Etiqueta: SIONISMO

  • Israel confía tanto en su capacidad para expulsar a las comunidades palestinas que ya no se molesta en crear la ilusión de un proceso legal

    Israel confía tanto en su capacidad para expulsar a las comunidades palestinas que ya no se molesta en crear la ilusión de un proceso legal

    • En el norte del Valle del Jordán, el 9 de noviembre de 2017, el Estado notificó a dos comunidades, Umm a-Jamal y Ein al-Hilweh, que deben abandonar sus hogares dentro de los ocho días. Estas comunidades suman un total de 20 familias, cinco de las cuales viven en el área de manera estacional. El número total de residentes es 130, incluidos 66 jóvenes y niños menores de 18 años.
    • En la zona de Ma’ale Adumim, el 16 de noviembre de 2017, el estado informó a los residentes de Jabal al-Baba que deben abandonar sus hogares dentro de los ocho días. Esta comunidad cuenta con aproximadamente 60 familias y tiene un total de 284 residentes, incluidos 151 jóvenes y niños menores de 18 años.

    Israel ha actuado durante años para expulsar a las comunidades de Cisjordania. En el pasado, sus esfuerzos se basaban principalmente en órdenes militares relacionadas con la planificación y la construcción. Sin embargo, los procedimientos relativos a tales órdenes son prolongados y requieren el mapeo preciso de la tierra y los edificios, así como la emisión de órdenes de demolición separadas para cada edificio.

    Ahora el estado ha encontrado un nuevo mecanismo que espera le permita eludir tales procedimientos y acelerar la expulsión de los residentes: la Orden sobre Edificios No Autorizados (Disposición Temporal) (Judea y Samaria) (No. 1539), 5744-2003. » el orden fue originalmente destinado a la expulsión de colonos de «puestos de avanzada» establecidos alrededor de Cisjordania, aunque el estado muy raramente lo usó para este propósito. La orden permite al Comandante Militar declarar un área en Cisjordania como un «área confinada» y ordenar el desalojo de todas las propiedades en esa área. Sobre la base de esta orden, el comandante general del Comando Central de Congo, Roni Numa, firmó las nuevas órdenes relativas a las comunidades palestinas.

    Parece que Israel tiene tanta confianza en su capacidad para expulsar pueblos enteros sin incurrir en críticas judiciales o internacionales que ya no se molesta en crear siquiera la ilusión de procedimientos legales. Sin embargo, la diferencia entre los procedimientos es puramente técnica. Los procedimientos de planificación y construcción nunca detuvieron al estado; incluso si lograron posponer la expulsión, nunca eliminaron la amenaza de expulsión de miles de personas. Durante muchos años, miles de palestinos en docenas de comunidades han vivido bajo una amenaza constante y real.

    El Estado ha declarado recientemente su intención de expulsar a dos comunidades adicionales en los próximos meses: Susiya en el sur de Hebron Hills y Khan al-Ahmar cerca de Ma’ale Adumim. El ministro de Defensa, Avigdor Lieberman, anunció que ante la ausencia de oposición de la Administración estadounidense, estas comunidades serán expulsadas para abril de 2018. Los procedimientos de expulsión contra estas comunidades han continuado durante años ante la Corte Suprema, que se abstuvo de prohibir su expulsión.

    Independientemente de los procedimientos utilizados por el Estado en su intento de expulsar a los residentes palestinos de sus hogares, el crimen es el mismo: el traslado forzoso de una población protegida, lo que equivale a un crimen de guerra. Este es el caso si la violencia utilizada es directa o indirecta, física o administrativa. Ya sea que la expulsión se realice por la fuerza o creando una realidad intolerable que obligue a los residentes a abandonar sus hogares y su tierra, la esencia es la misma. Todos los involucrados en la comisión de este delito, incluido el Primer Ministro, el Ministro de Defensa, los jueces que aprueban la expulsión y el GOC que firma las órdenes, tienen responsabilidad personal.

    Fuente: http://www.btselem.org/press_releases/20171123_israel_no_longer_bothers_with_legal_proceedings

  • Israel detiene a un menor palestino en Jerusalén

    Israel detiene a un menor palestino en Jerusalén

    November 25, 2017

    Las fuerzas israelíes detienen de manera violenta a un adolescente palestino [Muammar Awad / Apaimages]

    Las fuerzas de ocupación israelíes arrestaron a un niño palestino durante las redadas llevadas a cabo en varias áreas de la ocupada Cisjordania y Jerusalén, ayer.

    Según fuentes palestinas, las fuerzas militares israelíes arrestaron a Hossam Zeitoun, de 13 años, tras asaltar la casa de su familia en la ciudad de Silwan.

    También allanaron y registraron varias casas palestinas, destruyendo propiedades. No se ha informado sobre arrestos.

    El coordinador de los Comités Populares Contra el Muro y Asentamientos en el sur de Cisjordania, Ratib al-Jabour, declaró que un grupo de colonos atacó a un grupo de agricultores palestinos de la familia Raba’i mientras araban sus tierras y cosechaban.

    Leer: La distorsión de Israel de la historia y la ley internacional

    El coordinador agregó que los colonos golpearon a los campesinos, hiriendo a Fadel Ahmed Jibril en el pie.

    Los palestinos a menudo son atacados por las fuerzas de ocupación israelíes y los colonos que les arrojan piedras. La cultura de la impunidad implica que ningún israelí es condenado por atacar a palestinos.

    Fuente: https://www.monitordeoriente.com

  • Rabino, Baruch Marzel, exhorta a ‘terminar’ con los palestinos heridos

    Rabino, Baruch Marzel, exhorta a ‘terminar’ con los palestinos heridos

    Un rabino judío instó a las fuerzas israelíes de ocupación a «terminar» con los heridos palestinos que llevan a cabo ataques de resistencia y a abstenerse de proporcionarles tratamiento médico o primeros auxilios, dejándolos morir desangrados.

    Rabino Baruch Marzel [Agencia de Noticias Suara Palestina / Facebook]

    Un rabino judío instó a las fuerzas israelíes de ocupación a «terminar» con los heridos palestinos que llevan a cabo ataques de resistencia y a abstenerse de proporcionarles tratamiento médico o primeros auxilios, dejándolos morir desangrados.

    El rabino de derecha, Baruch Marzel, quien vive en un asentamiento ilegal en Hebrón, afirma que «desde el caso de Elor Azariya, los terroristas no son asesinados y los soldados no terminan el trabajo y no se aseguran de que el terrorista haya muerto».

    Sin embargo, los hechos sobre el terreno indican que los israelíes han estado atacando continuamente a los palestinos desarmados. El incidente más reciente fue cuando un miembro de la Brigada Givati mató a un joven palestino, Mohammed Musa de 29 años, y lo dejó morir desangrado. Su hermana, Latifa Musa, de 33 años, resultó herida, lo que obligó a los líderes de la brigada en la ocupada Cisjordania a reprender al soldado y despedir a otro oficial.

    Elor Azaria le disparó a Abdul Fattah Al-Sharif mientras yacía inmóvil en el piso de la ocupada Hebrón el 24 de marzo de 2016. Después de apretar el gatillo, Azaria señaló: «merecía morir».

    Marzel también indicó al Canal 7 de Israel: «El terrorista es trasladado por el MDA [Magen David Adom, servicio médico de emergencia nacional de Israel] hacia nuestros hospitales y recibe tratamiento por cientos de miles de shekels junto con al judío herido. Ha llegado el momento de que el gobierno israelí deje de humillar a sus víctimas y al pueblo de Israel. Los terroristas no deben ser tratados. Un terrorista debe morir tan pronto como llegue a perjudicar a los judíos».

    Fuente: Rabbi calls for ‘finishing off’ wounded Palestinians

    Copyleft: Toda reproducción de este artículo debe contar con el enlace al original inglés y a la traducción de Palestinalibre.org

    Fuente: Middle East Monitor / Traducción: Palestinalibre.org

  • Boicot, desinversión y sanciones contra el Estado de Israel (BDS)

    Boicot, desinversión y sanciones contra el Estado de Israel (BDS)

    2017 · 11 · 14 • Fuente: Amedeo Rossi,

    El Mostrador

    Los palestinos no han desaparecido, ni van a desaparecer, y el BDS toma cada día más fuerza en la sociedad civil internacional, que se opone a las políticas de los gobiernos aliados de Israel. Las leyes internacionales y la justicia de la historia -tarde o temprano- le cobrarán factura a la propaganda israelí y a sus sostenedores.

    Señor Director:

    A propósito de la columna de opinión firmada por Gabriel Colodro y Hernán López, titulada “BDS en Chile: antisemitismo restringiendo la libertad académica”, conviene analizar y responder algunas de las ideas expresadas allí.

    1. (…) “Entidades ligadas al conglomerado pro-yihadista en Chile, como ‘BDS Uchile’”.

    El movimiento Boicot, Desinversión y Sanciones contra el Estado de Israel (BDS), es una forma de lucha no-violenta que repudia el racismo y cualquier forma de discriminación. Retoma la expresión del boicot que contribuyó a la caída del apartheid en Sudáfrica (régimen que Israel apoyó desde la década del 50, así como también, a muchas dictaduras latinoamericanas, incluyendo la chilena). Por esta razón el BDS es -exactamente lo contrario- a cualquier forma de yihadismo.

    2. “La primera carta en juego, es instaurar la idea de que Israel sustenta un régimen de ‘apartheid’, ya que los palestinos no gozan de los derechos que posee un ciudadano israelí”.

    Es cierto. Existen diferencias entre el apartheid sudafricano y el israelí. Por ejemplo, los ciudadanos palestinos con ciudadanía israelí pueden votar y elegir sus representantes en la Knesset. Un hecho positivo en el papel, que se vio ensombrecido en las últimas elecciones cuando Netanyahu invitó a todos los israelíes judíos a votar, porque los palestinos con ciudadanía israelí lo estaban haciendo de forma masiva, lo que representaba una amenaza para el Estado. ¿Qué democracia del mundo acepta algo así? Al parecer, sólo la del Estado de Israel.

    El racismo está fuertemente arraigado en la ideología sionista y en la historia del Estado de Israel. El proyecto de construir un Estado sólo para los judíos, excluye los derechos y hasta la existencia de otro pueblo, como bien lo explica el lema sionista “Un pueblo sin tierra para una tierra sin pueblo”.

    Entre 1947-48 más de 700.000 palestinos fueron expulsados de sus tierras y viviendas, a pesar de que la mayoría de dicha población habitaba en el territorio del futuro Estado de Israel. Dichas expulsiones empezaron incluso antes que explotara la guerra con los países árabes, momento fundacional del nuevo Estado. Esta fue una manera de garantizar una mayoría judía en un territorio donde se era minoría, y que además, estaba concentrada cerca de la costa.

    Los palestinos que se quedaron, vivieron en estado de sitio hasta 1966, les fueron expropiadas tierras, sufrieron represión y algunas masacres. La más famosa, la de Kafr Kashem (1956), cuando el ejército anticipó el toque de queda, sin advertirlo a los habitantes del lugar. Cuando volvieron de sus trabajos, los soldados fusilaron a 43 campesinos. De 1948 a 1967 continuaron las expulsiones de palestinos que se habían quedado en el territorio del Estado de Israel, a pesar de que su gobierno, se había comprometido a permitir que volvieran los refugiados de 1947-48.

    En la actualidad, existen cerca de 50 leyes que discriminan a los palestinos referidas al acceso a la vivienda, al trabajo, a la educación, entre otras. En general, a los palestinos se les niegan lo mismos derechos que a la población judía. Periodistas judíos israelíes han denunciado que en los últimos meses, Israel ha destruido los asentamiento de los beduinos en el Negev, a pesar de que se tratan de ciudadanos israelíes. Con eso se intenta su expulsión para deportarlos a “pueblos” construidos con las condiciones mínimas, lo que hace imposible que puedan seguir con su forma tradicional de vida.

    Desde la ocupación militar de los Altos de Golan (donde el ejército israelí expulsó al 80% de la población nativa en los primeros días de la ocupación), de Jerusalem Este, Cisjordania y Gaza, los habitantes palestinos se encuentran sujetos al poder militar y a los tribunales militares, mientras que los colonos judíos, que desde el fin de la guerra se instalaron ilegalmente (en base a las leyes internacionales) en los territorios ocupados, están sujetos a las leyes civiles israelíes.

    Recientemente el parlamento israelí aprobó una ley que legaliza a las colonias ilegales, obligando al propietario palestino a aceptar una indemnización por el robo de sus tierras.

    En los territorios palestinos ocupados, Israel construye colonias donde pueden vivir solo judíos, quitando la tierra a las comunidades palestinas por razones de “seguridad” para que se instalen sus ciudadanos (algo absolutamente prohibido por la Convención de Ginebra). La diferencia de trato entre palestinos y judíos es evidente en el caso de crímenes de alta connotación social (asesinato). Por ejemplo, las casas de los palestinos que cometen un crimen de esta envergadura son destruidas, mientras que eso no ocurre si el asesino es un judío. Es suficiente fijarse en los números de muertos israelíes judíos y de palestinos cada año, y especialmente, en las dos Intifadas, para darse cuenta de la diferencia de trato y de cuánto la ocupación israelí siembra el terror.

    Políticos y periodistas sudafricanos que visitaron los territorios palestinos ocupados durante la Segunda Intifada, dijeron que nunca el apartheid sudafricano había enviado el ejército, los tanques y aviones de guerra contra la población civil como estaba haciendo Israel.

    Es suficiente con mirar un mapa de Cisjordania para darse cuenta que Israel ha constituido un sistema de islas palestinas, rodeadas y aisladas uno del otro por colonias y asentamientos militares, al estilo de los bantustan de Sudáfrica.

    Los palestinos que viven desde siglos en Jerusalem Este (los de Jerusalem Oeste fueron expulsados por las tropas israelíes de sus casas en 1947-48, gracias también a la masacre de Deir Yassin) tienen el estatus no de ciudadanos (aunque la anexión de Jerusalem Este no está reconocida ni siquiera por Estados Unidos) sino de “residentes permanentes” bajo riesgo de expulsión. El gobierno israelí está estudiando una medida para excluir de los límites de la municipalidad a barrios palestinos e incluir a las colonias judías en Cisjordania, que de momento quedan fuera. Hasta el gobierno de Trump ha intervenido para bloquear una ley que anexaría estas colonias al territorio de Israel.

    Los mismos héroes de la lucha contra el apartheid de Sudáfrica, Nelson Mandela y Desmond Tutu, han denunciado el apartheid israelí. Mandela dijo que la libertad de Sudáfrica no sería completa hasta cuándo no lo fueran también los palestinos.

    En cuanto a la Autoridad Nacional Palestina de Ramallah, es un poder en buena medida virtual. El ejército israelí entra y sale de la zona A (en base a los acuerdos de Oslo, bajo total control palestino), detiene y mata a la población palestina cómo y cuándo quiere. Ni hablar de la zona B (bajo control de la seguridad por parte de Israel), y de la C, donde a los palestinos se les niega hasta el derecho de construir una vivienda.

    3. Israel permite a miles de ciudadanos palestinos (no israelíes), mediante la obtención de permisos de trabajo, cruzar la frontera a diario para trabajar en un país diferente al suyo.

    Es verdad, hay palestinos trabajando hasta en la construcción de las colonias y del muro de separación. Con una economía palestina sin ninguna posibilidad -no de desarrollo- sino, simplemente de subsistencia, debido a la ocupación militar israelí y al robo de sus tierras, no les queda otra. Israel no le hace ningún favor, ya que se trata de mano de obra barata, sin los sueldos, ni derechos de lo trabajadores israelíes.

    4. Dentro de los DD.HH., el derecho educativo comprende literalmente que se debe “favorecer la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones y entre todos los grupos raciales, étnicos o religiosos”.

    A modo de ejemplo, contra Sudáfrica se puso en marcha un boicot cultural, académico y hasta deportivo. El equipo de rugby sudafricano, uno de los mejores del mundo en ese momento, fue excluido de las competiciones internacionales.

    En cuanto al boicot académico, este se explica por la colaboración y complicidad de las universidades israelíes con las políticas de ocupación de su país. Además, Israel niega a los ciudadanos palestinos las mismas oportunidades de estudio de los judíos. Por ejemplo, en las municipalidades palestinas (el 20% de la población de Israel) hay solo 25 jardines infantiles, mientras que para la población judía, existen 16.000. No es complejo entender lo que eso significa para las posibilidades de trabajo y de estudio, sobre todo para las mujeres.

    En los territorios ocupados, escuelas y universidades han quedado cerradas por mucho tiempo en varias ocasiones. En algunas zonas los estudiantes palestinos son agredidos por los colonos, y en las guerras contra Gaza, Israel ha sistemáticamente destruido a las escuelas y universidades, atacando hasta las estructuras de la ONU, bajo pretexto, desmentido por organismos internacionales, que servían para fines militares.

    5. «No es casualidad que se haya legislado en contra de este movimiento segregador de base antisemita en múltiples países. Francia, Canadá, España, Estados Unidos, Suiza, entre otros, poseen legislaciones explícitas en su contra, la Unión Europea ha condenado el movimiento, e incluso, La Autoridad Palestina no lo adopta, ni alaba».

    El BDS no segrega en base a la origen, ni a la raza. En muchos países hay judíos que militan y apoyan al BDS, y son muchos los intelectuales judíos, algunos hasta con ciudadanía israelí, que hacen lo mismo. Es verdad que en algunos países, gracias a la presión diplomática y económica de Israel (que considera al BDS una amenaza mayor), existen leyes contra el BDS, pero también es cierto que en muchos casos, están a la espera de un juicio de inconstitucionalidad porque afectan la libertad de palabra y asociación. En cuanto a la Unión Europea, respondiendo a una pregunta de un grupo parlamentario, la ministra de Exteriores, Federica Mogherini, dijo que, aunque la política de la UE se opone al BDS, no existe ninguna intención de ilegalizar al movimiento.

    6. «El diálogo debe ser siempre prioridad, incluyendo el debate de ideas y las legítimas diferencias políticas merecedoras del máximo respeto, pero cuando la ideología se acaba y se terminan los argumentos, lo que mueve es el odio puro, este es el caso del movimiento BDS».

    Eso del diálogo es un estribillo que los pro-israelíes repiten un día sí y otro también. Hasta el momento, en Israel y en los territorios palestinos ocupados el “diálogo” y el “proceso de paz” ha llevado a la multiplicación de las colonias, al robo continuo de tierras, a la construcción del muro de defensa, que en realidad, se ha comido otra tierra y ha contribuido a hacer aún más difícil la vida a la población ocupada. En una situación donde una parte tiene un poder total y absoluto sobre la otra, desde el punto de vista político, militar, económico y diplomático, hablar de “diálogo” es un chiste.

    Israel quiere el “diálogo” solo para continuar con la ocupación y crear en el terreno hechos irreversibles. Durante los 3 años de la presidencia de Rabin, el hombre del “diálogo” y de los acuerdos de Oslo, los colonos han aumentado en un 50%. A pesar de eso, Rabin fue asesinado por un colono, y en la actualidad están gobernando los mismos políticos israelíes co-responsables de su muerte, que después de Oslo lo trataban de pro-nazi. En el gobierno israelí tienen un rol crucial los políticos más extremistas, colonos, fanáticos integralistas religiosos que no difieren en nada de los yihadistas, que tanto le preocupan al mundo occidental.

    Finalmente, ¿qué clase de diálogo puede haber con gente que mistifica a sabiendas las razones del adversario y que utiliza el argumento del antisemitismo y el recuerdo del exterminio nazi para justificar lo injustificable?

    Los autores del artículo se han aprendido de memoria la propaganda (“hasbara” en judío) que les han enseñado sus maestros israelíes. Lamentablemente para ellos, la verdad tiene huesos y piernas. Los palestinos no han desaparecido, ni van a desaparecer, y el BDS toma cada día más fuerza en la sociedad civil internacional, que se opone a las políticas de los gobiernos aliados de Israel. Las leyes internacionales y la justicia de la historia -tarde o temprano- le cobrarán factura a la propaganda israelí y a sus sostenedores.

    Amedeo Rossi
    Miembro del BDS-Torino, Italia
    ame_rossi54@yahoo.it

    Fuente: http://www.palestinalibre.org/articulo.php?a=66308

  • En el origen del conflicto palestino: Centenario de la Declaración Balfour

    En el origen del conflicto palestino: Centenario de la Declaración Balfour

    A menudo resulta difícil establecer la fecha en que se inicia un conflicto, determinar la fecha de su nacimiento. Sin embargo, el de Palestina nació el 2 de noviembre de 1917 con la “Declaración Balfour” cuando, según explica el escritor húngaro de origen judío y nacionalizado británico Arthur Koestler, “una nación (Reino Unido) ofreció solemnemente a otra (los judíos) el territorio de una tercera (los árabes de Palestina)”.

    Foto: abril de 1925 – Lord Balfour junto al alcalde de Tel Aviv, Meir Dizengoff, con motivo de la inauguración de la universidad hebraica. Librería del Congreso, American Colony. Foto Dept.

    El 2 de noviembre de 1917 el ministro de Relaciones Exteriores británico Arthur James Balfour dirigía una “carta de intención” al diputado conservador y banquero Lionel Walter Rotschild, amigo de Haïm Weizman, líder de la rama británica de la Organización Sionista Mundial (OSM) y futuro primer presidente de Israel, verdadero destinatario de la misiva. El 8 de noviembre la carta aparecerá en la prensa británica antes de entrar en la historia como la Declaración Balfour. ¿Qué decía aquella carta?:

    “El gobierno de Su Majestad ve favorablemente el establecimiento de un hogar nacional para el pueblo judío en Palestina y dedicará sus mayores esfuerzos para lograr este objetivo, quedando en claro que no se hará nada que pueda atentar contra los derechos civiles y religiosos de las colectividades no judías ni contra los derechos ni los estatutos políticos de los que gozan los judíos en cualquier otro país”.

    Se imponen, de entrada, algunas observaciones referentes a los términos usados. En efecto, la Declaración Balfour es digna de una antología de circunloquios. Así, la expresión “hogar nacional en Palestina” constituye un testimonio de la prudencia del gobierno británico – que luego el movimiento sionista adoptará como propia – en lo referente a un compromiso claro respecto a un Estado judío y su extensión. Volveremos sobre lo que se sobrentiende en la afirmación de que “no se hará nada que atente contra los derechos civiles y religiosos de las colectividades no judías”. Señalemos, sin embargo, que con el término “colectividades no judías” la carta se refería por medio del negativo a unos 700.000 árabes palestinos, musulmanes y cristianos, que entonces vivían en Palestina.

    Cuando los judíos rechazaban el sionismo

    En esa época incluso en el seno del gobierno inglés por los representantes del establishment judío británico, especialmente Lord Edwin Samuel Montagu (1879-1924), secretario de Estado en India, estaba en contra de los proyectos de Haïm Weizman y Lionel Walter Rotschild. Los judíos hostiles al sionismo basaban su postura en consideraciones “prácticas”: estrechez y pobreza del territorio, dificultades climáticas, “el problema árabe”, etc. Se oponían también a la “teoría sionista de una nacionalidad [judía] sin patria, que tendría como consecuencia transformar a los judíos en extranjeros en sus países natales [y que] pondría en peligro a los judíos en los países donde habían obtenido igualdad”. Teoría que, finalmente, “comprometería a los judíos palestinos – unos 60.000 entonces – en luchas mortales con sus vecinos de otras razas”.

    El Comité Conjunto, expresión de este establishment, consideraba que el sionismo “no constituía ninguna solución a la cuestión judía ahí donde se planteaba” y, aún más, temía que “la creación de un Estado judío en Palestina dañe inevitablemente la situación de los judíos de la diáspora y ponga en peligro los derechos que habían adquirido” (1). Por consiguiente, los medios judíos llamados “asimilados” temían que se cuestionara su estatuto. Así, Lord Montagu consideraba que “la existencia de un Estado judío en Palestina despertaría dudas acerca de la fidelidad de los judíos de la diáspora a sus países y crearían una presión que obligaría a los judíos a emigrar a Palestina contra su voluntad”.

    Además, estos temores se veían multiplicados, recuerda Arno J. Mayer (2), por las consecuencias de los pogromos en Rusia: “Temiendo que ese flujo de extranjeros (los Ostjuden, refugiados judíos de Europa del este) pudiera provocar un recrudecimiento de la judeofobia, la comunidad anglo-judía bien afincada apoyó unas leyes que limitarían la inmigración procedente de Europa oriental […] al tiempo que creaba organizaciones de caridad”. Es curioso constatar aquí que sus simpatías por el sionismo no le impidieron al propio Arthur James Balfour dictar en 1905 gracias a su condición de primer ministro medidas antiinmigratorias (la Aliens Act) destinadas a los judíos que abandonaban la Rusia zarista. En efecto, a principios de siglo unos 2,5 millones de judíos huyeron de la miseria y de los pogromos con destino, principalmente hacia EEUU, pero unos 150.000 se instalaron en Inglaterra, sobre todo en el barrio londinense del East End, lo que en 1902 y 1903 provocó oleadas de violencia antisemita.

    “Europa del oeste”, recuerdan Catherine Kaminski y Simón Kruk (3), “orientada al acceso de los judíos a la igualdad, al derecho de emancipación, a la esperanza de la asimilación en el resto de la población, conocía reacciones hostiles en la mayoría de los casos al sionismo”, percibido como un peligro frente a los derechos recientemente adquiridos. De este modo, Max Nordeau, cofundador del OSM, explicaba que “el principal enemigo con el que debía combatir el sionismo se hallaba en el interior de la propia comunidad judía”. El congreso fundacional del OSM había tenido lugar en Basilea (1897) en vez de en Munich como deseaba Theodor Herlz, debido a “la viva oposición al sionismo de la comunidad judía muniquesa [que] había presentado reiterados pedidos al ayuntamiento para impedir que se celebrara dicho congreso en la ciudad”.

    A fin de cuentas, la decisión de enunciar la Declaración Balfour se tomó gracias a un compromiso semántico, ya que el hecho de no mencionar un “Estado judío” satisfacía a los oponentes judíos al proyecto: “El establecimiento de Palestina como hogar nacional de los judíos“ se cambió por el del “ establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío”. Decir “en Palestina” permitirá así a Londres frenar las ambiciones sionistas denominadas “maximalistas” que también tenía el ojo puesto en la ribera este del río Jordán.

    Las ambigüedades del sionismo cristiano

    Fue en Reino Unido donde desde la primera mitad del siglo XIX se había afirmado un “sionismo cristiano” fundamentado al mismo tiempo en las “previsiones” de San Pablo y las aspiraciones imperialistas británicas. Para el apóstol [San Pablo] la Redención solo se llegaría a producirse cuando los judíos volvieran a reunirse en Palestina, pero… para convertirse ahí al cristianismo. Desde 1853 el dirigente del movimiento evangélico británico Lord Shaftsbury sugería a las autoridades inglesas un establecimiento judío en Palestina bajo la garantía de las Potencias (4). Algunos líderes sionistas retomarán más tarde la fórmula “una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra”.

    En 1844 se había fundado en Londres la “Sociedad británica y extranjera para la restauración de la nación judía en Palestina”. Muy presente en el seno de las élites victorianas y de los medios literarios románticos británicos, este sionismo cristiano tuvo eco en Francia (5) aunque se mantuvo más vivo en los países mayoritariamente protestantes (6) y aún hoy se mantiene muy activo en los medios evangélicos estadounidenses.

    Queda por saber si la tesis de “un derecho al regreso luego de 2000 años de ausencia” de los judíos desperdigados por el mundo hubiera podido ser escuchado y encontrar semejante éxito en otro lugar que no fuera el de la civilización judeocristiana.

    Lord Montagu, nos dice Walter Laqueur (7), consideraba a los militantes sionistas… agentes alemanes. Efectivamente, Michel Korinman nos recuerda que precisamente hasta la Declaración Balfour el sionismo se inscribía más bien en una “geopolítica alemana”(8). No es por azar, observa Korinman, que fuera en Colonia donde se estableció en 1905-06 la oficina central del OMS (9). Laqueur nos recuerda asimismo (10) que pese a una propuesta de Weizman de trasladarla a los neutros Países Bajos, la sede ejecutiva del sionismo permaneció en Berlín a lo largo de toda la guerra. Fue luego de la declaración Balfour cuando Londres se transformó en el centro del movimiento sionista mundial.

    Existe una sorprendete similitud con el discurso dirigido al otro lado del Canal de la Mancha a las autoridades por los dirigentes sionistas. El Hilfsverein der Deutschen Juden (Centro de cooperación de los judíos alemanes), cuyo objetivo era regular la emigración judía, en especial a Oriente Próximo, había destacado desde 1902 que el establecimiento de un hogar judío en “Palestina” solucionaría una serie de problemas comunes al Reich y a los judíos. Se atenuaría el antisemitismo alemán, se frenaría la inmigración de judíos rusos (polacos) a Alemania (difícilmente asimilables), poco deseada por los propios judíos alemanes y “el definitivo arraigo de un hogar germanófilo en una región, que interesaba sobremanera al Reich, enriquecería geopolíticamente a Alemania”. Ciertamente el Reich deseaba una germanización de Palestina por medio de implantaciones de judíos hablantes de yiddis, pero dudaba de la posibilidad de realizar el proyecto y chocaba con el hecho de que el medio joven-turco rechazaba totalmente la idea de una Palestina judía. Del mismo modo, Mark Mazower demuestra que en su lucha contra Rusia los alemanes también desplegaron intentos de seducir a los judíos de Polonia, en ese momento provincia rusa.

    Korimnman, como Laqueur y otros, demuestra también que aunque el ejecutivo sionista se había declarado neutro en setiembre de 1914 en Copenhague, “los dirigentes sionistas de toda Europa, excepción hecha naturalmente de Rusia, juzgaban que era su deber apoyar lo mejor posible a sus patrias respectivas” ya que Weizman no respetaba más esta neutralidad de lo que lo hacían los sionistas alemanes. E inversamente tanto los gobiernos centrales como Inglaterra “cortejaban” a las diferentes ramas del movimiento sionista, incluidas las comunidades judías estadounidenses.

    Korinman se subleva, por lo tanto, contra las tesis que presentan a la Declaración Balfour como “ un resultado casi ineluctable” y critica “la tendencia predominante entre algunos historiadores a destacar los aportes de Haïm Weizmann”. Recuerda que “las cosas eran mucho más complicadas” y que aunque no alcanzaran a concretarse existía “una convergencia real de intereses entre los judíos [sionistas] y los alemanes desde comienzos del siglo [XX]”. De modo que el periodista vienés Theodor Herlz “preconizaba el uso de su lengua en” Palestina” en el futuro”. Mientras tanto ”los dos encuentros entre Herzl y Guillermo II fueron muy exitosos. Los dirigentes austríacos, por otra parte, estimaban mucho a Herzl”.

    Aunque sea un hecho poco conocido, el 4 de junio de 1917 hubo también la “Declaración Cambon”, es decir, una carta del secretario general del Ministerio de Relaciones Exteriores francés Jules Cambon dirigida al líder sionista Nahum Sokolow a quien le manifestaba el apoyo oficial de París al proyecto sionista, lo que de hecho precipitó la Declaración Balfour. El pacto franco-británico, firmado en 1904 y en el que Balfour había participado, no fue tan cordial como se pretendía demostrar.

    Los cálculos británicos

    La pregunta de qué motivó al gobierno británico su proclamado apoyo al proyecto sionista ha suscitado deferentes respuestas. No todas son convincentes. ¿Se trataba, como afirma algunos, de impulsar a los judíos alemanes y austro-húngaros a desvincularse de sus gobiernos? Lo que opina Korinman sobre el patriotismo de las comunidades judías de los diversos países beligerantes y sobre la rivalidad desplegada por los diferentes gobiernos europeos para seducir a sus movimientos sionistas debería en cierto modo relativizar esa tesis.

    “Se atribuía a los judíos”, escribía el orientalista Maxime Rodinson, “un papel importante en el movimiento revolucionario ruso. Era capital darles razones para apoyar la causa aliada. No es en absoluto una coincidencia que la declaración Balfour preceda en cinco días a la fatídica fecha del 7 de noviembre (25 de octubre en el calendario juliano) en que los bolcheviques se apoderan del poder”. Mencionada de manera más recurrente, la idea de frenar la radicalización de la revolución rusa, muchos de cuyos dirigentes eran de origen judío, e impedir la deserción de Rusia en el frente oriental europeo, es más que probable que haya pesado en las consideraciones británicas. Estas expectativas (debidas a las ideas ya corrientes en la época y en las que además intervenían los responsables sionistas) sobre el “poder oculto” de los judíos parecen no menos irreales. En efecto, los bolcheviques rechazaban el sionismo que “desviaba a los trabajadores judíos de la lucha social junto a sus camaradas no judíos”. Y también se sabe que una de las razones de la radicalización cada vez mayor de la opinión pública rusa después de la revolución de febrero fue precisamente el rechazo a permanecer en guerra.

    En 1930 Winston Churchill recordaba que no se debía considerar la Declaración “una promesa realizada por motivos sentimentales [sino que] se trataba de una medida práctica tomada en interés de una causa común”, a saber, que el movimiento sionista “en ningún lugar era más visible que en EEUU” y que “sus talentosos dirigentes y sus múltiples ramificaciones” ejercían una “apreciable influencia” sobre la opinión pública estadounidense. Sin duda se evidencian aquí la franqueza y el cinismo de Churchill. También se pueden detectar en su discurso algunos fantasmas como el de la “numerosas ramificaciones” … El Viejo León coincide con Laqueur, para quien en ese momento “solo el peso indiscutible que había adquirido el movimiento sionista en el aliado estadounidense mantenía la atención británica”. Efectivamente, son muchos los que atestiguan el aumento de la potencia del movimiento sionista en EEUU durante la Primera Guerra Mundial. De los 5.000 miembros con los que contaba en 1905, afirma Nadine Picaudou, en 1918 habrían llegado a 150.000 sobre una comunidad judía que rondaría entonces los 4 millones de miembros. Este crecimiento se debía especialmente a Louis Brandeis, el primer judío que se convirtió en juez de la Corte Suprema en 1916. Ahora bien, Brandeis era cercano al presidente Thomas Wodrow Wilson y su prestigio, prosigue Laqueur, había sido “utilizado a fondo” por los dirigentes sionistas británicos como Haïm Weizmann en sus negociaciones con un gabinete británico ansioso por incorporar a EEUU a la guerra.

    La intención de precipitar la entrada de EEUU en la guerra constituye, efectivamente, un motivo más de la Declaración Balfour, ya que se suponía que la promesa de un hogar nacional judío ayudaba al presidente Wilson, con el apoyo de la comunidad judía estadounidense, a oponerse a los “aislacionistas”. Una observación al respecto: resulta curioso mencionar esa entrada en guerra como un objetivo de la Declaración Balfour dado que esta ya había tenido lugar el 6 de abril de 1917, seis meses antes de la carta a Lord Rothschild. No es menos cierto que Lord Balfour había dirigido ese mismo año la misión británica enviada a EEUU para conseguir su apoyo a los Aliados. Y que la OMS se había acercado al Foreign Office valiéndose de su capacidad de influencia, dicho sea de paso “inflada”, sobre las autoridades estadounidenses para presionarlas a entrar en guerra en el caso de que los británicos les garantizaran Palestina.

    Reticencias estadounidenses

    Sin embargo, recuerda útilmente Laqueur, en EEUU “las masas judías” eran “antirrusas” ya que regularmente se denunciaba la política antisemita del imperio zarista. Por lo tanto, la mayoría de los judíos festejaban las derrotas rusas frente a Berlín. Hubo que esperar hasta 1916-17 para que se percibiera una evolución: más que el naufragio del Lusitania en mayo de 1915 y a pesar de la conmoción considerable que suscitó en toda la población de EEUU, las mentalidades evolucionarn claramente a favor de la Entente con la guerra submarina a ultranza llevada a cabo por los alemanes a principios de 1917, el telegrama Zimmerman del 16 de enero de 1917 y el torpedeo del Vigilentia el 6 de abril. Finalmente, la igualdad de derechos otorgada a los judíos en Rusia por la revolución de febrero de 1917 fue lo que privó a los judíos estadounidenses de la motivación esencial de su pacifismo y su aislacionismo: la hostilidad a la Rusia zarista…

    Sin embargo, conviene no ante datar el apoyo que dio EEUU al movimiento sionista, lo mismo que, por otro lado, el apoyo cada vez más ”incondicional” dado después al Estado de Israel a partir de la década de 1960 y especialmente luego de la guerra de junio de 1967.

    Los diplomáticos estadounidenses destinados en el imperio otomano, reconoce Laqueur, desempeñaron al comenzar el siglo un importante papel en la protección del naciente Yishouv , la comunidad judía que habitaba Palestina antes de 1948. ¿Fundaba eso una política estadounidense respecto al movimiento sionista?

    Triunfo del aislacionismo estadounidense

    Laqueur recuerda que en setiembre de 1917, dos meses antes de la Declaración Balfour, los británicos “sondearon” a Wilson respecto a una declaración favorable al proyecto sionista. Pero este rechazó involucrarse. Algo que, según el historiador, fue como “una ducha fría para los sionistas”. Y algo más: al año siguiente, el presidente presentó sus “Catorce puntos” en los que denunciaba la diplomacia secreta de sus aliados europeos,los llamados Acuerdos de Sykes-Picot . Finalmente, cuando los desacuerdos franco-británicos sobre Siria se volvieron manifiestos durante el transcurso de la Conferencia de la paz, Wilson propuso establecer una comisión investigadora – la Comisión King Crane – con el encargo de la Sociedad de las Naciones (SDN) de recoger la opinión de las poblaciones locales. Una comisión en la que tanto París como Londres se negaron participar y cuyas conclusiones fueron totalmente en contra de las aspiraciones sionistas. En efecto, el informe King-Crane advertía respecto a los objetivos de un Estado judío y una inmigración judía ilimitada frente a unos sentimientos antisionistas “intensos” en Siria y en Palestina. También consideraba que la imposición de la Declaración sería “una flagrante violación del principio de [autodeterminación] y de los derechos de la población”. Preconizaba además el mantenimiento de la unidad del conjunto de la “Gran Siria” e insistía en la necesidad de establecer ahí una potencia mandataria única.

    Con el rechazo de la SDN por parte del Congreso estadounidense, su negativa a ratificar el tratado de paz de Versalles (1919), la vuelta al aislacionismo y al America First !, ambos alimentados por la Red Scare (el miedo a los rojos), los estadounidenses solo volverán a Oriente Próximo a finales de la década de 1920, nos dicen Alain Gresh y Dominique Vidal, tras la estela de sus compañías petroleras. Y hasta la víspera del segundo conflicto mundial su preocupación por Palestina y el conflicto que ahí se incubaba será tanto menor cuanto que durante todos los años que siguen a la Declaración Balfour y la Segunda Guerra Mundial el movimiento sionista se hallará profundamente dividido entre sionismo europeo y estadounidense. En 1921 Weizman destituirá a Brandeis de sus funciones de presidente de la organización sionista estadounidense. En efecto, como buen estadounidense y fiel a los principios del neoliberalismo, Brandeis rechazaba toda tutela de una OSM “que al plantear que los judíos eran nacionales diferentes de los demás” […] solo quería oír hablar de inversiones rentables” en materia de colonización en Palestina y quería establecer “un Yishouv urbano e industrial”. Y ello mientras que el sionismo europeo preconizaba un Yishouv agrícola, por la preocupación de controlar la tierra. Repudiado por la OSM, el sionismo estadounidense, él mismo desgarrado, reducirá drásticamente su contribución financiera a la “central” sionista.

    De hecho, a principios de noviembre de 1917, en el momento de la Declaración Balfour, la preocupación principal de Londres era Francia. Presentar a EEUU una propuesta “altruista” en el marco de los derechos de los pueblos caros a Wilson (“un hogar nacional para el pueblo judío”) parecía muy útil en el enfrentamiento con París. Esto es lo que a nuestro entender lleva a la razón fundamental de la Declaración.

    Proteger el canal de Suez

    Ya en 1915 Sir Herbert Samuel, primo prosionista de Lord Montagu, declaraba en una reunión del gabinete que “el establecimiento de una gran potencia europea (Francia) tan cerca del canal de Suez sería una permanente y formidable amenaza para las vías esenciales de comunicación esenciales del Imperio”. ¿Es esta clarividencia lo que lo convertirá en el primer alto comisario británico de la Palestina del Mandato?

    Frente a Francia, Londres se beneficiará del apoyo del movimiento sionista. ¿Acaso ya 1914 Haïm Weizman no argumentaba ante los británicos que “si Palestina cae en la esfera de influencia británica y Gran Bretaña alienta ahí el establecimiento de los judíos, como dependencia británica, podremos tener dentro de 25 o 30 años un millón o más de judíos; ellos (…) constituirán una guardia efectiva para el canal de Suez?”.

    Los sionistas intentarán, además, sacar partido de esta importancia repentina publicando en febrero de 1919 un memorando que reivindicaba del hogar nacional ampliado a la margen oriental del Jordán.

    En los hechos, las negociaciones relativas a Oriente Próximo árabe se limitarán rápidamente en un diálogo-enfrentamiento entre franceses y británicos, y a la única cuestión de los territorios “sirios”. En efecto, el porvenir de “Siria” constituía la piedra en el zapato de las discusiones que se referían esencialmente a los límites del territorio reivindicado por Francia: ¿cuál sería la frontera entre las zonas de influencia francesa y británica? ¿cuál sería la frontera entre el Líbano y Palestina?

    A fines de 1918 Francia cedía a Reino Unido el vilayet (provincia) de Mosul a cambio de su apoyo a las reivindicaciones sobre Cilicia y Siria. París renunciaba a reivindicar Galilea y obtenía una participación francesa en la Turkish Petroleum Company embolsándose el 25% de su parte alemana de la preguerra. El petróleo de Mosul asegurará a Francia el aprovisionamiento de petróleo hasta la Segunda Guerra Mundial.

    En lo referente a Palestina se renunciará muy pronto a la internacionalización a beneficio de un Mandato británico que incluía Transjordania. La Conferencia de San Remo (19 al 26 de abril de 1920) ratificará la creación de Mandatos: Francia en el Líbano y Siria; Reino Unido en Iraq y Palestina, incluida Transjordania. Y en consecuencia, la traición de las promesas hechas a los aliados árabes . Decisiones que corroborará el Tratado de Sevres (10 de agosto de 1920).

    Entre otras tareas incluidas en el Mandato, el Tratado de Sevres confiará a los británicos la tarea trabajar en el establecimiento de un “hogar nacional” para los judíos en Palestina. Será está una primera consagración de la Declaración Balfour a la que se añadirá la de la SDN que aprobará en julio de 1922 las disposiciones de Sevres.

    En la “jaula de hierro” colonial

    Rashid Khalidi ha mostrado en qué sentido el mandato británico en Palestina creará una “jaula de hierro” para las aspiraciones de los árabes de Palestina. Un yugo “concebido precisamente para excluir el principio y la puesta en marcha de un gobierno representativo en Palestina y toda otra modificación constitucional que se orientara en tal sentido”.

    La Declaración Balfour aseguraba “que no se haría nada que pudiese atentar contra los derechos civiles y religiosos de las colectividades no judías”. En efecto, lo importante era aquí “los derechos civiles y religiosos”. Nunca se abordarán los derechos políticos de la población árabe palestina.

    He aquí lo que permite relativizar el argumento frecuentemente enarbolado según el cual el Yichouy habría llevado a una guerra de independencia y de “liberación nacional” contra los británicos tras la Segunda Guerra Mundial. Y ello con el objetivo de borrar el reproche según el cual Israel sería “un hecho colonial”. Otro argumento utilizado comúnmente es mencionar la ausencia de una “metrópoli” en el caso del sionismo, en oposición a los casos “clásicos” de colonización. Tanto las observaciones de Khalidi como la Declaración de Balfour, tanto las esperanzas del “Auswärtiges Amt” como la Declaración de Cambon demostrarán que se trata de una conclusión precipitada. El proyecto sionista ciertamente tuvo una “metrópoli”. Colectiva y europea.

    Concluyamos con Laqueur: “Si Europa no hubiera sido el teatro de una exacerbación del odio antijudío, el sionismo muy bien podría no ser más que una pequeña secta filosófico-literaria de reformadores idealistas”. Y el historiador precisa: “Ni siquiera la Declaración Balfour obtuvo el éxito esperado entre las masas judías. Después de 1918 la cantidad de inmigrantes judíos provenientes de Europa central se contaba por centenas y no por miles, y, por así decirlo, no vino ninguno de Europa occidental ni de EEUU”. Fue el antisemitismo del viejo continente y su paroxismo nazi, poco después de que EEUU hubieran limitado drásticamente la inmigración, lo que multiplicaron las oleadas de inmigración judía a Palestina. Fueron los británicos los que aplastaron la gran revuelta palestina entre 1936 y 1939. Sin ellos y el apoyo europeo, el proyecto sionista hubiera sido letra muerta.

    Notas:

    1. Walter Laqueur, Histoire du sionisme, Calmann-Lévy, 1973, p. 215.

    2. La solution finale dans l’histoire, La Découverte, 2002, p.72.

    3. Le nationalisme juif et le nationalisme arabe, PUF, 1983 ; p 71-80.

    4. NDLR: ”Existe un país sin nación; y ahora Dios con su enorme sabiduría y su complacencia nos entrega una nación sin país”, citado en Albert Hyamson, “Brtish British Projects for the Restoration of Jews to Palestine”, American Jewish Historical Society Publications, 1918, No. 26 ; p. 140.

    5. Recordemos el llamado de Napoleón Bonaparte (1799) (que no tuvo eco) dirigido desde Gaza a los judíos de oriente, a “volver a ser dueños” de Palestina con el apoyo de Francia y la defensa (1851) de un “Estado judío desde Suez hasta Esmirna” del secretario de Napoleón III, Ernest Laharanne.

    6. El gobierno francés se hallaba sometido a las presiones de la Iglesia católica y de los medios económicos que tenían intereses financieros en el imperio otomano.

    7. Op. cit., p. 196.

    8. «Le sionisme, une géopolitique allemande », Hérodote, n° 53, 2e trimestre 1989.

    9. Durante la guerra y pese a una propuesta de Weizmann de transferir la sede del ejecutivo sionista a los Países Bajos, que eran neutros, esta permaneció en Berlín, aun cuando tras la Declaración Balfour Londres se convirtió en el centro del movimiento sionista mundial (Laqueur, op. cit., p. 203 y 207).

    10. Ibid.

    Acerca del autor: Paul Delmonte es profesor jubilado del Institut des hautes études des communications sociales (IHECS), Bruselas.

    Fuente: Le centenaire de la déclaration Balfour

    Fuente: Paul Delmotte, OrientXXI / Rebelión (Traducción Susana Merino).