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  • Arzobispo de Canterbury recordó al Reino Unido su promesa incumplida con los palestinos

    Arzobispo de Canterbury recordó al Reino Unido su promesa incumplida con los palestinos

    El Arzobispo de Canterbury, Justin Welby, solicitó la creación de un Estado Palestino y recordó al Reino Unido su promesa incumplida para salvaguardar «el bienestar del pueblo palestino y su camino hacia la independencia» durante sus 28 años de mandato.

    Justin Welby, Arzobispo de Canterbury [Facebook]

    El Arzobispo de Canterbury, Justin Welby, solicitó la creación de un estado palestino y recordó al Reino Unido su promesa incumplida para salvaguardar «el bienestar del pueblo palestino y su camino hacia la independencia» durante sus 28 años de mandato.

    Mediante un artículo redactado por la conmemoración de la Declaración de Balfour, Welby señaló: «como país, se nos recuerda que el gobierno británico creó las condiciones para una profunda reconfiguración nacional y política en el Medio Oriente».

    Welby cuestionó el motivo de Gran Bretaña al declarar sus intenciones de crear una «Patria Judía» en Palestina diciendo que «hay menos claridad de intención para el pueblo palestino en la afirmación de que ‘no se debe hacer nada que pueda perjudicar los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías existentes en Palestina‘».

    «No parece existir un plan para las consecuencias de los cambios inevitables en la demografía en Palestina y la consiguiente necesidad de viviendas, terrenos y trabajo», explicó Welby.

    “A las comunidades palestinas no se les dio una paridad de provisión para su propio deseo de independencia, autodeterminación y estadidad”.

    El líder de los 85 millones de anglicanos del mundo dio un golpe en el Reino Unido; acusando a Gran Bretaña de no cumplir con su «sagrada misión en la civilización, tanto para el bienestar del pueblo palestino como para su camino hacia la independencia».

    «Esa aspiración de independencia estatal no se ha cumplido todavía», insistió Welby, «y sigue siendo una de las causas de hoy del conflicto entre israelíes y palestinos».

    El arzobispo que visitó Palestina a principios de año para ver de primera mano la persecución de los cristianos por parte de Israel hizo un llamamiento a la «autodeterminación palestina», y agregó: «es necesario invertir mucho tiempo, atención y diplomacia de la comunidad internacional y especialmente Gran Bretaña».

    Welby advirtió contra la «desesperación y una falta colectiva de esperanza» en Palestina, al mismo tiempo que se comprometían a «orar y actuar para el florecimiento de los palestinos y para el ejercicio de la libre determinación en el establecimiento de un Estado viable y seguro»

    «No puede haber una manera más apropiada de conmemorar el aniversario de la firma de la Declaración Balfour», concluyó Welby, «que orar por el cumplimiento de lo que queda por terminar en sus aspiraciones de la condición de Estado, seguridad y paz».

    Fuente: Archbishop of Canterbury reminds UK of its broken promise to Palestinians

    Copyleft: Toda reproducción de este artículo debe contar con el enlace al original inglés y a la traducción de Palestinalibre.org.

    Fuente: Middle East Monitor / Traducción: Palestinalibre.org

  • Campaña PALESTINA para obligar a Reino Unido a cancelar las celebraciones por la Declaración Balfour

    Campaña PALESTINA para obligar a Reino Unido a cancelar las celebraciones por la Declaración Balfour

    La Conferencia de Palestinos en la diáspora (PCPA) y una serie de grupos palestinos se están preparando para una campaña digital coordinada que tendrá lugar el miércoles por la noche para conmemorar los 100 años desde que Lord Arthur Balfour emitió la Declaración Balfour, prometiendo a los judíos un hogar nacional en Palestina.

    Usando el hashtag #Balfour100, los usuarios de las redes sociales pedirán al gobierno de Reino Unido que se disculpe por la Declaración Balfour y la colonización británica de Palestina y exigirán la cancelación de una de las mayores celebraciones sionistas de la Declaración, que tendrá lugar el 7 de noviembre en el Royal Albert Hall en Londres.

    La actividad de las redes sociales es parte de una campaña más amplia lanzada por PCPA hace dos meses titulada “Balfour: Un proyecto colonial” y se extenderá hasta el 20 de noviembre con el objetivo de crear conciencia sobre el histórico, significado político y legal de la Declaración Balfour y reiterando la responsabilidad histórica y política de Gran Bretaña respecto de la Declaración y sus repercusiones en Palestina.

    La acción digital de PCPA es una de una serie de campañas lanzadas por palestinos en el exterior este año para destacar el impacto de la Declaración Balfour en Palestina y sus residentes.

    El Palestinian Return Centre (PRC) con sede en el Reino Unido anunció hoy el lanzamiento de un cortometraje “100 Balfour Road“, producido como parte de la Campaña de disculpa por la Declaración Balfour de la República Popular China, en recuerdo del sufrimiento y desplazamiento de miles de palestinos como resultado de la invasión.

    La película de 12 minutos retrata a una familia feliz en los suburbios de Londres disfrutando de una tarde alrededor de la mesa de la cocina, cuando se escucha un golpe en la puerta principal. Un funcionario del gobierno quiere la ayuda de la familia para ayudar a una familia sin hogar, pero termina echando a la familia y regalando su casa. Ahora está disponible para ver en YouTube y las plataformas de medios de PRC.

    A principios de este año, la República Popular China lanzó una petición en la que pedía al gobierno británico que se disculpase por la Declaración Balfour y liderase los esfuerzos de paz en Palestina. Ganó 10,000 firmas. En respuesta, el gobierno británico se negó a disculparse por la Declaración y afirmó que estaba “orgulloso” de su papel en la creación del Estado de Israel.

    La Declaración Balfour es una declaración histórica para la cual HMG [Gobierno de Su Majestad] no tiene la intención de disculparse. Estamos orgullosos de nuestro papel en la creación del Estado de Israel. La tarea ahora es alentar los movimientos hacia la paz“.

    Además, se ha prohibido en Reino Unido, cualquier campaña publicitaria contra la Declaración Balfour.

    Fuente: Middle East Monitor en Español

  • La responsabilidad histórica de Gran Bretaña en la catástrofe Palestina

    La responsabilidad histórica de Gran Bretaña en la catástrofe Palestina

    En el centenario de la Declaración Balfour

    Historiado Nur Masalha

    La Declaración Balfour del 2 de noviembre de 1917 fue fundamental para alianza británico-sionista durante la Primera Guerra Mundial y una poderosa herramienta de propaganda judio-sionista. Al acercarse el centenario de la Declaración es oportuno volver a examinar el impacto tanto de la declaración como de las políticas británicas respecto a Palestina y su población originaria. Este artículo apela al Reino Unido a que reconozca su responsabilidad histórica en las desastrosas consecuencias del colonialismo sionista de asentamiento en Palestina y la subsiguiente catástrofe palestina (Nakba).

    Sin el apoyo total de Imperio Británico, el sionismo político no habría podido conseguir sus objetivos a costa de la libertad y la autodeterminación del pueblo palestino. El Estado de Israel era y todavía es fundamental para los proyectos occidentales en Oriente Próximo. De hecho, Israel debe su propia existencia al poder colonial británico en Palestina, a pesar de la tensión militar durante la última década de periodo del Mandato Británico entre la potencia colonial y los dirigentes del militarizado Yishuv, es decir, la comunidad de colonos de asentamiento blancos asquenazíes (1) en Palestina.

    Los colonos sionistas europeos eran poco numerosos bajo el Imperio Otomano y nunca se les dio verdaderamente carta blanca en Palestina; si se hubiera dejado al Imperio Otomano el control de Palestina después de la Primera Guerra Mundial, es muy poco probable que el Estado judío se hubiera hecho realidad a expensas de la población indígena. La situación cambió radicalmente con la ocupación de Palestina por parte de los británicos en 1917. Pero antes, el 2 de noviembre de 1917, la Declaración Balfour (cuyas catastróficas consecuencias para el pueblo palestino tienen repercusiones todavía hoy) ya había concedido al sionismo derecho a Palestina. El secretario de Exteriores [británico] Arthur James Balfour envió a la Federación Sionista la carta que contenía la Declaración a través de un prominente judío británico, el barón Walter Rothschild. En ella el gobierno británico declaraba su compromiso con el sionismo: “El gobierno de Su Majestad considera favorablemente el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío y utilizará sus mejores esfuerzos para facilitar la consecución de este objetivo”.

    Lo verdaderamente crucial fue que los términos de la Declaración Balfour se incorporaron al Mandato Británico en Palestina en 1922 y fueron aprobados por la Liga de las Naciones. Esto constituyó un espectacular logro político y de propaganda para el movimiento sionista internacional que en aquel momento era un grupo minoritario dentro de los judíos del mundo. Curiosamente, el documento fue criticado duramente por el único miembro judío del gobierno del primer ministro británico Lloyd George: Sir Edwin Montagu, secretario de Estado para India, hizo una clara distinción entre judaísmo y sionismo (una ideología política moderna). Le preocupaba el estatus y la potencial doble lealtad de los judíos británicos y puso en tela de juicio el derecho de la organización sionista a hablar en nombre de todos los judíos.

    En 1917 la población judía de Palestina era inferior al 10% del total de su población. El contenido de la Declaración Balfour se arraigaba en la política colonial racista de la denegación. No mencionaba siquiera al pueblo palestino, ya fueran cristianos o musulmanes, que conformaba más del 90% de la población del país. De hecho, el pueblo palestino era propietario de más del 97% de la tierra que Gran Bretaña pretendía regalar. La Declaración se refería a los palestinos cristianos o musulmanes como “las comunidades no judías que existen en Palestina” al tiempo que omitía por completo sus derechos nacionales y políticos. La Declaración es típica del estilo supremacista blanco de la época y encaja con la noción de “una tierra sin pueblo [para un pueblo sin tierra]”, creada para justificar la colonización europea y la negación de los derechos fundamentales de los palestinos.

    Envalentonado por la Declaración Balfour, en enero de 1919 el destacado sionista británico Chaim Weizmann acudió a la Conferencia de París y y pidió una Palestina pura “tan judía como Inglaterra es inglesa”. Esto sucedía en un momento en que el principio de “autodeterminación para los pueblos del Imperio Otomano” estaba consagrado en los “Catorce Puntos” del presidente estadounidense Woodrow Wilson. Lloyd George saludó estos principios al tiempo que negaba este reconocimiento internacional del pueblo palestino.

    A menudo se explican la alianza británico-sionista y la Declaración Balfour en términos de cálculos de guerra y objetivos estratégicos militares (incluido la proximidad de Palestina al Canal de Suez controlado por Gran Bretaña y la ruta a India). Los historiadores pasan por alto los factores y mitos británicos históricos, ideológicos, de la cultura bíblica protestante y simbólicos. Gran Bretaña y gran parte de Europa habían sido la cuna de las Cruzadas Latinas y de los recuerdos colectivos de la lucha por Jerusalén y Palestina, una amarga “guerra santa” contra el islam que duró varios siglos hasta bien entrado el inicio del periodo moderno y cuya memoria colectiva se revivió en Europa en el momento culminante del imperio en el siglo XIX. Antes de la Declaración Balfour dos imanes, la “Biblia y la espada”, en brillante expresión de Barbara Tuchman (Bible and Sword: England and Palestine from the Bronze Age to Balfour) atrajeron a gran cantidad de cruzados, peregrinos, misioneros, arqueólogos bíblicos, viajeros, cartógrafos, cónsules y miembros del Cuerpo de Ingenieros Reales a Tierra Santa de Palestina. En última instancia esto llevó a la conquista de Jerusalén por parte de Gran Bretaña en diciembre de 1917.

    La propia Declaración Balfour estaba calculada para coincidir con el avance del general Edmund Allenby hacia Jerusalén durante la Primera Guerra Mundial. Fue el fruto de unas intensas negociaciones a lo largo de doce meses entre destacados sionistas británicos (el “lobby judío-sionista) y altos cargos del Foreign Office y, en última instancia, del gobierno de guerra de Lloyd George.

    El 11 de diciembre de 1917 Allenby entró a pie en Jerusalén y anduvo triunfalmente por la Ciudad Vieja. Era el primer cristiano que conquistaba Jerusalén desde las Cruzadas medievales. Este simbolismo no pasó desapercibido para Allenby o Lloyd George, que describieron la toma de Jerusalén como “un regalo cristiano al pueblo británico”. Allenby fue incluso más explícito: “Ahora han terminado las guerras de los cruzados”, afirmó, dando a entender que su conquista de Palestina por parte de las fuerzas británicas era la “última cruzada”.

    El general Allenby nos ha dejado otros símbolos de los antiguos y nuevos cruzados: el “Puente Allenby” (todavía denominado así por los israelíes) que cruza del río Jordán fue construido en 1918 por el propio Allenby sobre los restos de un viejo puente otomano. Actualmente es el único punto de entrada y de salida para los palestinos bajo ocupación israelí que viajen fuera de Cisjordania y a Cisjordania. Tanto Allenby como Balfour son muy apreciados en Israel. Allenby da su nombre a una importante calle de Tel Aviv, “Allenby Street”. Balfouria es una colonia judía al sur de Nazareth fundada en 1922 y fue el tercer moshav (2) que se estableció en la Palestina del Mandato. Toma su nombre del secretario de Exteriores británico que redactó la tristemente célebre Declaración.

    En 1917 Weizmann, amigo íntimo del general Jan Smuts, un defensor de la separación racial, primer ministro de Sudáfrica y que se asocia a la redacción del borrador de la Declaración, argumentó: “Una Palestina judía sería una salvaguarda para Inglaterra, en particular con respecto al Canal de Suez”. Sin embargo, tanto Lloyd George como Balfour eran miembros de Iglesias protestantes que compartían la creencia sionista cristiana de que había que “restituir” en Palestina a los judíos del Viejo Testamento antes de la Segunda Venida de Jesús.

    La Biblia ha sido el texto clave para redimir el colonialismo de asentamiento europeo. El “primer” texto de Occidente ha sido (y sigue siendo) fundamental para el apoyo occidental al Estado de Israel. La “Biblia y la espada”, las dos herramientas heredadas de las Cruzadas latinas y del colonialismo británico, también han sido fundamentales para la estrategia sionista israelí desde 1948.

    Desde finales del siglo XIX el sionismo político (y actualmente el lobby pro-israelí) ha seguido disfrutando de una extraordinaria influencia en las altas esferas de Occidente. Por diferentes razones (entre las que se incluye la epistemología y la política del texto bíblico), el Estado de Israel ha sido fundamental para las políticas de Occidente en el rico en petróleo Oriente Próximo. Además de su valor geopolítico y estratégico, y de sus inmensas capacidades militares y nucleares, el Estado de Israel ha tenido una enorme trascendencia para las políticas occidentales posteriores a la Segunda Guerra Mundial. En el periodo posterior al Holocausto el fuerte apoyo financiero, militar y político concedido al “Estado judío” en Palestina también ha sido considerado una oportunidad de “redimir” a Europa (y a Occidente) por el genocidio nazi.

    El sionismo político surgió en Europa a finales del siglo XIX en el momento culminante del imperialismo europeo, directamente influido por el pangermanismo y panjudaísmo. Combinó con éxito los nacionalismos de Europa central y del este con el colonialismo de asentamiento y la Biblia. Los padres fundadores laicos del sionismo judío trataron de sustentar con el texto bíblico la legitimidad de su movimiento colonial de asentamientos.

    Desde un principio estuvo claro que el proyecto “restauracionista” solo se podía lograr con el respaldo y el apoyo activo de las potencias europeas. Desde Theodor Herzl a Chaim Weizmann y David Ben-Gurion los dirigentes sionistas eran plenamente conscientes de que no se podía garantizar su programa sin el apoyo de las potencias imperialistas. Herzl escribió claramente acerca de la tierra asiática (no europea) “reclamada” por el sionismo y el establecimiento de un Estado casi europeo de colonos blancos en Palestina: “Si Su Majestad el Sultán [otomano] nos concediera Palestina, a cambio nosotros podríamos emprender la regulación de todas las finanzas de Turquía. Conformaríamos ahí parte de una muralla defensiva para Europa en Asia, un puesto de avanzada de la civilización contra la barbarie”.

    Sin embargo, el entonces presidente de la Agencia Judía, Ben-Gurion, declaró al presentar testimonio ante la “Comisión Real de Palestina” encabezada por Lord Peel en 1936: “La Biblia es nuestro mandato”. Para Ben-Gurion la Biblia era el texto matriz del sionismo y el texto fundacional del Estado de Israel. Como Ben-Gurion, Lloyd George y Balfour consideraban la Biblia no solo una fuente histórica de confianza sino también una guía de las políticas cristianas y sionistas en relación con los habitantes indígenas de Palestina. Las militaristas tradiciones y relatos bíblicos de la tierra, reconfiguradas y reinventadas en el siglo pasado como una metanarrativa “fundacional” del sionismo y del Estado de Israel, han sido decisivas en la limpieza étnica de Palestina. Hoy las mismas militaristas tradiciones bíblicas de la tierra siguen estando en el centro del desplazamiento y la desposesión de los palestinos (tanto musulmanes como cristianos) de Jerusalén. Irónicamente, es más probable que, a diferencia de Ben-Gurion, los palestinos modernos sean descendientes de los antiguos israelíes cananeos y filisteos que lo sean los asquenazíes y padres fundadores blancos del Estado de Israel.

    El historiador británico Arnold Toynbee calificó una vez a Balfour de “hombre malvado”. Toynbee creía que Balfour y Lloyd George conocían las catastróficas implicaciones que tenían para los palestinos originarios la Declaración Balfour y el hecho de que los británicos fomentaran una comunidad colonial de asentamiento blanca en Palestina.

    Por supuesto, ni los cruzados latinos ni la moderna Gran Bretaña tenían derechos de soberanía sobre Palestina. Es indudable que Gran Bretaña no tenía autoridad moral o legal para entregar la tierra que no le pertenecía a un tercero y a un pueblo que no residía en el país. Sin embargo, la Declaración Balfour creó el marco para la lucha sionista por apoderarse de la tierra de Palestina y controlarla, una lucha que ha seguido hasta nuestros días. Por ello la Declaración se convirtió en un elemento fundamental de las exigencias judiciales sionistas e israelíes. Entre 1914 y 1948 la potencia colonial británica en Palestina permitió al movimiento judío establecer en Palestina a cientos de miles de colonos judíos europeos, incluidas varias ciudades, y estableció las bases políticas, militares y de seguridad, económicas, industriales, demográficas, culturales y académicas del Estado de Israel.

    Medio siglo después de la Declaración Balfour la primera colonia blanca en Palestina, Kerem Avraham, hoy un barrio de Jerusalén, empezó como una pequeña colonia británica fundada en 1855 por el muy influyente cónsul británico en Jerusalén, James Finn, y su mujer, Elizabeth Anne. Finn combinó un antiguo celo cruzado con un moderno pensamiento “restauracionista” protestante y actividades misioneras con el trabajo oficial de funcionario británico. Él y su mujer eran originariamente miembros de la “Sociedad Londinense para Promover el Cristianismo entre los Judíos”. James Finn también fue un estrecho socio de Anthony Ashley Cooper, séptimo conde de Shaftesbury, un destacado diputado tory, milenarista protestante y colaborador clave del sionismo victoriano cristiano y del evangelismo que preconizaba la vuelta a la Biblia. A Shaftesbury le guiaba el pensamiento victoriano de la “Biblia y la espada”, una combinación de imperialismo victoriano y de profecía mesiánica cristiana. Argumentaba que el “restauracionismo judío en Palestina tendría ventajas políticas y económicas para el Imperio Británico y según la profecía de la Biblia, aceleraría la segunda venida de Jesús. En un artículo publicado en Quarterly Review (enero de 1839), Shaftesbury (inventor del mito “una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra”) escribió: “La tierra y el clima de Palestina están singularmente adaptados para que crezcan productos requeridos por las exigencias del Imperio británico: se puede obtener el algodón más fino en una casi ilimitada abundancia, la seda y la rubia roja (3) son los productos principales del país y el aceite de oliva es ahora, como siempre lo ha sido, la propia grasa del país. Solo se requieren capital y habilidades: la presencia de un oficial británico y la mayor seguridad de la propiedad que su le conferirá presencia, pueden invitar a los de estas islas al cultivo en Palestina; y los judíos, que no se trasladarán a ninguna otra tierra para cultivarla ya que han encontrado en la persona del cónsul británico [James Finn] un mediador entre su pueblo y el Pachá [otomano], probablemente volverán en cantidades aún mayores y se convertirán una vez más en el esposo de Judea y Galilea”.

    Con el apoyo del entonces secretario de Exteriores británico Lord Palmerston, Shaftesbury empezó a promover la “restauración” de los judíos en Palestina entre la Inglaterra victoriana de la década de 1830. Shaftesbury también desempeñó un papel decisivo en el establecimiento del consulado británico en Jerusalén en 1839. Las actividades públicas de Shaftesbury, James Finn y sus compañeros “restauracionistas”, que precedieron en casi medio siglo a la fundación del movimiento sionista político europeo por Theodor Herzl, demuestran claramente que el “sionismo” empezó como un claro movimiento de cruzada protestante cristiano y no uno laico judío.

    Con todo, lo que llevó al crecimiento del sionismo protojudío laico fueron los estudios del Fondo de Exploración de Palestina (PEF, por sus siglas en inglés) y los mapas de Cuerpo Británico de Ingenieros Reales realizados en la década de 1870. La pacífica cruzada del PEF británico, fundado en 1865 por un grupo de eruditos de la Biblia, geógrafos bíblicos, altos cargos militares y de la inteligencia, y clérigos protestantes, entre los que destacaba el deán de la Abadía de Westminster, Arthur P. Stanley, estaba estrechamente coordinada por la clase dirigente político-militar británica y los servicios de inteligencia ansiosos de penetrar en la Palestina otomana, un país gobernado por el “hombre enfermo de Europa” musulmán (4).

    El PEF, que cuenta con oficinas en el centro de Londres, es hoy una organización activa que tiene una publicación académica, Palestine Exploration Quarterly. Por otra parte, el PEF da charlas públicas y financia proyectos de investigación en Cercano Oriente. Según su página web, “entre 1867 y 1870 el capitán Warren llevó a cabo exploraciones en Palestina que conforman la base de nuestro conocimiento de la topografía del Jerusalén antiguo y de la arqueología del Templo del Monte/Haram al-Sherif [sic]”. “Además de estas exploraciones en, bajo y alrededor del Templo del Monte/al-Haram al-Sherif, Warren analizó la Llanura de Philistia y llevó a cabo un muy importante reconocimiento de la parte central del [río] Jordán”. El capitán (después general Sir) Charles Warren, de los Ingenieros Reales y uno de los altos cargos clave del PEF ordenó trazar el mapa de la “topografía bíblica” de Jerusalén e investigar “el emplazamiento del templo”, y observó: “El cónsul [británico] del rey [James Finn] es la autoridad máxima, no de los nativos de la ciudad, sino de los extranjeros. No obstante, en su mayor parte estos extranjeros son los dueños legítimos y los nativos en su mayor parte son los usurpadores”. Al parecer Warren y Finn “cavaron literalmente” bajo los santuarios musulmanes de Jerusalén para trazar el mapa de las “dimensiones originales” del “Templo del Monte”. La arqueología bíblica, los mapas y los estudios de topografía y toponimia llevados a cabo por Warren y los Ingenieros Reales han seguido constituyendo los datos básicos de muchos arqueólogos, geógrafos y planificadores estratégicos oficiales israelíes actuales en su campaña por judaizar la Ciudad Vieja de Jerusalén.

    Cuando los colonos judíos blancos se trasladaron a Palestina su actitud respecto a la población originaria fue la típica actitud colonial respecto a pueblos “inferiores” y “no civilizados”, aunque las colonias sionistas siguieron siendo muy pequeñas hasta que los británicos ocuparon Palestina en 1917. Después de la ocupación el proceso se aceleró rápidamente bajo la protección de la potencia colonial. Durante este periodo los sionistas insistieron en que se denominara oficialmente a Palestina la “Tierra bíblica de Israel”. Las autoridades del Mandato Británico concedieron el uso del acrónimo hebreo para “Eretz Yisrael” (la “Tierra de Israel”) tras el nombre de Palestina en todos los documentos oficiales, moneda, sellos, etc.

    Durante este periodo (1918-1948) los colonos blancos asquenazíes no hicieron esfuerzo alguno por integrar sus luchas en las de los palestinos que luchaban contra el colonialismo británico. Por el contrario, los colonos actuaron desde la convicción de que la población originaria tendría que ser sometida o expulsada, con la ayuda de los británicos.

    Para la década de 1930 la Declaración Balfour se asociaba estrechamente en el pensamiento sionista oficial a la colonización práctica de Palestina y a la limpieza étnica de los palestinos originarios. Desde principios de la década de 1930 en adelante los “comités de traslado” (un eufemismo de “comités de limpieza étnica”) y altos cargos del Yishuv elaboraron una serie de planes específicos que implicaban en general a Trasnjordania, Siria e Iraq. En 1930, sobre el fondo de los disturbios de 1929 en Palestina, Weizmann, entonces presidente tanto de la Organización Sionista Mundial como de la Ejecutiva de la Agencia Judía, empezó a promover activamente en discusiones privadas con altos cargos y ministros británicos la idea del “traslado” de árabes. Planteó al secretario colonial, Lord Passfield, una propuesta oficial aunque secreta de traslado de campesinos palestinos a Transjordania, para lo cual se obtendría un préstamo de un millón de libras palestinas de fuentes financieras judías para la operación de reasentamiento. Lord Passfield rechazó la propuesta. Sin embargo, la justificación que Weizmann había utilizado para defender su propuesta fue la base de los posteriores argumentos sionistas de traslado de población. Weizmann afirmaba que no había nada de inmoral en la limpieza étnica de la tierra, que la expulsión de poblaciones ortodoxas griegas y musulmanas (“turcas”), “intercambios de población”, a principios de la década de 1920 eran un precedente de una medida similar en relación con los palestinos.

    Si la Declaración Balfour se convirtió en un elemento fundamental de la memoria colectiva, los mitos y la propaganda sionistas, la Declaración, conocida como “Wa’ad Balfour” o la “Promesa Balfour” en árabe, se convirtió en un elemento fundamental de la memoria colectiva palestina de resistencia. Durante toda la época del Mandato el aniversario de la Declaración (2 de noviembre) se conmemoró de manera generalizada por medio de protestas y huelgas nacionalistas. Los palestinos movilizaron el recuerdo del engaño y la traición británicos como una herramienta de resistencia pacífica a las políticas británica y sionista en Palestina.

    La colonización blanca de asentamiento de Palestina culminó con el establecimiento del Estado de Israel en 1948 y la Nakba palestina, la catástrofe de la limpieza étnica y la destrucción de gran parte de la Palestina histórica. La guerra psicológica y la presión militar sionistas expulsaron, en muchos casos a punta de pistola, a aproximadamente el 90% de los palestinos del territorio ocupado por los israelíes en 1948, a menudo bajo la atenta mirada de los británicos que continuaron a cargo del país hasta mediados de 1948. La guerra simplemente proporcionó la oportunidad y el contexto necesarios para purgar la tierra y crear un Estado judío en gran parte libre de árabes. Concentró las mentes judío-sionistas y proporcionó tanto la seguridad como las explicaciones y justificaciones militares y estratégicas para purgar el Estado y desposeer al pueblo palestino. Actualmente, aproximadamente dos terceras partes de los palestinos son refugiados, millones de ellos viven en campos de refugiados miserables en Oriente Próximo y otros millones están repartidos por todo el mundo.

    El sionismo militarista e Israel han utilizado la Biblia no solo como una herramienta para la limpieza étnica de Palestina y el “exilio” de millones de palestinos de su patria ancestral, sino también como una manera de borrar la historia palestina y de suprimir la memoria palestina. Actualmente la Nakba palestina está más o menos ausente de la memoria colectiva tanto británica como occidental.

    Por otra parte, los palestinos no solo continúan sometidos a la actual limpieza étnica y a las políticas de cruzada en Jerusalén en pleno siglo XXI, sino que durante las seis últimas décadas los israelíes y el lobby proisraelí han desafiado y silenciado los intentos por parte de los palestinos de constituir un relato coherente de su propio pasado. Todavía hoy la Catástrofe de 1948 se excluye del discurso oficial en Gran Bretaña mientras que Israel goza de un apoyo extraordinario en el gobierno británico y la mayoría de los diputados conservadores son miembros de “Amigos Conservadores de Israel”.

    La clase dirigente británica elige públicamente una “posición neutral” sobre Palestina que a menudo adopta la forma de silencio o de amnesia colectiva. Dada la responsabilidad histórica de Gran Bretaña en la catástrofe palestina, no puede existir esta neutralidad o indiferencia hacia la injusticia cometida en Palestina.

    Se ha creado el proyecto Balfour Project para conmemorar el centenario de la Declaración Balfour y el simbolismo de la alianza británico-sionista y el catastrófico impacto sobre los palestinos. Este proyecto busca: a) honestidad en el debate público y un reconocimiento de las desastrosas consecuencias de las acciones británicas en la época de la Declaración Balfour y a lo largo de todo el Mandato Británico en Palestina, y particularmente el engaño respecto a las verdaderas intenciones británicas; b) disculpas por la mala actuación británica; c) disculpas oficiales británicas a los palestinos por haber ignorado intencionadamente sus legítimas aspiraciones políticas; y d) integridad en el futuro cuando Gran Bretaña aborde la cuestión palestina.

    Prof Nur Masalha es Director de Programa del Máster en Religión, Política y Resolución de Conflictos. Formó parte de un equipo de postgrado del Arts and Humanities Research Council (AHRC) y fue miembro del AHRC Peer Review College. Ha sido director el Proyecto de Investigación de Tierra Santa desde 2001 y del Centro para la Religión y la Historia desde 2007. El profesor Masalha también edita Holy Land Studies: A Multidisciplinary Journal (publicado por Edinburgh University Press).Sus libros más recientes son: The Bible and Zionism: Invented Tradition, Archaeology and Post-Colonialism in Israel-Palestine (2007), La Biblia leída con los ojos de los Cananeos (Editorial Canaán, 2011) y The Palestine Makba: Decolonising History, Narrating the Subaltern, Reclaiming Memory (2012). Próximamente publicará The Politics of Reading the Bible in Israel (2013).

    Notas de la traductora:

    (1) Los judíos asquenazíes son los judíos oriundos de Europa central y del este.

    (2) Moshav es una comunidad rural judío de carácter cooperativo

    (3) La llamada rubia roja es una planta cuya raíz se utilizaba para fabricar tintes de color rojo destinados a la industria textil y a la farmacología.

    (4) La expresión “hombre enfermo de Europa” se ha aplicado a lo largo de la historia a diferentes países europeos en referencia a la debilidad o decadencia de una economía aparentemente normal.

    Fuente: http://www.middleeastmonitor.com/articles/guest-writers/7138-powerful-symbols-and-the-british-zionist-alliance-approaching-the-centenary-of-the-belfour-declaration

    Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos

  • Balfour, la Declaración infame

    Balfour, la Declaración infame

    El 2 de noviembre del 2017 se cumplirá el centenario de la Declaración Balfour, uno de los documentos más pérfidos y nefastos de la historia, que abrió los causes para la posterior división de Palestina, el ilegal despojo de sus territorios y la creación del Estado sionista de Israel.

    Los palestinos han guardado las llaves de sus casas. Foto: Archivo

    La Declaración, rubricada por el Ministro de Relacione Exteriores de Gran Bretaña, Arthur James Balfour y dirigida al barón Lionel Walter Rothschild, líder de la comunidad judía en ese país, fue de hecho una alianza británica con el colonialismo sionista, vínculos que se habían iniciado durante la Primera Guerra Mundial para apoyar la creación de un hogar nacional judío en Palestina, lo cual devino en una catástrofe (Nakba) para el pueblo árabe, habitante originario y milenario de ese territorio.

    Para todos los tiempos quedará indeleble la responsabilidad histórica del Gobierno británico —poco después Administrador de Palestina—por las desastrosas consecuencias que resultaron de su incitador apoyo al proyecto del sionismo internacional, materializado con la Resolución 181 del 29 de noviembre de 1947 de la Asamblea General de Naciones Unidas, que estableció la partición de Palestina y la creación, artificiosa, del Estado israelí.

    La misiva a Rothschild, tan indecente como lo fue la colonialista  Doctrina Monroe, ni siquiera mencionaba al pueblo palestino y establecía que “El gobierno de Su Majestad considera favorablemente el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío y utilizará sus mejores esfuerzos para facilitar la consecución de este objetivo”.  Se consumaba así una artera conjura que ignoraba que la población árabe palestina conformaba el 97% de la del país, mientras la de la judía apenas llegaba al 10 por ciento.

    La colosal injusticia de la decisión de la ONU de cercenar y repartir un territorio que no le era propio, disponía, además, la creación de dos Estados, uno árabe, que no se produjo, y uno judío, favorecido con la concesión de una superficie de 14 mil 942 kilómetros cuadrados, el 56,47 % del total, mientras limitaba a 11 mil 203 kilómetros cuadrados el sector palestino.

    Un siglo después de tan trágica usurpación, y mediante limpiezas étnicas, guerras de agresión, terrorismo y racismo, la geofagia del Estado de Israel ha expandido sus fronteras a casi la totalidad de Palestina, edificando miles de ilegales asentamientos de colonos judíos y aplicando criminales acciones represivas a la población civil en la Franja de Gaza y en la ocupada Cisjordania.

    Durante más de 60 años, el genocidio y expansionismo israelí ha contado con el permanente respaldo político, económico y militar del Gobierno de Estados Unidos, y la ineficacia de las resoluciones condenatorias del Consejo Seguridad de Naciones Unidas.

    Aún en las adversas circunstancias de verse despojados de sus tierras, expulsados de su patria, asesinados, encarcelados, privados de sus medios fundamentales de existencia y diseminados por el mundo, los heroicos palestinos no han cesado en su lucha, pues confían en liberarse del ocupante israelí y constituir un Estado soberano e independiente con las fronteras que tenían antes del año 1967, y con Jerusalén oriental como capital.

    FUENTE: Juan Dufflar Amel, Trabajadores de Cuba y http://www.palestinalibre.org

  • Política británica: ‘Londres debe reconocer a Palestina en el centenario de Balfour’

    Política británica: ‘Londres debe reconocer a Palestina en el centenario de Balfour’

    El Reino Unido debe marcar el centenario de la Declaración de Balfour con el reconocimiento de Palestina como Estado, dice una política británica.

    Emily Thornberry, que preside la comisión de Relaciones Exteriores de los laboristas, habla en una conferencia en Brighton, 25 de septiembre de 2017.

    En una entrevista concedida este lunes al portal Middle East Eye, Emily Thornberry, que preside la comisión de Relaciones Exteriores del opositor Partido Laborista (PL), ha considerado que el 100º aniversario de la ocupación palestina es el momento apto para que la primera ministra británica, Theresa May, reconozca “oficialmente” a Palestina como un Estado independiente y soberano.

    La Declaración de Balfour, fechada el 2 de noviembre de 1917, es una carta dirigida por el entonces secretario de Asuntos Exteriores británico, Arthur Balfour, a Lionel Walter Rothschild, el líder de la comunidad judía británica, por la que el Gobierno británico se comprometió a “hacer todo lo posible para facilitar el logro de un hogar nacional judío en Palestina”.

    “No creo que nosotros celebremos la Declaración de Balfour, pero pienso que tenemos que marcarla porque creo que es un punto de inflexión en la historia de aquella zona y pienso que la vía más importante para marcarla es reconocer a Palestina”, ha señalado Thornberry.

    La jefa de la comisión de Relaciones Exteriores de los laboristas asimismo, ha recordado que el Gobierno británico había dicho que reconocerá a Palestina y “me parece que este (el evento) es el momento” para cumplir la promesa, enfatiza, aunque afirma que esta postura decepcionará a los israelíes.

    Thornberry participará en la cena oficial que contará también con la presencia del primer ministro israelí, Benyamin Netanyahu. Lo hará en lugar del líder de PL, Jeremy Corbyn, que ya ha confirmado su ausencia en el evento.

    Según los informes, Netanyahu viajará a Londres (capital británica) a principios de noviembre para participar en esos actos conmemorativos. Será su segunda visita al Reino Unido en un año, después de reunirse con May en febrero. Fue entonces cuando la primera ministra le invitó a participar en los eventos. La programada visita ha provocado muchas críticas.

    Fuente: Hispan TV