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  • Palestina: Literatura para combatir el despojo de la humanidad que sufren los palestinos

    Palestina: Literatura para combatir el despojo de la humanidad que sufren los palestinos

    Los finalistas de los premios literarios por Palestina organizados por MEMO participan en el acto de lanzamiento del los Premios, en Londres, el pasado 23 de Noviembre [Jehan Alfarra/Middle East Monitor]

     

    En un mundo que ya es en parte robótico, donde los zumbidos de los drones ahogan las voces de la gente, los experimentos con automóviles automáticos han demostrado ser más seguros que los humanos, con un robot que presenta con éxito uno de los mayores programas de radio de Reino Unido, y con millones de palabras compartidas por todo el mundo a la velocidad de la luz en muros de Facebook, también por robots, ¿qué impulsa a los organizadores de los Premios Literarios de Palestina a aferrarse a los libros en una era en la que la palabra “publicar” se ha convertido en la protagonista?

    La respuesta reside en el nombre de los premios y en su contenido. Lo principal es que se trata de Palestina y de la celebración de todos sus elementos a través de la escritura. Escribir es el arte de la documentación, y es el medio por el que resistir contra el apartheid y la limpieza étnica que se produzca en cualquier nación, y mucho más en la nación palestina. También es una plataforma con la que presentar la verdad sobre Palestina en la era de la “post-verdad” sionista que ha establecido Estados Unidos (mucho antes de Trump).

    Quizá otra razón importante sea que los libros mantienen su posición como herramienta para el cambio y para atraer a lectores en un momento en el que la sucesión de acontecimientos ocurre con rapidez y se produce una continua intimidación de los déspotas, independientemente de sus diversos medios de opresión tecnológicamente avanzados.

    MEMO tomó la iniciativa y celebró los Premios Literarios de Palestina en 2012, bajo la supervisión de la periodista británica Victoria Brittain. La idea es simple, y ahí reside su poder. La idea es dedicar un premio anual a honrar a los mejores libros nuevos, publicados en inglés, que aborden cualquier aspecto de Palestina. Los premios son uno de los medios con los que presentar la literatura, la investigación y el arte palestino a una audiencia internacional, al proporcionar una plataforma para que los autores se reúnan con el público y hablen de su obra con otros autores y académicos. Esto también da a sus libros una amplia exposición y valor.

    A lo largo de los años, dada la excepcional calidad de los libros ganadores y la seriedad del panel de jueces y del Consejo de Comisarios, el número de libros nominados ha aumentado, llegando a los 50 por año, desde obras académicas a memorias, libros artísticos o literatura creativa.

    El panel de jueces de 2017 estuvo conformado por el doctor Ibrahim Darwish, académico y periodista, Subhi Hadidi, crítico literario y analista político, el doctor Faysal Mikdadi, escritor, y el diplomático y jefe de Ayuda Médica para los Palestinos, Alan Waddams. En contraste con la norma, el panel nominó a nueve libros y no a siete para optar al premio, lo que refleja la riqueza de los libros nominados por los editores.

    La noche anterior a la ceremonia de los premios, se celebró una velada abierta para honrar a los nominados seleccionados, en la que hablaron de sus libros en presencia de un gran público, junto al profesor Eugene Rogan, del St. Antony’s College de la Universidad de Oxford, y la doctora Dina Matar, de la Universidad de Londres.

    Cuatro libros fueron los ganadores. En la categoría académica, se eligió a dos: “Gaza under Hamas: From Islamic Democracy to Islamist Governance”, de Bjorn Brenner, el cual es una culminación de seis años de investigación, entrevistas con oficiales y líderes de Hamás, y convivencia con el pueblo de Gaza. El libro les da la oportunidad a los lectores ingleses de juzgar a Hamás y su capacidad de gobierno por sí mismos, distanciados de las acusaciones que normalmente se formulan contra el movimiento.

    Los finalistas de los premios literarios por Palestina organizados por MEMO participan en el acto de lanzamiento del los Premios, en Londres, el pasado 23 de Noviembre [Jehan Alfarra/Middle East Monitor]

    El segundo libro premiado es “The Commander: Fawzi Al-Qawuaji and the fight for Arab Independence 1914-1918”, de Laila Parsons. El libro trata de las opiniones árabes sobre la caída del Imperio Otomano, el comienzo de la fase colonial, y el cambio de los mapas y fronteras de la región. La autora cuenta la historia de la vida de un soldado que siguió persiguiendo sus sueños, asumiendo riesgos y enfrentándose a la muerte, y colocó la historia en el contexto de su experiencia con los otomanos, su participación en las revoluciones siria y palestina y, por último, liderando el Ejército de Liberación Árabe, lo que impacta la imagen del héroe y le hace uno de los responsables del desastre, según el doctor Ibrahim Darwish.El libro “Drawing the Kafr Qasem Massacre”, obra de la palestina Samia Halaby, ganó el premio creativo. La publicación contiene las ilustraciones de Halaby, así como un estudio detallado que documenta los sucesos y las víctimas de la masacre, nombre por nombre. El libro es un documento histórico-artístico en profundidad sobre una de las masacres cometidas por la ocupación sionista.

    Leer: Gaza: resistencia a través de la poesía

    El premio en la categoría de memorias se lo llevó Ella Shohat con “On the Arab-Jew, Palestine, and other displacements”. El libro consiste en un grupo de artículos y estudios, escritos a lo largo de varias décadas, con los que Ella, nacida en Bagdad en 1959, combina su historia personal y su laboriosa investigación académica, intentando comprenderse a sí misma y demostrar su identidad como árabe judía, en contraste con la perspectiva sionista de despreciar todo lo árabe, aunque sea judío, a pesar de que Israel afirma representar a todos los judíos del mundo.

    “Soy una árabe judía iraquí”; así es como se identifica Ella para enfatizar su identidad, que ha sufrido una fragmentación debido al desalojo forzado de Irak y al apartheid en Israel. Decidió irse de Israel y establecerse en Nueva York, donde se dedicó a la enseñanza. En su obra, Ella destaca que los judíos europeos en Israel forman “una élite de personas del primer mundo que no sólo controlan a los palestinos, sino también a los judíos del este. Como nación judía del tercer mundo, los judíos mizrahi forman una nación semi colonizada dentro de otra nación”.

    Aunque el libro de Ilan Pappe, The Biggest Prison on Earth: A History of the Occupied Territories”,no ganó ningún premio, Pappe fue galardonado con el Premio Honorífico a la Trayectoria por sus muchos libros como historiador judío que busca presentar la verdad sobre la historia, las políticas coloniales y los actos diarios de limpieza étnica de Israel contra los palestinos, bajo la máscara de un Estado democrático. Pappe considera que el principal obstáculo para la coexistencia en Palestina es la “ideología del Estado, que despoja a los palestinos de su humanidad”.

    La continuación y el éxito de los Premios Literarios de Palestina es una forma de solidaridad con la resistencia del pueblo palestino, animando a la publicación y a la lectura de más libros acerca de Palestina.

    Como dijo el novelista y académico británico C.S. Lewis, “leemos para saber que no estamos solos”.

    Este artículo se publicó originalmente en árabe en Al-Quds Al-Araby el 28 de Noviembre de 2017

    Fuente: Monitor Medio Oriente

  • De los olivos a las cenizas

    De los olivos a las cenizas

    «Un reino de olivos y ceniza» (Random House) recopila textos de 26 escritores que están en contra de la ocupación de Palestina por parte del Estado de Israel. Desde Mario Vargas Llosa (Perú), hasta Anita Desai (India), pasando por Fida Jiryis (Palestina), cada autor presenta distintas facetas de la ocupación.

    En 1948 se declaró el acuerdo Tel Aviv, que pactaba la creación del Estado de Israel, asignándosele así un territorio dictaminado por las Naciones Unidas. En  1967, en el marco de ‘La guerra de los seis días’, comenzó el denominado ‘conflicto árabe-israelí’, cuyo núcleo ha sido una problemática de soberanía entre la Autoridad Nacional de Palestina y el Estado de Israel, dado que en ese año Israel comenzó una ocupación a los territorios de la Franja de Gaza, el Este de Jerusalén y Cisjordania, bajo el nombre de un supuesto protectorado, justificado a partir de citas de la Torá.

    Si bien no todos los árabes son musulmanes -como lo aclaró Maxime Rodinson en su libro Los árabes-, también los hay cristianos y judíos, ni todos los musulmanes son árabes, quienes han padecido mayoritariamente estos 50 años de ocupación han sido árabes musulmanes y árabes cristianos.

    Entre los 26 textos, algunos son cuentos y otros están escritos como nota periodística, tal es el caso de Jugar por Palestina, donde el autor, nacido justamente en Israel, Assaf Gravon, cuenta algunas de las vicisitudes que ha sufrido la Selección Palestina para salir de su país al momento de cumplir con las Fechas FIFA, en las que la fuerza armada israelí tiene la posibilidad de dejarlos salir o no, o de dejar salir o no a algunos de sus jugadores: la mayoría de veces lo hacen con alguna de sus figuras más importantes; la ocupación tiene amenazada a Palestina hasta en el fútbol.

    Es interesante el comienzo de la nota de Gravon. “En un anuncio televisivo de 2009 para la operadora de telefonía Cellcom, un jeep circula junto a un muro de hormigón gris, que tiene exactamente la misma apariencia que la barrera de separación existente entre Israel y Cisjordania”, entonces, de la nada, como llegó Israel a Palestina, cae un balón sobre el capó del Jeep y los soldados que en él se encuentran lo devuelven por encima del muro, luego regresa, lo devuelven, regresa, lo devuelven, y así la operadora se legitima como constructora de armonía en medio de esa nefasta ocupación cerrando el comercial con un narrador que dice “¿qué es lo que quieren todos? ¡solo un poco de diversión!”. Ante esto, Gravon añade: “Pocos días después de que fuera emitido (…) el anuncio, los palestinos de Bil’in decidieron estudiar el escenario que refleja y qué aspecto podría tener en el mundo real. En su vídeo se escucha la misma banda sonora playera, unos palestinos juguetean con el balón de fútbol y a continuación lo lanzan de una patada al otro lado de la valla. En respuesta, los soldados israelíes lanzan granadas de gases lacrimógenos”.

    En muchos de los otros relatos se presentan varios aspectos distintos a la ocupación militar, algo a lo que se ha limitado el cubrimiento mediático. Se humanizan los palestinos que se han invisibilizado a los largo de estos 50 años, se le da voz a una enorme cantidad de personas que seguramente se culpan a diario por el hecho mismo de haber nacido, que lamentan constantemente la ausencia de libertad al momento de transportarse puesto que nunca saben si el control israelí estará abierto o cerrado, por la imposibilidad de vivir en cualquier parte del propio país simplemente por ser árabe y no agradar a los colonos israelíes; se tiene en cuenta la inocencia de tantos pequeños que aún no entienden por qué los desalojan de su hogar, por qué en la noche entran a sus casas a asesinar a algún familiar, por qué si tienen clase en la mañana deben salir desde las 5am no sea que más tarde les cierren el puesto de control. Esta situación ha llegado a ocupar la esencia misma de la identidad palestina, desapareciendo así su dignidad, escupiendo en las páginas de su historia y asesinando una a una las esperanzas de ser libres en pleno siglo XXI. En síntesis, me atrevería a afirmar que cada uno de esos relatos tiene como inicio y fin, entre otras, la idea de que “los palestinos están haciendo un favor histórico colosal a Israel llamando ocupación a esto”.

    El teórico palestino Edward Said (1935-2003), en su libro Orientalismo puso en cuestión la forma en que Occidente (principalmente Estados Unidos) estudiaba desde la Academia a Oriente, y cómo ello “puede apoyar las caricaturas que propaga la cultura popular” para con Oriente, bien sea a través de la xenofobia o la estigmatización. Por ejemplo, Said menciona que “la guía del curso 1975 publicada por los estudiantes no graduados del Columbia College decía, a propósito de los cursos de árabe, que una de cada dos palabras en esta lengua tenía que ver con la violencia y que el espíritu árabe, según lo refleja la lengua, está siempre lleno de afectación”, nada lejano de que, por tanto, “en el cine y en la televisión, el árabe se asocia con la lasciva o con una deshonestidad sanguinaria. Aparece como un degenerado hipersexual  (…), sádico, traidor y vil. Comerciante de esclavos, camellero, traficante, canalla subido de tono: estos son algunos de los papeles tradicionales que los árabes desempeñan en el cine».

    Por ello, ante tanta falsedad que se ha construido en Occidente desde la Edad Media sobre los árabes, sobre el Islam, y sobre Oriente Próximo y Medio, a Said le resulta curioso que las importantes facultades occidentales de ciencias sociales que estudian las culturas y la historia de dichos territorios, no fijen su atención en la literatura que allí se ha creado, quizás porque al hacerlo se desmontaría la barbaridad de construcción que se ha hecho sobre Oriente, y, entonces, ese salvaje e inculto objeto de estudio pasaría a ser un ‘otro’ reconocido, se humanizaría.

    Siendo así, quisiera cerrar con esta cita tomada de Sami, escrito por el palestino Raja Shehadeh: “Toda la zona había sido en otro tiempo propiedad de los palestinos. Los sesgados rayos de sol de media tarde iluminaban la piedra caliza y bañaban de brillo las ramas de los olivos, resaltando su lustre plateado. En medio del campo situado más allá había ásperos arbustos de retama que brillaban al sol como si fueran faroles. Cómo podían afirmar los colonos que no había nadie viviendo en aquellas tierras antes de que ellos llegaran resulta verdaderamente desconcertante”.

    Fuente: El Espectador y http://www.palestinalibre.org/articulo.php?a=66096