palestino. Pero nuestra reacción ha sido defender nuestros derechos y nuestra identidad nacional y cultural. Hace tiempo que Israel debía haber reconocido la Nakba.

    «La historia moderna de Palestina ha demostrado que, a pesar de las diferencias de poder, nunca va a renunciar a sus derechos legítimos»

    En las últimas semanas, el mundo ha visto cómo los criminales israelíes abrían fuego contra las manifestaciones pacíficas en la Palestina ocupada, especialmente en Gaza. El Gobierno israelí celebra la Nakba disparando y aterrorizando a nuestra gente, demoliendo nuestros hogares y expropiando nuestras tierras. Pero estos 70 años han demostrado que Israel se equivoca: Palestina no ha desaparecido de nuestra conciencia colectiva.

    El Gobierno de Trump celebra la Nakba reconociendo Jerusalén como capital de Israel y trasladando allí su embajada precisamente en la víspera del 70º aniversario del comienzo de la Nakba. Pero Palestina, como ha dicho el patriarca católico Michel Sabbah, “no pertenece al señor Trump sino a su pueblo, y nosotros somos su pueblo, nosotros somos Jerusalén”. La historia moderna de Palestina ha demostrado que, a pesar de las diferencias de poder, nunca va a renunciar a sus derechos legítimos.

    Cuando cumplimos 70 años de Nakba, seguimos comprometidos con una paz justa y duradera. El presidente Abbas ha presentado la visión palestina para la paz, que incluye el pleno respeto a las leyes internacionales, los derechos de los refugiados y el reconocimiento del Estado de Palestina, de acuerdo con las resoluciones de la ONU. Invitamos a la comunidad internacional a asumir su responsabilidad y garantizar la responsabilidad y un proceso real que tenga un calendario claro y limitado y un objetivo inequívoco: la plena materialización de los derechos inalienables del pueblo palestino para cerrar el oscuro capítulo abierto por la Declaración Balfour y prolongado en la Nakba. Nuestro propósito sigue siendo que se aplique la solución de dos Estados con las fronteras de 1967 y Jerusalén Este como capital de Palestina, vivir en paz y seguridad junto al Estado de Israel y hallar una solución duradera a todos los problemas relacionados con el estatus permanente, incluidos los refugiados y los prisioneros.

    «Nuestro propósito sigue siendo que se aplique la solución de dos Estados con las fronteras de 1967 y Jerusalén Este como capital de Palestina, vivir en paz y seguridad junto al Estado de Israel»

    La Nakba debe servir de recordatorio para la comunidad internacional: no tiene sentido afirmar que debe haber dos Estados cuando algunos países solo reconocen uno de ellos. No tiene sentido declarar que los asentamientos israelíes son ilegales cuando esos países siguen comprando sus productos y permiten que sus empresas se beneficien de la ocupación, incluso explotando nuestros recursos naturales o construyendo infraestructuras para la expansión del colonialismo israelí. Eso estimula la ocupación y alienta a Israel a negar sistemáticamente nuestros derechos inalienables.

    En las bellas palabras del mártir Ghassan Kanafani, “en este mundo se puede arrebatar todo menos una cosa: el amor que siente un ser humano hacia el compromiso sólido con una convicción o una causa”. Nuestra convicción es que Palestina vuelva a los mapas y nuestra causa es la libertad y la justicia. Cuando llevamos 70 años de exilio desde el comienzo de la Nakba y más de 50 años de ocupación, podemos decir que el camino a la libertad es difícil pero no imposible. Como dijo el difunto Mahmud Darwish: “Los autores de la Nakba no han logrado quebrantar la voluntad del pueblo palestino ni erradicar su identidad nacional a base de diásporas y masacres, de fingir que el espejismo era una realidad, de elaborar una historia falsificada (…). No han logrado empujarnos a irnos ni arrojarnos a un estado de demencia y amnesia”.

    Saeb Erekat es el Secretario General de la Organización para la Liberación de Palestina y su Jefe Negociador.

    Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.

    Fuente: https://elpais.com/elpais/2018/05/16/opinion/1526486514_785454.html?id_externo_rsoc=TW_CC

  • El nieto de Nelson Mandela, de visita en Israel: ‘Es el peor régimen del apartheid’

    El nieto de Nelson Mandela, de visita en Israel: ‘Es el peor régimen del apartheid’

     

    Mandla Mandela, nieto del fallecido presidente surafricano y líder de la lucha contra la segregación racial, asegura que los asentamientos en Cisjordania le «recordaron lo que hemos sufrido en Suráfrica». Sólo se reunirá con autoridades palestinas

    Mandla Mandela, nieto del fallecido Nelson Mandela. / REUTERS

    Mandla Mandela, nieto del fallecido Nelson Mandela, líder de la lucha contra la segregación racial y presidente de Suráfrica, ha declarado durante una visita a Israel que «es el peor régimen del apartheid», cuyos asentamientos en Cisjordania le «recordaron lo que hemos sufrido en Suráfrica».

    Mandela, favorable a la campaña Boicot, Desinversiones y Sanciones contra Israel (BDS), no se reunirá con autoridades israelíes durante su viaje, aunque sí lo hará con representantes palestinos, informa The Jerusalem Post.

    El ministro israelí de Exteriores ha afirmado de que su Gobierno no tiene constancia de la visita de Mandla Mandela, quien durante un encuentro el pasado lunes con el primer ministro palestino, Rami Hamdallah, aseguró que «nosotros también estábamos rodeados de asentamientos y no se nos permitía movernos libremente de un lugar a otro».

    Por ello, insistió, «los palestinos están siendo sometidos a la peor versión del apartheid», por lo que instó al Gobierno de Suráfrica a cortar las relaciones con Israel, así como a apoyar el BDS.

    Fuente: Púbico – España

  • (Opinión) Resolución 181: el número de vergüenza que ocupó Palestina

    (Opinión) Resolución 181: el número de vergüenza que ocupó Palestina

    El 29 de noviembre de 1947, la ONU aprobó una de las resoluciones más ominosas que se tenga memoria de este ente internacional: la antipalestina Resolución 181.

    El 29 de noviembre del año 1947, la naciente Asamblea General de las Naciones Unidas, reunida en Nueva York, con 33 votos a favor, 13 en contra y 10 abstenciones, aprobó la Resolución N° 181.

    Una resolución cuyos 70 años se conmemoran en el marco de una fuerte ofensiva sionista por impedir la autodeterminación del pueblo palestino. Una conmemoración que nos obliga a recordar, que unos meses antes de esta fecha infausta, el Reino Unido, aliada del sionismo y pronta a terminar su mandato en Palestina sometió a consideración de la Asamblea General de las Naciones Unidas la llamada “cuestión Palestina” – constatando con ello que ese territorio pertenecía a un pueblo que tenía ese nombre – Dicha acción tuvo su inicio en el primer período extraordinario de sesiones de la Asamblea General, celebrada en el mes de abril del año 1947.

    Victimismo y compensación inclinan la balanza

    Para tal fin, se constituyó una Comisión Especial para Palestina (UNSCOP) conformada por 11 miembros: Canadá, Checoeslovaquia, Guatemala, Holanda, Perú, Suecia y Uruguay, que  recomendaron la creación de dos Estados separados, uno árabe y uno judío, con Jerusalén bajo administración internacional. Australia se abstuvo y la India, Irán y Yugoeslavia aprobaron la creación de un único Estado que incluyera ambos pueblos. Sin duda, en aquel tiempo, primaba un clima político  internacional occidental donde el sentimiento de culpa ante la pasividad que se tuvo ante el nacionalsocialismo y los crímenes contra los judíos, inclinó la balanza hacia la división en dos Estados con un estatuto internacional especial para la ciudad de Al-Quds (Jerusalén).

    La decisión de esta Comisión, mostró el peso del lobby sionista,  que ya había comenzaba a operar en Estados Unidos, El Reino Unido y Francia, principalmente. Como también pudo comprobar la influencia,  que el crónico victimismo sionista tendría a partir de esa fecha, operando con una política de chantaje basado en “su sufrimiento”, particular y excluyente, como si otros pueblos no tuvieran el mismo derecho a exigir un trato especial. Los aliados del sionismo se entregaron por entero  a la tarea de hacer realidad la infausta Declaración Balfour, para dotar así de un hogar a colonos judíos, a costa de los derechos de la población palestina en los territorios, que el mito teológico tenía destinado al autodenominado “pueblo elegido”.

    La determinación de la dirigencia sionista – concepto que uso y aconsejo usar ampliamente y que tanto molesta a los defensores de esta ideología criminal – fue el de avanzar en el pisoteo de los derechos del pueblo palestino, que tenía como marco el “compensar” al sionismo por la suerte corrida por millones de judíos a manos del régimen nacionalsocialista en la Segunda Guerra Mundial. Idea que no tiene en cuenta el enorme sufrimiento de otros millones de seres humanos: soviéticos, gitanos, enfermos mentales, prisioneros aliados, como también alemanes opositores a Hitler. Se comenzaba a tejer así lo que los propios judíos más críticos del sionismo denominan el síndrome del “dispara y llora” que tantos réditos económicos, militares y territoriales le ha concedido al régimen israelí desde su instauración el año 1948.

    Para el analista Jonathan Cook, este extraño discurso “sólo se puede descifrar si comprendemos los dos temas, aparentemente contradictorios, que han acabado dominando el paisaje emocional de Israel. El primero es la creencia visceral de que Israel existe para realizar el poder judío; y el segundo es el sentimiento igualmente fuerte de que Israel encarna la experiencia colectiva del pueblo judío como víctima eterna de la historia. A los propios israelíes no les pasa completamente desapercibido este paradójico estado mental, y a veces se refieren a él como “el síndrome de dispara y llora”.

    En su segundo período ordinario de sesiones, la Asamblea General y tras dos meses de deliberaciones aprobó la resolución 181 (II) con 29 de noviembre de 1947, en ella se aprobó con muy escasas modificaciones el plan de Partición con la Unión Económica propuesto por la mayoría de los miembros de la Comisión Especial para Palestina. En este Plan de Partición, adjunto a la Resolución N° 181 se establecía:

    1. El término del mandato británico sobre Palestina.
    2. La retirada gradual de las fuerzas militares británicas en la zona.
    3. El establecimiento de límites fronterizos entre los futuros Estados y con Al-Quds como zona especial.

    En lo específico la Resolución N° 181 consignaba la creación de un Estado Palestino y un Estado Judío, teniendo como fecha probable de dicha instalación el 1 de octubre del año 1948. La idea era dividir a Palestina en ocho partes: tres para el hipotético Estado Palestino y tres para el judío. La séptima parte establecía la creación de un enclave palestino – la ciudad de Jaffa – en el territorio judío asignado por la ONU. Y, la octava parte – Al-Quds – estaría administrada por un Consejo de Administración Fiduciaria de las Naciones Unidas. De los 13 votos en contra de una ONU conformada en ese entonces por 53 naciones, los diez estados árabes, unánimemente, votaron en contra.

    Esta oprobiosa solución jurídica internacional  suponía la resolución de un conflicto, que había llegado a un punto de difícil solución vista la presencia y llegada incesante de colonos sionistas a territorio palestino, que contaban con la complicidad y el apoyo político, económico y militar  de Estados Unidos y El Reino Unido. La expiación occidental,  no sólo iba por la dirección de buscar soluciones a las pretensiones sionistas a costa del pueblo palestino, sino que representaba una decisión vergonzosa y criminal de expolio a un pueblo,  para  apoyar la idea de la instalación de un “hogar nacional judío” bajo criterios absurdos  y claramente desequilibrados.

    Efectivamente la partición propugnada por la ONU entregaba a manos judías el 54% del territorio más rico de Palestina en recursos naturales y acuíferos, contando  sólo con el 33% de la población  – 600 mil colonos llegados de Europa en las operaciones de  la Aliá implementadas por el sionismo – dejando el 46% restante a 1.300.000 palestinos que constituían el 67% de la población y que poseían, hasta ese momento, el 94,2 % de las tierras. Más de 400 aldeas palestinas quedaban dentro de los límites que se quería otorgar al sionismo, las mejores tierras cultivables y que el día de hoy constituyen la Palestina histórica.

    Una asimetría, una injusticia y un proceder que marcaría de allí en adelante la instalación de uno de los regímenes segregacionistas más criminales de la historia. Una entidad, que  a contrapelo de sus propios sufrimientos comenzaría a implementar un sistema de apartheid y una forma de colonialismo brutal, racista, basado en el crimen y en el despojo que lo ha hecho un símil del nacionalsocialismo, cuya víctima principal ha sido el pueblo palestino. Cruel paradoja de la historia el terminar convertido en un clon de sus victimarios un nacionalsionismo.

    El mencionado cuerpo legal de la ONU  generó el marco jurídico internacional aprovechado por un régimen reaccionario, colonialista, y racista. Un sionismo que había dado muestras más que suficientes de su conducta criminal con relación al pueblo palestino, mediante su política explicitada públicamente de “judaizar y desarabizar” Palestina. El sionista de origen polaco David ben Gurion señalaba el año 1937 “Debemos expulsar a los palestinos y tomar sus lugares” y el año 1948 previo a la instalación de la entidad sionista sostenía “Debemos utilizar el terror, el asesinato, la intimidación, la confiscación y el corte de todos los servicios sociales para deshacernos de la población palestina”.

    Por su parte, para el fundador de la extremista Legión Judía durante la Primera Guerra Mundial, el ruso Zeev Jabotinsky afirmaba “No hay alternativa, los palestinos deben ceder la tierra para los judíos. Ningún autóctono abandona su tierra por voluntad propia, por lo tanto debemos utilizar la fuerza, expulsar a los palestinos”. Para el Alemán Shlomo Lahat, miembro del movimiento terrorista judío Hagan  y quien llegó a ser general de Israel “Nosotros debemos matar a los palestinos, a menos que ellos acepten vivir como esclavos” A confesión de parte relevo de pruebas.

    Una resolución con bases falsas

    La Resolución N° 181 pretendía dar, supuestamente,  término al conflicto suscitado por la política de colonización, que bajo el marco protector de la corona británica y la infausta Declaración Balfour de noviembre del año 1917 había comenzado a desarrollarse en Palestina y que a partir del derrumbe del imperio otomano había quedado bajo el denominado mandato británico, concretando los Acuerdos Syket-Picot.

    La disposición legal de la ONU, que a todas luces pasaba por alto los derechos del pueblo palestino, otorgaba tierras a colonos judíos europeo y concedía un marco legal espurio a la primera fragmentación de Palestina,  que tras el término del mandato británico en la zona – en mayo del año 1948  –  declararía una independencia artificial. Y menciono este concepto de espurio, de adulteración pues ¿de qué podría independizarse el sionismo si ocupaba una tierra que no le pertenecía? Una tierra habitada por millones de seres humanos, que constataron con asombro la complicidad criminal entre colonos, la ONU y países occidentales, que avalaron este acto criminal con consecuencias que afectan al pueblo palestino y al región de Oriente Medio hasta el día de hoy.

    Los palestinos en particular y los pueblos árabes en general, en forma unánime rechazaron la Resolución N° 181, con justa razón, frente al atropello y  robo señalando la necesidad de cambiar dicha decisión, so pena de generar una situación de tensión y posible conflicto en la zona. El argumento era claro y concreto: la resolución N° 181 infringía “las disposiciones de la Carta de las Naciones Unidas, en cuya virtud se reconocía el derecho de los pueblos a decidir sobre su propio destino. A este respecto, dijeron que la Asamblea había hecho suyo el Plan en circunstancias indignas de las Naciones Unidas y que los árabes de Palestina se opondrían a cualquier plan de división, segregación o partición de su país o en el que se concediesen derechos y estatutos especiales y preferenciales a una minoría”.

    Los sionistas aceptaron la Resolución 181 –con ciertos reparos en función de sostener que “merecían mucho más de lo que se les otorgaba” –. El día 14 de mayo, un día antes del término del Mandato británico en Palestina, Londres retiró sus tropas de Palestina permitiendo que el ente sionista proclamara la creación de un Estado tan artificial como criminal en el territorio concedido en el plan de partición de noviembre del año 1947. Dicha declaración desató, lógicamente, las hostilidades de los Estados árabes que se oponían a la instalación de una entidad Sionista en el seno del mundo árabe.

    La Guerra de 1948, sustentada en la superioridad militar israelí, dotada de armas modernas, aviación, artillería y blindados cedidos por las potencias occidentales, con un ejército bien entrenado por el Ejército británico durante el Mandato de Palestina,  en función del trabajo político y militar con sus organizaciones extremistas como la Haganá, Irgún y Lehi;  derrotaron a las mal armadas y aún inexpertas fuerzas árabes. Recordemos que más de 30 mil judíos asentados en Palestina sirvieron en las fuerzas armadas británicas durante la Segunda Guerra Mundial.

    Ya el año 1941, mientras cientos de miles de judíos eran masacrados sin resistencia en Europa,  las fuerzas británicas junto a miembros de los grupos extremistas judíos en Palestina fundaron  la denominada Plugot Májatz -. Compañías de ataque, dedicada al entrenamiento intensivo de comandos con formación también en liderazgo político y militar y que serviría de sustento, para la conformación del ejército sionista que enfrentó a los pueblos árabes el año 1948. Ninguno de esos efectivos participó en actividad bélica alguna que permitiera detener la matanza de sus hermanos a manos del nacionalsocialismo y que eran llevados al matadero como corderos al sacrificio. Simplemente, las fuerzas extremistas sionistas en Oriente Medio se entrenaron para masacrar al pueblo palestino. Parte de esta comedia del “Dispara y llora”.

    Efectivamente, tras la declaración del nacimiento de la entidad sionista en mayo del año 1948, mediante el expolio y la masacre de la población palestina, el sionismo logró apoderarse del 80% del territorio y expulsar a 800 mil palestinos en lo que se denomina la Nakba –la catástrofe– Los festejos sionistas se trasladaron a los pasillos de Washington, París y Londres, que consolidaban así una punta de lanza para su proyectos imperialistas. Ya contaban con una herramienta política y militar que ha sido su aliado fundamental hasta el día de hoy en los afanes hegemónicos de la Guerra Fría, como del mundo surgido del derrumbe del campo socialista. Y, para esos fines, la Resolución N° 181 de noviembre del año 1947 sirvió como base jurídica para la vergüenza y la infamia. La ONU debe una reparación histórica y reconocer  que la Resolución N° 181 representa un hecho vergonzoso e infame en la historia de esta organización internacional, ya que  la limpieza étnica de Palestina se catalizó tras adoptarse el ominoso plan de partición.

     

    Pablo Jofré Leal
    Periodista y escritor chileno. Analista internacional, Master en Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid. Especialista en temas principalmente de Latinoamérica, Oriente Medio y el Magreb. Es colaborador de varias cadenas de noticias internacionales. Creador de página WEB de análisis internacional ANÁLISIS GLOCAL www.analisisglocal.cl

    Fuente: http://www.hispantv.com/noticias/opinion/360912/estado-israel-ocupacion-sionismo-balfour

  • Programa especial (video): 70 años de la partición de Palestina

    Programa especial (video): 70 años de la partición de Palestina

    https://www.youtube.com/watch?v=DD7K13VPe-w&index=1&list=PL0ki3V4LxmT4YodZ5JDCAaH1vItlyij7Z

    El 29 de noviembre se cumplen 70 años de la fatídica resolución 181 de la ONU que suponía la creación de dos Estados en territorio palestino: uno judío y otro ‘árabe’, ninguneando la identidad palestina.

    Luego de la Segunda Guerra Mundial, el sionismo europeo aupado en la persecución de la que fueron víctimas, lograron la creación de un régimen israelí en un territorio que nada tenía que ver con ellos originariamente. Para esto desplazaron a sus habitantes nativos. Los palestinos se convirtieron en parias en su propia tierra.

    La llamada partición de Palestina quedó a medias. Jamás se constituyó el Estado palestino, por el contrario los asentamientos israelíes avanzan y los territorios palestinos cada vez son más pequeños. Incluso son considerados ilegales por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), a lo que hacen oídos sordos las autoridades israelíes.

    Sin embargo, la ONU a pesar de declararse en contra, no toma medidas efectivas para frenar la ocupación israelí. Todo esto sin hablar de los horrores de los que son víctimas; bloqueo, matanzas, discriminación y cárcel, los palestinos que han sido obligados a entregar sus tierras al régimen de Tel Aviv.

    Fuente: http://www.hispantv.com/showepisode/episode/continentes—70-anos-de-la-particion-de-palestina/44717

  • (VIDEOS) 70 años de la partición de Palestina por la ONU: gran victoria (injusta) del sionismo

    (VIDEOS) 70 años de la partición de Palestina por la ONU: gran victoria (injusta) del sionismo

    Autor: Pedro Costa Morata (opinión)

    Publicado:

    29 de noviembre de 1947. Los israelíes celebran en las calles de Tel-Aviv la aprobación por la ONU de la partición de Palestina en dos territorios

    29 de noviembre de 1947. Los israelíes celebran en las calles de Tel-Aviv la aprobación por la ONU de la partición de Palestina en dos territorios, uno árabe y otro israelí.

    Fue la antesala de la creación del Estado de Israel por el movimiento sionista que venía trabajando por este objetivo desde más de medio siglo antes, y que desde entonces viene protagonizando algunas de las crisis más graves que ha vivido el mundo, aparte de una permanente, e impune, humillación de las poblaciones palestinas originarias. La decisión de la Asamblea General de la flamante Organización de las Naciones Unidas, del 29 de noviembre de 1947 (Resolución 181), dividió el territorio que el Reino Unido se autoatribuyó –y la entonces Sociedad de Naciones legalizó como Mandato al final de la I Guerra Mundial– rematando la prolongada e hiriente injusticia iniciada con la “Declaración Balfour”, del 2 de noviembre de 1917, por la que el Gobierno de Su Majestad prometía un “Hogar Judío” al movimiento sionista, activo y exigente desde el gobierno y las instituciones británicas.

    Se llegaba así al final de un proceso de rechazo y resistencia de la población árabe-palestina, iniciado cuando se hizo efectiva la ocupación británica del país tras la ocupación de los territorios del Imperio Turco vencido; y se hacía realidad el sostenido empeño británico en entregar el territorio a los sionistas para establecer el “Hogar Judío”. En la votación se produjeron 33 votos afirmativos (que incluían los de Estados Unidos y la Unión Soviética), 13 en contra (los estados árabes y musulmanes) y 10 abstenciones. Todos los estados árabes en bloque, que habían formado la Liga Árabe poco tiempo antes, rechazaron de plano esa resolución, que declararon “nula e inexistente”.

    «Los británicos facilitaban la emigración masiva: atribuían un territorio que no les pertenecía a un movimiento que tampoco tenía derecho alguno sobre aquellas tierras»

    En la larga serie de informes, misiones y conferencias que desde la misma Conferencia de Paz de París con que concluyó la Gran Guerra se produjeron a consecuencia del firme rechazo palestino –con enfrentamientos crecientemente duros entre, primero, palestinos y británicos y, luego, entre palestinos y la coalición de hecho judeo-británica– al asentamiento masivo de judíos en su territorio y, más todavía, a la constitución de un futuro Estado judío, siempre quedó claro, y registrado. Pero no era menos verdad que los británicos hacían cuanto podían para facilitar la emigración masiva, manteniendo la actitud ignominiosa que ya reflejaba la “Declaración Balfour”: la atribución de un territorio que no les pertenecía a un movimiento, que tampoco tenía derecho alguno sobre el territorio, más allá de la fuerza de una propaganda, de base fuertemente mítica, acerca de la “Tierra Prometida”, que anunciaba la drástica transformación demográfica con el fin de dominarlo sin compartirlo.

    La alarma de los palestinos estaba bien justificada: si la población judía era en 1917, en el momento de la “Declaración Balfour”, de unos 60.000 efectivos entre 640.000 árabes, tan pronto como 1922 ya eran 84.000 y en 1937 alcanzaba los 175.00; con el incremento que supuso la persecución nazi llegarían a 430.000 en 1939. De un escaso 9 por 100 del total se pasaba en veinte años a un 30 por 100: todos los temores árabes se confirmaban, con el añadido de que las tierras adquiridas por los recién llegados eran las más fértiles y productivas.

    Con los terribles enfrentamientos de las dos comunidades entre ellas y de ambas con las fuerzas británicas (que ya hemos señalado que, estratégicamente, se alinearon descaradamente con la Haganah judía, pese al castigo que sufrían de la parte de los grupos armados terroristas judíos Irgún y Stern) se abrió paso entre las autoridades británicas la idea de la partición, lo que se enfrentó a la negativa de ambos grupos étnicos: los judíos querían un Estado judío sobre toda Palestina y los árabes querían la independencia prometida en un Estado interétnico con la mayoría árabe existente (aunque cada vez más desafiada), por lo que se mantuvieron opuestos con dureza, tanto al Estado judío como a la partición; la opción mayoritaria estaba clara, así como el espíritu de las promesas británicas y también de la Conferencia de Paz: un Estado único, aconfesional y en el seno de la Federación Árabe que el nacionalismo sirio-árabe del momento mantenía como objetivo surgido de la guerra.

    DAR CLICK SOBRE EL SIGUIENTE RESUMEN HISTÓRICO FOTOGRÁFICO DE LA NAKBA:

    Ante esta tesitura, la Comisión de las Naciones Unidas creada para resolver este problema, propuso la votación de dos alternativas, frente al rechazo árabe-palestino una vez más: un Estado federado con dos provincias, árabe y judía, o dos Estados independientes, si bien “económicamente unidos”. El voto final fue para la segunda alternativa, y de nuevo se humilló a los palestinos con una división sangrantemente desigual e injusta: al Estado judío se le asignaba el 56,47 por 100 del territorio, con 600.000 judíos ya instalados, y al Estado árabe el 42,88 por 100, con 1.200.000 árabes existentes de antiguo (el restante 0.65 por 100 se otorgaba a una Jerusalén internacionalizada). Cuando, tras la declaración unilateral de independencia, siguió la guerra que Israel ganó, la consiguiente operación de expulsión y limpieza (el “Plan D”) llevó al éxodo a 700.000 palestinos (la Nakba, ¡la catástrofe!), y el nuevo Estado alcanzó los 20.850 km2, quedando para los palestinos 5.400 km2

    «El Estado israelí se ensaña con los dos últimos reductos palestinos reconocidos: Cisjordania y la Franja de Gaza, inviables por la ocupación, las exacciones y la asfixia»

    Setenta años después la situación de los palestinos traicionados y maltratados no ha dejado de empeorar, hasta llegar a un punto carente de perspectivas viables y de relevancia internacional, que se sitúa muy cerca de los designios históricos sionistas, profundamente racistas. A ello han contribuido numerosas causas, casi todas relacionadas con el desamparo y la indiferencia ante este problema por parte de las potencias mundiales, no sólo las occidentales. Agotado el periodo de resistencia violenta, que buscaba sobre todo llamar la atención mundial; neutralizados los Estados árabes decisivos en este conflicto (Egipto, con el tratado de paz que siguió a Camp David, y Siria semiaislada y sin capacidad para afrontar el poder militar israelí); desaparecida la Unión Soviética (que tras la Guerra de los Seis Días había cambiado su actitud general hacia Israel, respaldando a los palestinos); habiéndose traducido los Acuerdos de Madrid (1991) y Oslo (1993) en nuevas concesiones palestinas, todas ellas burladas y malgastas por la intransigencia de Israel, siendo la más ingrata de todas el reconocimiento formal del Estado de Israel por la OLP, que a cambio recibió la investidura como Autoridad Palestina, una especie de autonomía controlada y maniatada… el Estado israelí se ensaña con los dos últimos reductos palestinos reconocidos, aunque no respetados: la llamada Cisjordania y la Franja de Gaza, desvinculados entre sí e inviables de hecho por la ocupación, las exacciones y la asfixia.

    La comunidad internacional consiente en la multiplicación de asentamientos judíos en ambos territorios, que sólo en Cisjordania (con Jerusalén Este) superan el centenar de colonias y el medio millón de nuevos llegados; estos inmigrantes suelen ser judíos de la diáspora y ultraortodoxos, convencidos de que su implantación obedece al mandato divino de la “Tierra Prometida”. Añadamos el ignominioso muro que cerca la Cisjordania, según el modelo del “apartheid” sudafricano, las cárceles repletas de prisioneros palestinos, incluidos varios centenares de mujeres y menores de edad, el implacable proceso de destrucción física de la tierra y la agricultura palestinas… para dudar mucho de que las Naciones Unidas pueden sentirse orgullosas de aquel paso que dieron en 1947, dando pie a un Estado militarista, racista, teocrático y fanático, un verdadero cáncer en el Próximo Oriente desde entonces.

    CONTEXTO HISTÓRICO AUDIOVIDUAL:
    Al Nakba Movie (1/2). Los orígenes de La Nakba. Subtítulos en español. / aljazeeratalk (YouTube)

    PARTE I

    PARTE II

    Fuente: https://www.cuartopoder.es/internacional