Etiqueta: OPINIÓN

  • El futuro de Jerusalén lo determinarán los palestinos en las calles

    El futuro de Jerusalén lo determinarán los palestinos en las calles

    Por Javier Karmy Bolton

    El proceso de paz cumplirá un año más y el único avance concreto es la disminución de libertades, recursos y poder de autonomía de los palestinos en su propia tierra.

    “El futuro de Jerusalén lo determinarán los palestinos en las calles y no por alguien desde la Casa Blanca”, dijo el colaborador del diario Electronic Intifada, Budour Youssef Hassan, en medio de los denominados “días de furia” en contra de la decisión unilateral de Donald Trump de mover su embajada de Tel Aviv a la Ciudad Santa, que en la práctica significa reconocerla como capital de Israel. Esto es algo que en las resoluciones de la ONU, así como en diversas instancias multilaterales e incluso en el proceso de paz, era claro: Jerusalén, además de pertenecer a Palestina, tenía un estatus especial.

    El proceso de paz cumplirá un año más y el único avance concreto es la disminución de libertades, recursos y poder de autonomía de los palestinos en su propia tierra. Se habló de la Hoja de Ruta, de la necesidad de lograr un gobierno de unidad; incluso se hicieron elecciones, se hicieron “gestos”, compromisos concretos, pero siempre esos esfuerzos se cargaron hacia los palestinos y los beneficios al Estado de Israel.

    Y esta decisión de Trump solo viene a transparentar que el pueblo palestino vive bajo mandato israelí y que las pocas porciones de tierra autónoma de lo que fue la Palestina Histórica están absolutamente desconectadas entre sí, controladas por las fuerzas israelíes y en algunos casos por las palestinas que responden también a las israelíes.

    Si se mira en detalle la situación, se podrá ver que los palestinos no tienen libertad de movimiento, no tienen control de sus recursos naturales, tampoco de sus recursos económicos, menos de su política interna (ni siquiera se reconocieron las elecciones que hicieron los palestinos). Gaza es la prisión a cielo abierto más grande del mundo y en ese lugar se visualiza con claridad lo que estamos diciendo: todo lo controla Israel, partiendo por el elemento vital como lo es el agua, las medicinas, a quienes segregan, cómo y un largo etcétera.

    De poco y nada han servido los gestos palestinos para el proceso de paz, cuando del otro lado del muro tienen un sistema de colonización que avanza y no se detiene, tanto así que Trump, el “Presidente del mundo”, anunció el cambio de ciudad de la embajada y no hay fuerza aparente que lo contrapese. Sin embargo, es positivo que Trump haya transparentado al mundo su posición, pues se “rumoreaba” que Estados Unidos era juez y parte, pues enviaba año a año millones de dólares para apoyo militar a Israel, pero -según decían- en realidad no era muy claro el apoyo… aunque en la ONU vetaba prácticamente todas las resoluciones y condenas que se votaban en contra de Israel, incluso cuando había una rotunda mayoría.

    Ahora, no hay más excusas. Lo que ha hecho Trump es transparentar al mundo que en realidad el gobierno estadounidense apoya explícitamente a Israel en el exterminio palestino, en la ocupación israelí, en la violación permanente de los derechos de los palestinos, en la conculcación del agua y los recursos naturales; y también -y quizás sea lo más importante que se podría interpretar- ahora la solución de los dos estados ha muerto, como hace tiempo vienen diciendo analistas de la Cuestión Palestina. Pero gracias Trump, porque ahora se aclara el sitio donde estamos, y por ende, también hacia dónde hay que dirigirse.

    Sí, dicen que Trump apoya a la única democracia del medio oriente… Pero, por favor, no creamos más historietas infantiles. Ya en ningún área o sitio los representantes del Estado de Israel pueden estar tranquilos, porque adonde se presentan son funados. Tanto en el fútbol, como en el arte, lo académico o sus “falsas soluciones” ambientales. Por eso, la claridad del horizonte se ilumina con este amanecer y se llama Boicot a Israel, la única forma de enfrentarse a quien aniquila al pueblo palestino.

    Gracias Trump, porque desde ahora en adelante las herramientas de la campaña palestina por el Boicot, la Desinversión y las Sanciones a Israel (BDS) están siendo multiplicadas. En cada escuela hay una charla, en cada universidad un documental, en cada sindicato se están imprimiendo volantes, en cada local comercial se está evitando traer productos susceptibles de crear manifestaciones… Y claro, las llaves del BDS se están multiplicando. Es que Palestina no está sola, porque los palestinos riegan el mundo.

    Gracias Trump por transparentar lo que era complejo de explicar; ahora simplemente declaramos nuestra independencia de la Nueva Palestina con Jerusalén como su capital indisoluble y eterna. Ahora, con las llaves multiplicadas comienza el tiempo del retorno, comienza el tiempo de la apertura de nuestras embajadas, que serán espacios de libertad. No será fácil, y no lo ha sido, pero con una lucha firme, seria, sistemática y obstinada, botaremos todos los muros y abriremos nuestro país. Es que “el futuro de Jerusalén será determinado en las calles por los palestinos, y no por alguien desde la Casa Blanca”… Y sí, la invitación está abierta a quien quiera participar.

    Fuente: Javier Karmy Bolton, El Ciudadano – Chile

  • El fracaso del derecho internacional en el caso de Palestina

    El fracaso del derecho internacional en el caso de Palestina

     

    La decisión de Donald Trump de reconocer a Jerusalén como capital de Israel es, a todas luces, un desconocimiento directo del derecho internacional que, supuestamente, rige las relaciones entre países y el accionar de organismos como la ONU.

    Un joven palestino exhibe la V de victoria frente a la mezquita de Al Aqsa.AFP

    Lo anterior puede entenderse por la configuración de poderes en nuestro sistema internacional que, sumado a la estructura misma de los organismos internacionales que velan por la aplicación adecuada del régimen legal y la seguridad de sus miembros, dificulta enormemente la resolución de conflictos en zonas de alta estrategia para los actores más relevantes.

    La génesis de este conflicto fue la conformación del Estado de Israel en 1948, cuando la ONU aprobó la división del territorio conocido como Palestina en dos Estados, uno árabe y otro judío (en ese entonces el territorio se encontraba bajo administración británica), con una particularidad: habría un área de control internacional administrada por la ONU que incluía a Jerusalén y Belén. Este proceso de partición derivó en la Primera Guerra Árabe-Israelí de 1948, conflicto en el que participaron Egipto, Siria, Líbano, Irak, Arabia Saudí, Yemen, Jordania y estructuras militares conformadas por palestinos, quienes se oponían a la creación de un Estado judío en el mencionado territorio.

    Esta guerra culminó con la victoria de Israel y la posterior ocupación de una porción adicional de territorio que, según el plan de partición de la ONU, correspondía a los palestinos. Originalmente, este territorio ocupado no determinaba una nueva frontera política o territorial (así quedó consignado en el armisticio árabe-israelí de 1949).

    Sin embargo, la historia volvió a repetirse y en 1967 la segunda guerra árabe-israelí, la cual inició mediante un ataque preventivo de Israel ante la movilización militar de Egipto, Jordania y Siria, le permitió al Estado judío ocupar la Península del Sinaí, Cisjordania, la Franja de Gaza y los Altos del Golán. Después de esta guerra, Israel logró la completa unificación de Jerusalén y, en 1980, proclamó a la ciudad santa como capital indivisible de su Estado.

    Poco importaron las resoluciones 242 (1967), 338 (1973), 446 (1979) 476 (1980), 478 (1980) y 479 (1981) del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, que instaban a Israel a retirarse de los territorios ocupados y a cesar conductas que podían ser consideradas como tentativas de anexión territorial (como la construcción de asentamientos judíos en los territorios palestinos ocupados). Tampoco importó la condena categórica que hizo el Consejo de Seguridad sobre la pretensión de anexión territorial de Jerusalén del Este, lo cual llevó al retiro de las embajadas extranjeras ubicadas en Jerusalén del Oeste (controlada por Israel desde 1949), mandato de la ONU que fue cumplido por todos los países con representación diplomática en Israel.

    En este punto de la historia, Israel había negociado con Egipto la entrega de la Península del Sinaí a cambio de su renuncia al reclamo de un Estado Palestino (1978). También contaba con el apoyo incondicional de Estados Unidos ante cualquier iniciativa del Consejo de Seguridad que amenazara con intervenir directamente en el territorio a favor de los palestinos.

    Además, el proceso de anexión territorial ya se encontraba lo suficientemente adelantado, los asentamientos judíos en territorio palestino seguían creciendo y la amenaza de injerencia de los países vecinos se había reducido a una mínima expresión.

    Ante esa disyuntiva, de tener una potencia ocupante con claras pretensiones de anexión territorial aliada con una potencia internacional con capacidad de vetar cualquier iniciativa que propendiera por salvaguardar el régimen de derecho internacional y la libre determinación del pueblo palestino, la solución de la comunidad internacional fue abogar por canales diplomáticos y negociaciones de paz entre palestinos y judíos.

    Negociaciones que siempre resultaron frustradas por las asimetrías de poder entre las partes que negociaban y que parecían ser intenciones de legitimar el proceso de ocupación emprendido en 1949. Palestinos y judíos nunca pudieron ponerse de acuerdo sobre la creación de un Estado Palestino cuya capital fuera Jerusalén del Este, tampoco pudieron acordar qué hacer con los asentamientos judíos en el territorio ocupado, ni con los refugiados palestinos que añoraban volver a su tierra natal.

    La consecuencia ha sido la prolongación de esta ocupación ilegal, la incapacidad de la comunidad internacional de interferir de manera decisiva en este conflicto, la imposibilidad de que los palestinos puedan ejercer su derecho a la libre determinación y la constante deslegitimación del derecho internacional como canal viable para dirimir disputas internacionales.

    La declaración de Trump, por tanto, no es un hito histórico que plantee una nueva dinámica en torno al problema de palestina. Por el contrario, se puede entender como una consecuencia de la incapacidad histórica de la comunidad internacional por frenar las pretensiones de anexión de Israel y garantizar los derechos de los palestinos.

    *Politólogo

    Fuente: https://www.elespectador.com/noticias/el-mundo/analsis-el-fracaso-del-derecho-internacional-en-el-caso-de-palestina-articulo-727408

  • Denunciar que Israel exporta armas a países que están llevando a cabo un genocidio es una obligación moral

    Denunciar que Israel exporta armas a países que están llevando a cabo un genocidio es una obligación moral

    Imagen de las fuerzas de seguridad israelíes en Belén (Cisjordania) [Mamoun Wazwaz/Anadolu Agency]
     En noviembre de 2016, el tribunal supremo de Israel se negó a aceptar una demanda para que fueran reveladas las exportaciones de armas a la antigua Yugoslavia durante el genocidio en Bosnia en los 90. El tribunal estableció exponer la implicación de Israel en un genocidio dañaría las relaciones exteriores hasta tal punto que superaría con creces el interés público por saber dicha información y la posible condena de los implicados.

    Nosotros, los que llevamos a cabo la demanda, el abogado Eitay Mack y yo, presentamos a la corte evidencias de que Israel exportaba material de defensa a las fuerzas Serbias de aquel momento, incluyendo entrenamiento, municiones y rifles. Entre otras cosas, presentamos el diario personal del General Ratko Mladic, actualmente juzgado por la corte internacional de justicia por cometer crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad y genocidio. El susodicho diario menciona explícitamente los generosos acuerdos de armas entre Israel y Serbia,

    Las exportaciones tuvieron lugar mucho después de que el Consejo de Seguridad de la ONU impusiera un embargo de armas a varios de los bandos enfrentados en la guerra yugoslava, después de que varios testimonios hubieran denunciado el genocidio y la creación de campos de concentración.

    La respuesta del fiscal general de Israel a la desestimación de la demanda por parte del tribunal no es otra cosa que una confesión de que Israel cooperó en el genocidio Bosnio. Si el gobierno no hubiera tenido nada que perder, los documentos en cuestión no habrían supuesto ninguna amenaza para las relaciones exteriores.

    Entre 1991 y 1995, la antigua Yugoslavia se fracturó. Pasando de una república multiétnica a una colección de países que se lanzaron a combatir los unos contra los otros en una sangrienta guerra civil en la que, además de masacres, se produjo un genocidio.

    Los serbios declararon la guerra a Croacia entre 1991 y 1992, y contra Bosnia desde 1992 y 1995. En ambos conflictos se cometieron procesos genocidio y  de limpieza étnica contra los musulmanes de las áreas ocupadas por los serbios. Murieron más de 250.000 personas, hubo miles de heridos, hambrunas y multitud de mujeres fueron violadas, además las personas que fueron encerradas en campos de concentración.

    Otros bando del conflicto también cometieron crímenes de guerra, pero la demanda de la que hablábamos se centra en la colaboración entre Israel y las fuerzas serbias. Los horribles y crueles actos cometidos en Yugoslavia fueron los peores desde la segunda guerra mundial y el genocidio nazi contra el pueblo judío.

    Una de las masacres más conocidas en la que llevaron a cabo los soldados al mando del general Ratko Mladic en los alrededores de la ciudad de Srebrenica, en 1995. Allí, como parte de una campaña de limpieza étnica contra los musulmanes de la zona, las fuerzas serbias asesinaron a más de 8.000 bosnios y los enterraron en fosas comunes. Aunque se suponía que la ciudad estaba bajo la protección de la ONU, cuando comenzó la masacre los Cascos Azules no intervinieron. En 2012 Mldic fue extraditado a la Haya, a la Corte Penal Internacional, y el juicio todavía sigue.

    Durante aquella época, prominentes organizaciones judías pidieron el fin inmediato del genocidio y el cierre de los campos de la muerte. Algo que no hizo el Estado de Israel. De puertas para afuera condenó la masacre, pero mientras, por la puertas, vendía armas y entrenaba aquellos que estaban llevando a cabo los crímenes.

    Hemos recopilado numerosos testimonios acerca de envíos de armas israelíes a Serbia, y que fueron incluidos en la demanda. Además hemos incluído evidencias de que dichos envíos se llevaron a cabo mucho después de que la ONU aplicara su embargo, en septiembre de 1991. Los testimonios han sido verificados y han sido expuesto aquí, tal y como aparecen en la petición, con las correspondientes abreviaciones.

    En 1992, un antiguo alto cargo del ministerio de defensa serbio publicó un libro, “El ejército serbio”, en el que escribió acerca de estos acuerdos de armas, y que está firmado un mes después de que el embargo entrara en vigor. “Uno de los mayores acuerdos se llevó a cabo en octubre de de 1991. Por razones obvias, el acuerdo con los judíos no se hizo público en aquel momento.

    Un israelí voluntario en una organización humanitaria en Bosnia por aquel entonces testificó que en 1994 un funcionario de la ONU le pidió que mirara los restos de un proyectil de 120 milímetros –en el que podían leerse letras hebreas– que había explotado en la pista de aterrizaje del aeropuerto de Sarajevo. También confesó haber visto a Serbios desplazándose por Bosnia con ametralladoras Uzi fabricadas en Israel.

    En 1995 se supo que los traficantes de armas israelíes, en colaboración con los franceses, habían cerrado un acuerdo para suministrar a Serbia con misiles LAW. Según los informes de 1992, una delegación del ministerio israelí de defensa fue a Belgrado y firmó el trato para suministrar dichos proyectiles.

    El mismo general Mladic juzgado por genocidio y crímenes de guerra, escribió en su diario que “desde Israel le habían propuesto una lucha conjunta contra el islamismo radical, además de ofrecerle entrenar a sus hombres en Grecia y un suministro ilimitado de rifles de francotirador”. Por otra parte, un informe preparado a petición del gobierno holandés en relación a la investigación sobre Srebrenica contiene lo siguiente:

    «Belgrado considera a Israel, Grecia y Rusia sus mejores aliados. En otoño de 1991 Serbia cerró un acuerdo de armas con Israel.»

    En 1995 se supo también que los comerciantes de armas israelíes suministraron armamento al VRS –el ejército de la república de Srpska, el ejército serbo bosnio–. Este otro envío se hizo, sin lugar a dudas, con el conocimiento del gobierno israelí.

    Tenemos informes de activistas por los derechos humanos acerca de israelíes entrenando al ejército serbio. Probablemente el pacto de armas con los serbios permitió huir a los judíos residentes en Sarajevo, pero no podemos probarlo.

    Mientras todo esto estaba pasando en relativo secreto, a nivel público el gobierno de Israel expresaba sus temores acerca de la situación, como si fuera una cuestión de causa mayor y no una masacre hecha por el hombre. En julio de 1994, el director del comité de relaciones exteriores y defensa de la Knesset, Ori Or, visitó Belgrado y dijo: “Nuestra memoria está viva. Sabemos lo que significa vivir con boicots. Todas las resoluciones de la ONU contra nosotros han sido aprobadas con una mayoría de dos tercios”. Ese mismo año, el vicepresidente de EE.UU., Al Gore, llamó al embajador de Israel y advirtió a Tel Aviv que abandonara esta línea de cooperación.

    Vista general de una sesión plenaria del parlamento israelí [foto de archivo]

    La sesión del tribunal supremo en la que el Estado respondía a nuestra demanda fue llevada a cabo  en parte, es decir, que los demandantes no estábamos autorizados a escucharla. Los tres jueces del tribunal rechazaron nuestra demanda y aceptaron la postura del Estado de que revelar los detalles de estos envíos de armas a Serbia durante el genocidio dañaría demasiado las relaciones exteriores de Israel y afectaría a su seguridad, por lo que los potenciales daños serían mayores que el interés público por conocer los detalles y la verdad de estos hechos.Esta sentencia es cuestionable e incluso peligrosa por muchas razones. En primer lugar, la aceptación del tribunal de los argumentos del Estado acerca de cuánto afectaría la verdad a sus relaciones exteriores es desconcertante. A principios de año, el mismo tribunal rechazó una demanda similar relativa a las exportaciones durante el genocidio de Ruanda, sin embargo un mes después el Estado admitió que dichas exportaciones finalizaron cinco días después de que se iniciaran las matanzas.

    ¿Por qué el tribunal supremo justifica ignorar este fraude, incluso negándose a aceptarlo como evidencia? Después de todo, es evidente que el Estado exageró al asegurar que estas informaciones dañarían las relaciones exteriore de Israel.

    Es de vital importancia para el interés público exponer la involucración del Estado en un genocidio, incluso cuando es a través de comerciantes de armas, particularmente cuando un Estado fue fundado sobre la desolación de su pueblo tras el Holocausto.

    No es sólo de interés para los israelíes, sino también para todas las víctimas del Holocausto, el tener una conducta moral completamente distinta. Cuando el tribunal tiene en cuenta crímenes de guerra, también debe considerar los intereses de los segundos

    Cuando el tribunal cierra investigaciones en casos de genocidio porque pueden dañar al Estado –algo que sigue sin ser probado– anula la búsqueda de justicia para las víctimas de dichos crímenes y envía un claro mensaje: que el derecho del Estado a la seguridad, real o imaginaria, es absoluto, y está por encima de los derechos de los ciudadanos.

    La sentencia del tribunal supremo podría llevar a concluir que cuanto mayor sea el crimen, más fácil es de ocultar. Esto es algo inaceptable. Convierte a los jueces en cómplices, y de manera inadvertida convierten a Israel en cómplice de crímenes de guerra, negando a los demandantes su derecho democrático a debatir la cuestión en público.

    El Estado se enfrenta a una serie de demandas similares relacionadas con su colaboración con los gobiernos de los asesinos. Incluso si ignorar estas demandas también interesa al Estado, el tribunal supremo debe dejar de ayudar a ocultar estos crímenes, para que aunque los culpables no sean procesados, se evite que repitan acciones similares en el futuro.

    Cuando el Estado de Israel, nuestro gobierno, vende armas a genocidas, traiciona el legado y la memoria del Holocausto, nuestro particular genocidio. Lo mismo ocurre cuando negamos los genocidios sufridos por otros pueblos, como negamos el genocidio armenio.

    Vender armas a Serbia y Ruanda al mismo tiempo que llevan a cabo un genocidio es lo mismo que vender armas a la Alemania Nazi durante el Holocausto

    Nosotros, los israelíes, deberíamos preguntarnos estas complejas preguntas. Debemos preguntarnos cuestiones acerca de nuestra responsabilidad con semejantes actos de injusticia, y considerar posibles acciones para evitarlas, ya sean individuales o colectivas.

    Para mí hay una enseñanza, o un legado, del Holocausto y el genocidio: el valor universal de la vida humana, allí donde se encuentre. El principio fundamental que guía mis acciones es esta sacralidad de la vida humana y la igualdad de los seres humanos ya sean serbios, bosnios, tutsis, turcos, armenios, palestinos o judíos.

    Para nosotros, para Eitay y para mí mismo, nuestras acciones están motivadas por nuestros valores molares, de una forma que nos impide no llevarlas a cabo. Incluso después de dos sentencias del tribunal supremo, relativas a Serbia y Ruanda, no nos rendimos. Estamos intentando proceder a través de otras vías legales, y estamos intentando, tanto como podemos, movilizar a la sociedad civil.

    Sobre el autor de este artículo: 

    Yair Auron reside en Neve Shalom-Vahat el Salam, la única comunidad judía-árabe de Israel,  es un profesor israelí especializado en los ámbitos del genocidio, la educación sobre el genocidio, el judaísmo contemporáneo y las relaciones entre israelíes y palestinos. Sus numerosos ensayos y casi 40 libros sobre estos temas han sido publicados en hebreo, inglés, francés, alemán, armenio y ruso. Más de 15.000 estudiantes hasta la fecha se han inscrito en el curso del profesor Auron en Estudios de Genocidio en la Universidad Abierta de Israel, convirtiéndolo en el curso más grande del mundo de su tipo. Recientemente el curso se ha introducido en Armenia. Auron reside en Neve Shalom-Vahat el Salam, la única comunidad judía-árabe de Israel, donde creó un Jardín de los Justos para honrar a hombres y mujeres que arriesgaron sus vidas para rescatar a las víctimas de la persecución. Auron ha luchado durante muchos años por el reconocimiento mundial del genocidio armenio, al tiempo que trabaja activamente para defender la causa de la paz en Israel y en todo el mundo.

    Fuente: https://www.monitordeoriente.com/20170706-desvelar-que-israel-exporta-armas-a-paises-que-estan-llevando-a-cabo-un-genocidio-es-una-obligacion-moral/

  • En la era de los incendios forestales, la ley de Israel contra las cabras palestinas muestra una herida autoinfligida por el sionismo

    En la era de los incendios forestales, la ley de Israel contra las cabras palestinas muestra una herida autoinfligida por el sionismo

    Mondoweiss

    La prohibición de Israel de pastorear cabras negras -con el pretexto de que causan daño ambiental- será derogada después de casi siete décadas de aplicación que ha diezmado las tradiciones pastorales de las comunidades palestinas.

    El Gobierno israelí parece haber admitido finalmente que en una era de cambio climático la amenaza de los incendios forestales para las comunidades israelíes está creciendo rápidamente en ausencia de las cabras.

    Tradicionalmente las cabras despejaban la maleza que ahora se ha convertido en un polvorín a medida que Israel experimenta sequías de verano cada vez más largas y más cálidas. Hace exactamente un año Israel fue golpeado por más de 1.500 incendios que causaron daños generalizados.

    La historia de la humilde cabra negra, que casi ha sido eliminada de Israel, no es simplemente una de las consecuencias involuntarias. Sirve como una parábola para los delirios y la autodestrucción de un sionismo empeñado en borrar a los palestinos y crear un pedazo de Europa en el Medio Oriente.

    La Ley de Protección Fitosanitaria de 1950, una de las primeras medidas de Israel, se introdujo como una forma de proscribir la cabra negra, también conocida como la cabra siria, de grandes áreas del país. Las cabras habían sido el alma de las comunidades agrícolas beduinas.

    En ese momento los funcionarios declararon que la cabra estaba dañando la vegetación, especialmente los millones de pinos recientemente plantados para forestación.

    A los ojos de los padres fundadores de Israel los árboles estaban cumpliendo una importante misión sionista. Estaban allí para ocultar los escombros de más de 530 aldeas palestinas que el nuevo Estado se había propuesto destruir y evitar el regreso de unos 750.000 palestinos que fueron expulsados ​​durante la guerra de 1948 que fundó Israel, episodio que los palestinos llaman Nakba, «catástrofe» en árabe.

    Cerca de las ruinas de las aldeas Israel estableció cientos de comunidades exclusivamente judías como el kibbutz y el moshav para cultivar las antiguas tierras de los ahora refugiados palestinos.

    Tanto la prohibición de las cabras como la plantación masiva de pinos europeos fueron parte de los esfuerzos del sionismo para vender la limpieza étnica de los palestinos como «ambientalismo», una agenda supuestamente verde que ahora se está exponiendo como una farsa.

    Plantación de bosques de pinos

    Se alentó a los judíos de todo el mundo a poner monedas en «cajas azules» de caridad como donación para ayudar al joven Estado a «redimir la tierra».

    De hecho el dinero se usaba principalmente para plantar pinares en las aldeas palestinas arrasadas, lo que hacía imposible que los refugiados volvieran y reconstruyeran sus hogares.

    Además el pino fue útil porque era de crecimiento rápido y una planta perenne, envolviendo en la oscuridad de todo el año la evidencia de la limpieza étnica cometida durante la creación de Israel. Y los bosques desempeñaron un papel psicológico, transformando el paisaje en formas diseñadas para hacer que pareciera familiar a los recientes inmigrantes europeos y aliviar su nostalgia.

    Finalmente las agujas de pino caídas acidificaron el suelo haciendo casi imposible que compitan los árboles autóctonos. Las especies nativas como el olivo, el naranjo, el almendro, el nogal, el granado, el cerezo, el algarrobo y la morera, fueron un componente vital de la dieta de las comunidades rurales palestinas. Su reemplazo por el pino tenía la intención de hacer aún más difícil a los refugiados palestinos restablecer sus comunidades.

    El Fondo Nacional Judío, una organización benéfica sionista reconocida internacionalmente, estaba a cargo de la plantación y el mantenimiento de estos bosques. Paradójicamente, su sitio web elogia su trabajo en Israel como «innovadores en el desarrollo ecológico y pioneros en la forestación y la prevención de incendios». El FNJ afirma haber plantado unos 250 millones de árboles en todo Israel.

    Como una reivindicación del éxito de Israel en la venta de estas políticas de colonización como ambientalismo, las Naciones Unidas mencionan que el FNJ tiene experiencia en cambio climático, forestación, gestión del agua y asentamientos humanos. La ONU también permite a la organización patrocinar paneles y talleres en conferencias del organismo alrededor del mundo.

    En septiembre el FNJ asistió a la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación, para «presentar sus actividades para crear un mundo más verde», según informó.

    Campesinos judíos guerreros

    Con la ley de 1950 -también conocida como Ley de daños la cabra- Israel continuó las políticas de colonización de tierras, esta vez no contra los refugiados palestinos, sino contra el pequeño número de comunidades palestinas que sobrevivieron a la Nakba.

    Hacia el final de la guerra de 1948, unos 150.000 palestinos todavía se aferraban a sus comunidades, principalmente en el norte, en Galilea, y en el sur, en el semidesértico Negev o Naqab. En 1952, bajo presión internacional, a estos palestinos se les otorgó la ciudadanía.

    Muchas de las comunidades palestinas supervivientes sabían poco más de una agricultura que sus antepasados ​​habían practicado en la región durante generaciones. Pero el credo del sionismo del «trabajo hebreo» permitiría a los judíos «hacer florecer el desierto» y rehacerse como agricultores guerreros «sabras«, requería que los palestinos fueran desplazados de las tierras agrícolas.

    Se estima que alrededor del 70 por ciento de la tierra perteneciente a comunidades palestinas en Israel fue confiscada por el Estado y ahora está en manos de los judíos de todo el mundo. Privados de tierra y acceso a agua barata para la agricultura, la mayoría de los ciudadanos palestinos se vieron obligados a convertirse en trabajadores ocasionales, muchos de ellos en la construcción de localidades en el centro del país.

    Pero un grupo fue visto como una amenaza particular al nuevo ethos sionista, y especialmente difícil de convertir en una fuerza de trabajo cautiva. Los beduinos, ubicados en lugares remotos en las colinas de Galilea y en las llanuras polvorientas del Neguev, y su estilo de vida pastoril, pastoreando cabras y ovejas, hacía difícil a Israel controlarlos.

    «Dunam tras dunam»

    Desde el principio el movimiento sionista identificó la importancia de la conexión entre la tierra y las cabras. Y el papel central que ambas desepeñaron en el mantenimiento de la identidad palestina y el refuerzo de una tradición de «sumud«, o firmeza.

    Uno de sus primeros lemas, refiriéndose a una unidad otomana de medición de la tierra, era «dunam tras dunam, cabra tras cabra». El objetivo era tomar Palestina trozo por trozo, de forma progresiva y silenciosa que pasaría desapercibida para el resto del mundo.

    Después de la Nakba Israel recurrió a políticas de contención agresivas contra los beduinos que no habían sido expulsados ​​fuera de las nuevas fronteras del Estado. Estas políticas se centraron en sus tierras y rebaños.

    En 1965, el año anterior al fin del gobierno militar sobre los ciudadanos palestinos, una Ley de Planificación y Construcción desconoció a casi todas las comunidades beduinas. Sus hogares fueron declarados ilegales y se les denegaron todos los servicios públicos.

    El objetivo de Israel era acorralar a los beduinos en un puñado de «municipios» urbanizados, obligándolos a abandonar la agricultura y convertirse en trabajadores eventuales en una economía judía, como otros ciudadanos palestinos.

    La Ley de Protección de Plantas de 1950 dio un golpe especialmente duro a los beduinos. Las cabras negras les suministraban leche para su propio uso y venta y las pieles se usaban para tiendas y mantas.

    Como ministro de Agricultura a fines de la década de 1970, Ariel Sharon intensificó la campaña contra los beduinos y de manera similar prefirió ocultar sus políticas tras una preocupación falsa sobre la ecología.

    En su caso hizo una inversión privada con el éxito de «judaizar» el Estado en el Negev y deshacerse de la mayoría de los beduinos, en 1972 había adquirido un vasto rancho allí, que alcanzaba los 4 kilómetros cuadrados.

    Anteriormente la tierra había pertenecido a refugiados de la destruida aldea palestina de Houg, ahora encarcelados en Gaza. El médico y autor palestino Hatim Kanaaneh señala que la única estructura restante de la aldea, la mezquita, estaba «sirviendo de corral a los caballos árabes de pura sangre [de Sharon]».

    La patrulla verde

    Cinco años después de haber comprado el rancho Sycamore, Sharon creó la «Patrulla Verde», una unidad paramilitar de la Autoridad de Naturaleza y Parques de Israel, cuyas tareas incluían capturar y matar a las cabras negras de los beduinos.

    El activista de la comunidad palestina Maha Qupty señala que en los primeros tres años de las operaciones de la Patrulla Verde el número de cabras negras fue reducido en un 60 por ciento, de 220.000 a 80.000. Las prácticas de la patrulla fueron tan brutales que un vigilante oficial, el Contralor del Estado, censuró a la unidad en su informe de 1980.

    El número de cabras en Israel ha caído mucho más en los últimos años. Un informe en el periódico Haaretz señaló que en 2013 solo había 2.000 cabras pastando en el vasto bosque de Carmel y alrededores, al lado de Haifa, frente a las 15.000 de antes del establecimiento de la Patrulla Verde.

    Y fue en esa misma colina del Carmel donde se hizo evidente el peligro que representaba la desaparición forzada de las cabras.

    El extenso bosque que abraza las laderas de las alturas del Carmel fue plantado para cumplir y ocultar la expulsión de varias aldeas palestinas. Pero en 2010 el bosque se vio envuelto en llamas que finalmente costaron la vida de 44 personas. La mayoría eran guardias que viajaban a la prisión de Damun, donde los presos políticos palestinos están retenidos fuera de los territorios ocupados en violación del derecho internacional.

    El incendio, que se prolongó durante cuatro días, requirió la evacuación de 17.000 personas de sus hogares, incluso de sectores de Haifa.

    Ese incendio fue el preludio de otros mucho más generalizados hace un año, al final de un largo verano seco. Se reportaron alrededor de 1.700 incendios en todo Israel y Cisjordania, muchos de ellos en los bosques que Israel plantó sobre las aldeas destruidas. Haifa resultó nuevamente dañada.

    La herida autoinfligida del sionismo

    Tanto de los brotes de incendios forestales de 2010 como de los de 2016 la policía y los funcionarios del Gobierno acusaron a los ciudadanos palestinos, a pesar de la escasez de pruebas y condenas para respaldar tales afirmaciones.

    Las denuncias de incendio premeditado fueron una desviación útil de la realidad: que los incendios eran un objetivo propiamente sionista. El peligro planteado por la plantación de pinos europeos inadecuados en las áridas condiciones del Medio Oriente se había visto agravado por los veranos más largos -cuando se inició el cambio climático- y por la devastación de las cabras negras que habrían despejado la vegetación alrededor de los árboles para evitar que los incendios se propagaran rápidamente.

    De hecho hubo advertencias de que estos bosques de pinos constituían un peligro de incendio mucho antes del advenimiento de un cambio climático significativo. Hace casi 20 años visité un kibbutz en el borde del Carmel, donde había habido un incendio reciente.

    Nir Etzion se sienta en las tierras agrícolas de Ayn Hawd, que era un raro ejemplo de un pueblo palestino que había escapado de la destrucción, en su caso, para ser reinventado como una colonia de artistas judíos con un nombre similar, Ein Hod.

    Ciertos directivos de Nir Etzion me contaron una historia familiar y paranoide: que los refugiados internos palestinos, que vivían cerca, habían encendido el fuego para sacarlos de su kibbutz. Los kibbutzniks pasaron por alto el hecho de que los refugiados se vieron en peligro mucho más grave por el fuego.

    Como relaté en mi contribución a un libro de ensayos, Catastrophe Remembered, los expertos ya tenían claro que los pinares europeos plantados en las colinas del Carmel eran peligrosos por las condiciones áridas de la región.

     «Reparar la injusticia histórica»

    Pero hasta este mes los sueños del movimiento sionista -de hacer desaparecer todas las huellas de una Palestina que existía antes de la creación de Israel- habían demostrado ser mucho más potentes que el peligro de los incendios forestales.

    Paradójicamente le ha tocado a Jamal Zahalka, un miembro palestino del Parlamento israelí, sacar a sus colegas de sus delirios y hacer frente a la realidad del cambio climático.

    Zahalka es la fuerza motriz detrás del esfuerzo por derogar la ley de 1950, justificando su revocación en un estudio realizado por una buena institución sionista: el Technion, la famosa universidad técnica de Israel. Su investigación confirmó una sabiduría que era obvia para generaciones de agricultores palestinos: que las cabras pastan en arbustos y matorrales secos y por lo tanto suprimen el riesgo de incendios.

    Zahalka ha declarado que la derogación de la ley de 1950 «restaurará el honor perdido de las cabras” y «reparará una injusticia histórica» para los agricultores palestinos.

    Zahalka ha ganado el respaldo del ministro de Agricultura Uri Ariel y de Ayelet Shaked, la ministra de Justicia. Ambos están estrechamente vinculados al movimiento de colonos y Ariel es un directivo del FNJ.

    Pero frente a la evidencia científica y la amenaza de más incendios Ariel ha reculado. «Las cabras son un factor importante en la prevención de incendios y queremos fomentar el pastoreo», dice ahora.

    Tristemente a los gobiernos israelíes les ha tomado casi 70 años revertir su política de destrucción de la cabra negra, una política que intencionalmente buscaba destruir la agricultura palestina y, con ella, las comunidades, el patrimonio y la identidad palestinas.

    Fuente: http://www.jonathan-cook.net/2017-12-01/forest-fires-israel-goats-zionism/

    Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y rebelión como fuente de la traducción.

    Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=234983&titular=en-la-era-de-los-incendios-forestales-la-ley-de-israel-contra-las-cabras-palestinas-

     

  • 16 razones e implicaciones del traslado de la Embajada de EEUU a Jerusalén

    16 razones e implicaciones del traslado de la Embajada de EEUU a Jerusalén

    Después de ordenar la mayor reducción de tierras públicas protegidas de la historia de EEUU, hacer la mayor bajada de impuestos en 30 años, y conseguir que el Tribunal Supremo avalase su infame solicitud de prohibir la entrada de personas procedentes de ocho países en su mayoría musulmanes (entre los que no está Arabia Saudí, acusada por el propio Trump y el Congreso de estar detrás del 11-S), el presidente de EEUU deshace la política tradicional de EEUU respecto a Palestina: anuncia el reconocimiento de Jerusalén ocupado como capital de Israel y ordena el traslado de la Embajada de su país a esta ciudad. Trump así, en un acto suicida, despoja a los palestinos de todos sus derechos para dárselos a Israel.

    Durante 70 años, EEUU ha permitido a Israel robar las tierras palestinas (incluso cuando pretendía ocultarlo firmando la Resolución 2334) y hacer una limpieza étnica. Esta decisión de Trump representa una nueva fase en la agresión al pueblo palestino. Ni Bill Clinton ni George W. Bush, que también prometieron mudar la Embajada a Jerusalén, se atrevieron a hacerlo. Habían dejado que el propio Israel a través de sus políticas ilegales y leyes se apoderase de la Ciudad Santa. De hecho, la ‘Ley del Gran Jerusalén’ incluye la expulsión de los palestinos “residentes” de su ciudad natal con mil artimañas, aumentar la población judía de la urbe trasladando a miles de colonos judíos como votantes elegibles, ampliar sus límites municipales para incluir los asentamientos ilegales en Cisjordania, y limitar aún más los derechos de los palestinos, todo ello para distorsionar la identidad de Jerusalén.

    Entonces, ¿qué ganaría Donald Trump con una medida que aísla a EEUU, perjudica sus intereses en Oriente Próximo y amenaza su seguridad?

    El anuncio ha sido un balón de oxígeno para Netanyahu, que tuvo que soportar la protesta de decenas de miles de israelíes el pasado 2 de diciembre pidiendo la dimisión de su gabinete por corrupción.

    Una urbe santísima

    Jerusalén, cuyo nombre árabe es Al-Quds (“Lo sagrado”), fue fundada por el reino Ugarit (1450 a. C – 1180.C.) con el nombre de Ur-shalim (Ciudad Apacible). Es para los judíos el lugar de la construcción del primer templo de su fe, para los cristianos la ciudad donde Jesús desarrolló su misión, y para los musulmanes desde donde Mahoma ascendió al cielo. Conquistada por casi todos los imperios viejos y actuales, Jerusalén fue ocupada en su mitad Occidental por Israel durante la guerra árabe-israelí de 1948 y en su mitad Oriental (que estaba bajo el control jordano) en la guerra del 1967. En 1980, Israel aprobó la “Ley de Jerusalén” para anexionar la parte oriental, que desde entonces está ilegalmente bajo su jurisdicción.

    Los posibles objetivos de Trump:

    1. Conseguir el apoyo del Congreso (apodado “otro territorio ocupado por Israel”) ahora que el caso de Rusiagate le apunta directamente: se baraja la posibilidad de que el exasesor de seguridad nacional, el general Michael Flynn, testifique contra el presidente.

    2. Exhibir el poder de su yerno judío Jared Kushner, acorralado por la justicia de EEUU por ordenar a Flynn conseguir el apoyo ruso para anular una votación en el Consejo de Seguridad, que iba a condenar los asentamientos ilegales israelíes en Cisjordania. Es además una muestra el aumento de la influencia del vicepresidente Mike Pence (un sionista cristiano) en la Casa Blanca. Pence ha sido el portavoz de los partidarios de reubicación de la embajada en Jerusalén.

    3. Contentar al lobby proisrailí de EEUU, que le criticaba por su trato poco entusiasta hacía Israel e incumplir su promesa electoral al respecto. El magnate de los casinos de Las Vegas, Sheldon Adelson, vinculado con el partido Likud israelí, que había donado 35 millones de dólares a la campaña electoral de Trump, le acosaba con la pregunta de ¿Cuándo el traslado de la embajada? El giro en la política exterior de Trump ha sido tal que hasta su hija se ha convertido al judaísmo. AIPAC no sólo ha conseguido colocar a Irán como “el principal enemigo de EEUU por encima del terrorismo” en la agenda de Trump, sino que también ha logrado cambiar la postura de “neutralidad” de Trump en el conflicto palestino-israelí. Retiró su cooperación con la Unescopor criticar la anexión de Jerusalén Oriental a Israel.

    4. Desencadenar más conflictos étnico-religiosos en la región en el cumplimiento del Proyecto del Nuevo Oriente Próximo, imposibilitando la creación de un estado palestino, y de paso, ampliar el negocio de la militarización de la zona.

    5. Forzar a la Autoridad Palestina a aceptar la llamada “Iniciativa de Paz” de Jared Kushner que propone olvidarse del “estado palestino” y del regreso de los refugiados, conseguir una autonomía con la soberanía de Israel sobre las fronteras y el espacio aéreo de Cisjordanía, a cambio de recibir un generoso paquete de ayuda financiera destinada a la burguesía palestina.

    6. Con su popularidad por los suelos, Trump intenta recuperar el apoyo de millones de votantes de derecha y sobre todo de los evangelistas que le llevaron a la Casa Blanca. Durante su visita a Israel, y desde decenas de vallas publicitarias en su recorrido, los evangelistas le recordaban lo decisivos que fueron sus votos y que esperaban que cumpliese con su promesa sobre el estatus de la ciudad en disputa.
    Y las posibles consecuencias de la temeraria decisión

    7. Implica que EE. UU. ya no considera la presencia israelí en Jerusalén Oriental una ocupación, ni ilegales los asentamientos judíos construidos después de la Guerra de 1967, que infringen el Convenio de Ginebra que establece que una potencia ocupante no tiene soberanía en el territorio que ocupa. Así, EEUU rompe con su compromiso formal de cumplir con el derecho internacional.

    8. Provocar fisura en la Casa Blanca: Los secretarios de Estado y de Defensa, Rex Tillerson (con rumores sobre su próximo cese) y Jim Mattis se han opuesto a la medida de Trump.

    9. Acabar con décadas de consenso internacional sobre el estado de la ciudad. Hasta la Unión Europea, el principal aliado de Washington, ha dejado solo a Trump en esta peligrosa aventura.

    10. Afecta a Jordania y Arabia Saudí, y no estar preocupados por el destino de los palestinos desahuciados, sino porque actúan como guardianes de los templos musulmanes de la Ciudad Vieja.

    11. Perjudica a los intereses y el poder del Vaticano; de allí la oposición del Papa Francisco.

    12. Divide a la comunidad judía estadounidense: unos, porque creen que no era el momento ya que el resto del mundo se opone a este asalto de Israel a toda la ciudad, ni representa una prioridad para los judíos, y otros como el grupo J Street que defienden el derecho de palestino a su estado, que así pierde lo que iba a ser su capital.

    13. Una mayor agresividad por parte de Israel en expulsar a los palestinos.

    14. Provocará la intifada de una gente que no sólo hoy no tiene nada que perder, sino que ve cómo secuestran su esperanza de un futuro diferente. Situación que además propiciará el protagonismo de organizaciones como Hamas.

    15. Pone en peligro los intereses de EEUU en todo Oriente próximo, y ¡no por Al Qaeda o el Estado Islámico! Jerusalén no es sólo una cuestión palestina, sino también islámica.

    16. Podrá afectar a la seguridad del propio Israel, preocupación que han mostrado el comentarista militar israelí Roni Daniel.

    Esta hazaña de Trump está condenada al fracaso. La cuestión es el número de víctimas que dejará en su paso.

    Fuente: http://blogs.publico.es/puntoyseguido/4453/16-razones-e-implicaciones-del-traslado-de-la-embajada-de-eeuu-a-jerusalen/

  • La Carga de Responsabilidad de Lord Balfour

    La Carga de Responsabilidad de Lord Balfour

    Por: Mahmoud Abbas

    Hace un siglo, la Declaración Balfour allanó el camino a la creación de una hogar nacional judío en Palestina. El presidente del Estado de Palestina exige al gobierno del Reino Unido disculparse por un documento que desencadenó un siglo de sufrimiento y desposeimiento para el pueblo palestino.

    El presidente de Palestina Mahmoud Abbas en la 72 Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York, el 20 de septiembre de 2017. Justin Lane / Agencia de Prensa Europea

    Este año, nuestra nación rememora cien años de la Declaración Balfour. Lord Arthur Balfour era secretario de Asuntos Exteriores británico que decidió cambiar la identidad y el destino de Palestina, una tierra que no le pertenecía, prometiéndola al Movimiento Sionista y alterando dramáticamente la historia del pueblo palestino. En este sombrío aniversario, es importante recordar algunos hechos históricos claves, que siguen siendo relevantes para lograr una resolución justa, duradera y pacífica de un siglo de injusticia.

    Hasta el día de hoy, el Reino Unido evade su responsabilidad histórica al negarse a pedir disculpas a una nación que aún vive en el exilio y bajo la ocupación como resultado de la gestión no ética de sus políticos. En 1917, Palestina tenía una población robusta de más de 700,000 habitantes que vivían en casi 28,000 kilómetros cuadrados. Palestina poseía una sociedad bien establecida, orgullosa de su historia y de su patrimonio cultural; y de la tradición de siglos de coexistencia y tolerancia entre sus habitantes. La ciudad de Jerusalén- construida por los Jebuseos, una de las tribus cananeas-, los antiguos puertos de Jaffa y Haifa, las ciudades bíblicas de Gaza, Belén, Nazaret, Hebrón y Nablus; así como también, una de las ciudades habitadas más antiguas del mundo, Jericó, ubicada a lo largo de la costa del  Mar Muerto y el fértil Valle del Jordán, todos son testigos de esta rica civilización. Palestina tenía diversas instituciones educativas y culturales, periódicos; y una economía que incluía la exportación de cítricos y una próspera industria de servicios como de turismo. Era un país habitado principalmente por árabes, en su mayoría musulmanes y cristianos, pero también con una pequeña minoría judía.

    Desgraciadamente, el texto de la Declaración Balfour se refería a la gran mayoría de la población como las «comunidades no judías», en un intento deliberado de sentar los fundamentos y las bases para negarles los futuros derechos políticos. Balfour estaba completamente atrincherado en la ideología colonial sin ningún respeto a la presencia profundamente arraigada de los palestinos, cristianos y musulmanes. En 1922, escribió: «El sionismo, ya sea correcto o incorrecto, bueno o malo, está arraigado en tradiciones centenarias, en necesidades presentes y esperanzas futuras de una importancia mucho más profunda que los deseos y prejuicios de 700,000 árabes que ahora habitan esa tierra ancestral.» Fue un evidente desprecio de la presencia, la historia y los derechos de la población que había habitado la tierra durante siglos. Examinado el trasfondo de los debates actuales en la política internacional, Balfour podría haber sido llamado fácilmente como un «supremacista blanco».

    La Declaración Balfour de 1917 simboliza el rol internacional en la catástrofe y el éxodo palestino, Al Nakba de 1948. Ha pasado un siglo desde que se redactó esta ominosa declaración, y está pendiente desde hace mucho tiempo que la comunidad internacional asuma su responsabilidad legal, política y moral de hacer efectivos los derechos inalienables del pueblo palestino. Esta prolongada injusticia continúa poniendo a prueba la credibilidad de nuestro sistema internacional, socavando las leyes y el marco de los derechos humanos, los cuales son fundamentales para su longevidad, para la paz y la estabilidad, dentro y entre las naciones.

    El amargo legado de Balfour

    La Declaración Balfour, a pesar de su gran impacto en nuestro destino como nación, nunca fue materia de consenso entre los políticos británicos. La declaración continuó con un Mandato Británico en Palestina que pronto resultó atrapada entre el disparate de Lord Balfour y la realidad sobre el terreno. En los años siguientes, el dominio colonial británico lidió con las contradicciones de sus promesas a los pueblos judío y árabe. Varias comisiones británicas se reportaron a Londres en un esfuerzo para hacer que su gobierno se diera cuenta y entendiera que ya había un pueblo bien arraigado en Palestina. En 1922, el Parlamento Británico rechazó el Mandato Británico sobre Palestina precisamente porque incluía el cumplimiento de la Declaración Balfour como parte de sus objetivos. De hecho, fue el único miembro judío del gabinete británico, Sir Edwin Montagu, quien expresó su rechazo en estos términos fuertes: «No negaría a los judíos en Palestina derechos iguales en la colonización frente a aquellos que profesan otras religiones, pero una prueba de ciudadanía con base religiosa me parece es la única admitida por aquellos que tienen una visión intolerante y reducida de una época particular de la historia de Palestina, y reclaman para los judíos una posición a la que no tienen derecho.”

    La perfidia de Balfour anticipó la falta de respeto de la comunidad internacional por los derechos de los palestinos después de la fundación de Israel. Treinta años después, el 29 de noviembre de 1947, la Asamblea General de las Naciones Unidas (AGNU) adoptó la Resolución 181 (II) que llama a la partición de Palestina en dos estados. Una vez más, esta decisión hizo caso omiso de los deseos, las aspiraciones y los derechos de la población nativa de Palestina. Los líderes palestinos no escatimaron esfuerzos para comunicar la voz del pueblo, visitando Londres en innumerables ocasiones, así como otras capitales del mundo, pidiendo que se respeten los derechos del pueblo árabe-palestino y llamando a que se decida el destino de Palestina a través de elecciones libres y democráticas que reflejaran la voluntad de su pueblo. Esto fue totalmente ignorado por el gobierno británico, guiado por la agenda Balfour negando los derechos políticos de nuestra nación.

    El mundo votó la partición de Palestina, pero su pueblo no lo hizo. La comunidad internacional estaba dispuesta a apoyar el deseo sionista de construir un estado en Palestina, pero no tenía la determinación de supervisar la implementación de sus resoluciones, lo que condujo a la Nakba (catástrofe), que llevó a más de dos tercios del pueblo palestino a convertirse en refugiados, incluyéndome a mí. Mi ciudad natal de Safad sufrió una limpieza étnica total de su población árabe musulmana y cristiana. Al igual que Safad, al menos 418 aldeas palestinas sufrieron dicha limpieza étnica, despobladas a la fuerza y destruidas.

    La comunidad internacional no cumplió con la implementación de la Resolución de Partición 181 de la ONU, una resolución que incuestionablemente no llamó ni permitió el desplazamiento forzoso de la población palestina. Tampoco implementó la Resolución 194 (III) para el retorno de los refugiados palestinos a sus hogares. De hecho, el reconocimiento de Israel por parte de las Naciones Unidas estaba condicionado con la implementación israelí de esta resolución. De igual forma similar, desgraciadamente, la comunidad internacional ha fallado en la implementación de las innumerables resoluciones de la ONU que exigen que Israel ponga fin a su ocupación militar que comenzó en 1967, incluido su proyecto colonial de asentimientos. Este fracaso ha afianzado la impunidad israelí, prolongando el conflicto, el sufrimiento y la injusticia que soporta nuestro palestino.

     

     

    De Balfour a 2017: cien años de impunidad

    La ocupación israelí que comenzó en 1967-ocupando el 22% restante de Palestina, abarcando la Franja de Gaza y Cisjordania, incluida Jerusalén Oriental- inició una política sistemática y multidimensional de colonización del territorio ocupado que no ha cesado durante más de cinco décadas, perjudicando las perspectivas de una solución política. Aunque la Organización para Liberación de Palestina (OLP), en un compromiso histórico y doloroso, reconoció a Israel conforme a las resoluciones de la ONU y declaró el Estado de Palestina en tan solo 22 por ciento de la Palestina histórica, Israel sigue negando el derecho inalienable del pueblo palestino a la libertad y la autodeterminación.

    La presencia de asentamientos ilegales en todo el territorio palestino ocupado ha amenazado la posibilidad de la implementación de la solución de dos Estados. Esta es claramente la meta del actual gobierno derechista de Israel que no rehúye a esconder tales intenciones. Es ampliamente reconocido que la prolongada ocupación israelí y su proyecto de colonización han destruido prácticamente la perspectiva de la solución de dos estados respaldada internacionalmente sobre las fronteras de 1967, consolidando así la realidad de un solo estado, Israel, que controla toda la tierra de la Palestina histórica, mientras impone dos sistemas diferentes: uno para los judíos israelíes y otro para los palestinos.

    Ya desde 1993, la OLP reconoció el derecho de Israel a existir y aceptó participar en varias rondas de negociaciones en el proceso de paz de Medio Oriente destinadas a lograr un acuerdo de paz integral. Después de más de veinte años de negociaciones, queda claro que el gobierno israelí no está interesado en la paz. Para Palestina, el proceso de paz es un medio para la aplicación del derecho internacional y la implementación de la justicia; el proceso no es un fin en sí mismo, pero el gobierno israelí lo ha utilizado constantemente como tal y detonó las «negociaciones» como una cortina de humo para una mayor colonización de la tierra palestina, incluida Jerusalén Oriental, con el objetivo de atrincherar su control en todo el territorio.

    La solución de dos estados respaldada internacionalmente no es aceptada por ninguno de los partidos políticos que componen la coalición del actual gobierno israelí. Sus líderes continúan incitando y lanzando discursos de odio contra el pueblo palestino y una retórica incendiaria contra sus derechos y aspiraciones nacionales. Esto ha incluido el peligroso uso de la religión para justificar crímenes de guerra y violaciones de los derechos humanos, que es algo que creemos de suma importancia y consecuencia para la paz y la seguridad regionales e internacionales; y hemos advertido constantemente sobre los intentos israelíes de convertir un conflicto político y  territorial solucionable en una guerra religiosa.

    Así como el Likud, partido del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, reafirmó su programa político que niega cualquier posibilidad de creación de un Estado Palestino, sobre el terreno los colonos y las fuerzas de ocupación israelí siguen actuando con odio y agresión contra el pueblo palestino, reduciendo más aún la perspectiva de la coexistencia pacífica. Continúan los ataques contra los civiles y las propiedades palestinas, en lugares sagrados cristianos y musulmanes; y los hogares continúan siendo demolidos, desplazando por la fuerza a nuestro pueblo para allanar el camino hacia una mayor expansión de los asentamientos coloniales.

    La realidad de un solo estado impuesta por el gobierno israelí no podría ser posible sin la impunidad que ha otorgado la comunidad internacional. El proyecto israelí de asentamientos coloniales en Palestina ocupada no podría tener éxito sin la apertura de mercados internacionales a los productos ilegales israelíes, sin acuerdos de libre comercio que acojan estos productos, sin que las empresas internacionales y la economía israelí se beneficien mutuamente de esta negación sistemática de los derechos palestinos; y sin los compromisos de varios gobiernos de que, independientemente de las violaciones y los crímenes que ejecute Israel, este, seguirá gozando de total impunidad.

    No se equivoquen: los palestinos aprendimos las lecciones del colonialismo de Balfour. Recientemente hemos sido testigos de la persistencia del pueblo palestino en el este de Jerusalén en rechazo de los intentos israelíes de cambiar el status quo histórico de la Explanada de la Mezquita Sagrada de Al-Aqsa. Esta hermosa demostración de resistencia popular no violenta hizo eco en todos los rincones del mundo. Así como nuestros jóvenes y ancianos, mujeres y hombres, cristianos y musulmanes, y miembros de todas las facciones políticas se unieron para defender Jerusalén, no podemos dejar de recordar a quienes se opusieron a las políticas británicas en la notable huelga nacional de 1936 o a la ocupación israelí en el Primera Intifada en 1987. Los palestinos han demostrado al mundo y a muchos israelíes que la «fantasía» colonial de hablar de paz y coexistencia mientras se niegan sistemáticamente a los derechos de un pueblo bajo ocupación militar represiva nunca puede tener éxito; y que el derecho de un pueblo a la autodeterminación y la libertad no puede ser aplastado, rechazado, ni negado.

    Nuestra visión para una paz justa y duradera

    La persistencia y la resiliencia de nuestro pueblo deberían servir como un mensaje al mundo entero, y en particular a Israel, de que no habrá paz en nuestra región sin el cumplimiento de los derechos inalienables del pueblo palestino. Nuestra visión de paz es de gran compromiso y se basa simplemente en lo que nos corresponde según el derecho internacional y las resoluciones de la ONU: un estado soberano e independiente que pone fin completamente a la ocupación israelí que comenzó en 1967, con Jerusalén Oriental como capital, asegurando al mismo tiempo que Jerusalén podría ser una ciudad abierta entre sus partes oriental y occidental. Aspiramos nuestro control soberano sobre nuestros recursos naturales, espacio aéreo y fronteras marítimas. Aspiramos y continuaremos exigiendo la libertad de todos nuestros presos políticos, víctimas de la ocupación israelí y la negación sistemática de nuestros derechos nacionales. Con casi un millón de presos desde 1967, el caso de nuestros presos políticos refleja dolorosamente la situación general de toda nuestra nación. Además, reiteramos que para poner fin a las reclamaciones con Israel, debe haber una solución justa para los siete millones de refugiados palestinos basados ​​en la elección de cada refugiado. Nuestra nación, con el mayor grupo de refugiados del mundo y la situación de refugiados más prolongada de la historia contemporánea, tiene derecho al respeto y al cumplimiento de sus derechos, incluyendo la implementación de la Resolución 194 de la AGNU y la Iniciativa de Paz Árabe.

    Una paz justa y duradera es posible. Requiere la plena implementación de los derechos inalienables del pueblo palestino, que se han postergado desde hace tiempo. Anhelamos una nueva realidad donde nuestras familias ya no estén divididas por leyes racistas, como la ley de ciudadanía israelí; donde nuestros jóvenes talentos no se vieran obligados a abandonar su país debido a una economía sofocada y a la falta de oportunidades. Visualizamos un Estado que pueda acoger la innovación y los talentos desarrollados por nuestra exitosa diáspora. Donde sea que hayan migrado, ya sea a los Estados Unidos, América Latina, Europa, Australia o el mundo árabe, los palestinos han demostrado tener éxito en varios campos y contribuyen positivamente a sus respectivas comunidades. Visualizamos una realidad de paz en la que millones de personas, exitosos médicos, ingenieros, banqueros, deportistas, artistas, clérigos, maestros, estudiantes, trabajadores, políticos y activistas sociales finalmente podrán hacer de Palestina su hogar.

    Reconocer los derechos palestinos: una disculpa

    Que la Declaración Balfour haya sucedido es un recordatorio de que los palestinos deben ser escuchados y respetados por la comunidad internacional. Un paso importante efectuado para la reparación ha sido la búsqueda del reconocimiento internacional del Estado de Palestina, incluyendo nuestro nuevo status de «Estado no miembro» en las Naciones Unidas, alcanzado el 29 de noviembre de 2012. Este Estatus nos ha permitido acceder a numerosos tratados y convenciones internacionales, y adherimos a varios organismos internacionales alcanzando cincuenta y cinco afiliaciones hasta ahora, que van desde las Convenciones de Ginebra hasta el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional (CPI).

    Después de décadas de control israelí sobre nuestras vidas, es importante no caer en la desesperación y mantener viva la esperanza. Seguiremos aprovechando nuestros logros de reconocimiento de los Estados y accederemos a los tratados internacionales, incluido nuestro derecho a buscar justicia para el pueblo palestino en la CPI frente a esta ocupación criminal continua. Esto también es una confirmación de nuestro respeto por el derecho internacional y la disposición a cumplir con nuestras obligaciones y responsabilidades en ese sentido. Al mismo tiempo, continuaremos nuestros esfuerzos para lograr una paz justa y duradera con Israel sobre la frontera de 1967. Tenemos el derecho de utilizar todas las vías diplomáticas, políticas y legales para proteger nuestra nación, lograr la justicia y nuestros derechos inalienables, pendientes desde hace mucho tiempo.

    Este proceso debe ir de la mano con los esfuerzos para asegurar más reconocimientos bilaterales al Estado de Palestina. No hay justificación para no reconocer el Estado de Palestina. ¿De qué manera el reconocimiento de Palestina afectaría las posibilidades de paz? ¿Cómo dañaría las negociaciones? Nuestro derecho a la autodeterminación nunca ha sido negociado; la Corte Internacional de Justicia, en su opinión consultiva emblemática de 2004, afirma explícitamente que se trata de un derecho  erga omnes, que significa «respecto a todos». Por lo tanto, es una responsabilidad internacional la de mantenerse erguidos para el cumplimiento de nuestro derecho, no una llamada de desmentir o rehuir. Por consiguiente, seguiremos instando a aquellos que claramente apoyan la solución de dos estados a reconocer dos estados, no solo uno.

    Al mismo tiempo, mantendremos las puertas abiertas frente a la posibilidad de una reanudación de las negociaciones que buscan poner fin a la ocupación israelí y cumplir con nuestros derechos. Del mismo modo que hemos apoyado los esfuerzos franceses en la Conferencia de Paz de París, nos reunimos con el presidente ruso Vladimir Putin y el presidente de China, Xi Jinping, y con muchos otros líderes mundiales con miras a alcanzar este objetivo; y, damos la bienvenida a los esfuerzos de la administración de EE.UU. en lo que el presidente Trump ha denominado el «acuerdo definitivo». No vemos ninguna contradicción entre las negociaciones y continuar buscando justicia a través de las herramientas y los instrumentos legítimos disponibles en virtud del derecho internacional. Tenemos el derecho de utilizar todos los medios pacíficos para poner fin al tormento de nuestro pueblo y lograr sus derechos inalienables y sus legítimas aspiraciones nacionales.

    La dirección palestina comprende la urgencia, así como los peligros de la situación actual, y continuaremos exigiendo que la comunidad internacional asuma sus responsabilidades, incluyendo la provisión de protección para nuestro pueblo, conforme al derecho internacional humanitario, y trabajando en conjunto para poner fin a la impunidad de Israel.

    Mahmoud Abbas es el presidente del Estado de Palestina y presidente de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP). Se desempeñó anteriormente como Primer Ministro de la Autoridad Nacional Palestina en 2003, y antes de eso fue jefe del Departamento de Asuntos de Negociaciones de la OLP. Dedicado a reiniciar las negociaciones de paz con Israel, el presidente Abbas jugó un papel decisivo en la negociación y conclusión de los Acuerdos de Oslo en 1993 y 1995. En 2011, presentó la candidatura de Palestina como miembro de las Naciones Unidas, lo que llevó al reconocimiento de Palestina como Estado Observador en la Asamblea General de la ONU y como miembro de pleno derecho en varias agencias de la ONU y tratados internacionales, y para el reconocimiento internacional del Estado de Palestina por hasta 138 países. Es autor de Through Secret Channels, The Road to Oslo.