Nacido en la entonces aldea palestina de Bárbara – sobre cuyas ruinas se
crearon los asentamientos judíos de Mavki’im y Talmei Yaffe como resultado de
la ocupación israelí-; Kamal Abdel Hafez Adwan nació en 1935 y fue uno de los
primeros líderes políticos de la OLP.
Expulsado en mayo de 1948 junto a los más de 2.800
habitantes de Bárbara, a los 13 años se convirtió en refugiado en Gaza. En la
década de 1950 se mudó a Egipto, donde cursó sus estudios como Ingeniero
Petrolero. Posteriormente se mudó a Qatar, donde conoció a sus compañeros de
lucha por la liberación nacional palestina, entre los que se encontrarían los
futuros fundadores de Fatah como fuera el caso de Yasser Arafat.
Kamal Adwan desempeñó varios cargos políticos dentro
del liderazgo palestino, entre los que destacan su rol como miembro del Comité
Central de Fatah, miembro del Consejo Nacional Palestino e impulsó la apertura
de varias universidades en Cisjordania.
Al igual que
Abu Yousef Al-Najjar y Kamal Nasser, Adwan fue asesinado en frente de su
esposa por agentes del Mossad israelí, el 10 de abril de 1973, en su
departamento en la capital libanesa, Beirut. Al igual que sus compañeros, Adwan
fue asesinado extrajudicialmente en el marco de la llamada ´Operación Primavera
de la Juventud´, tras la aprobación de la entonces Primer Ministra israelí,
Golda Meier. Entre sus asesinos se encontraba Ehud Barak, quien posteriormente
se convertiría en premier israelí.
Desde 1974, cada 17 de abril se conmemora el Día del Prisionero Palestino, en señal de solidaridad con los miles de prisioneros confinados de manera irregular en cárceles y centros de detención israelíes, sin garantías mínimas de observancia al debido proceso y la observancia de sus derechos.
https://youtu.be/luzv9ROFHKc
Los números son alarmantes. Desde
1967, tras la ocupación militar de la Franja de Gaza y Cisjordania, incluyendo
Jerusalén Oriental, más de 1 millón de palestinos han sido detenidos de una
población total que bordea los 4.5 millones de personas. Se estima que desde el
año 2000 Israel ha detenido a más de 10.000 niños palestinos en Cisjordania,
Jerusalén del Este y la Franja de Gaza. Más del 60% de los niños que han sido detenidos
fueron sujetos a algún tipo de tortura física y/o psicológica por parte de sus carceleros
israelíes, según un informe presentado por la Asociación de Presos Palestinos
(APP).
La detención de palestinos por
parte de Israel es una de las prácticas sistemáticas de la potencia ocupante ya
sea a manera de represión, en función de legislación discriminatoria aplicable
únicamente a población palestina, o como medida de intimidación. En cualquiera
de los casos, muchas de las detenciones se hacen bajo las categorías de
“detención administrativa” y “prisioneros políticos”. Cabe recalcar que la
detención administrativa permite la captura indefinida, sin cargos y sin un
juicio, transgrediendo los fundamentos del debido proceso.
Los prisioneros palestinos cuando son sometidos a un
juicio, siempre es una corte militar, nunca es civil y esto no excluye a los
niños que también son sentenciados por dichos tribunales y la edad de menores
que pueden someterse a tales procesos es a partir de los 12 años.
Si es cierto que las personas
privadas de libertad en todas las partes del mundo están más expuestas al
COVID-19 que la población general, la
pandemia del Coronavirus representa un peligro particularmente grave y urgente
para los presos, presas, detenidos y detenidas palestinos, que ya padecen unas
condiciones de detención nefastas, incluyendo tortura y maltratos sistemáticos,
negligencia médica intencional
generalizada, sobrepoblación, ventilación inadecuada, falta de productos
sanitarios básicos como detergentes y desinfectantes, mala alimentación y, en muchos casos, la
prohibición de las visitas familiares. Estas condiciones hacen que las
prisiones israelíes sean un peligroso campo de cultivo para la COVID-19 y
agravan la vulnerabilidad de los presos, presas, detenidos y detenidas
palestinos, particularmente teniendo en cuenta que en este momento hay cientos
de prisioneros sufriendo enfermedades crónicas sin ser tratados.
A pesar de las directrices y los llamamientos emitidos por la Organización Mundial de Salud (OMS), la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH) y los expertos en derechos humanos de la ONU, sobre la necesidad de evitar la propagación de la pandemia en centros de detención, las condiciones en las cárceles israelíes continúan deteriorándose.
Khalil
Ibrahim Al-Wazir (en árabe, خليل إبراهيم الوزير), también conocido por su kunya «Abu
Jihad» (أبو جهاد), (10 de octubre
de 1935–16 de abril de 1988), fue un líder político-militar y cofundador del Movimiento
político secular ¨Fatah¨. Como mano derecha del presidente de la Organización
para la Liberación de Palestina Yasser Arafat, Al-Wazir tuvo considerable
influencia en las actividades políticas y militares de Fatah y se convirtió en
comandante del ala armada de Fatah, ¨Al- Asifah¨.
Al-Wazir
se convirtió en refugiado cuando su familia fue expulsada de Ramla durante la
Nakba de 1948. Luego de estos hechos que marcaron la historia palestina, se
estableció junto a su familia en el
campo de refugiados de Bureij en la Franja de Gaza, donde asistió a una escuela
dirigida por UNRWA. Mientras estaba en la secundaria, Al-Wazir comenzó a
organizar un pequeño grupo de fedayines para defender la causa Palestina y
contener las acciones planteadas por la ocupación israelí establecida para ese
momento en puestos militares cerca de la Franja de Gaza y la Península del
Sinaí.
En
1954 entró en contacto con Yasser Arafat en Gaza; de quien se convertiría en su
mano derecha. Empezó sus estudios en la
Universidad de Alejandría. En Egipto estrechó su relación con Arafat y otros
compañeros con quienes fundarían Al Fatah más tarde
Antes
y durante la invasión de Israel al Líbano de 1982, al-Wazir planificó varias
operaciones para enfrentar las acciones israelíes y defender la causa de su
pueblo. Preparó la defensa de Beirut
frente a las fuerzas israelíes invasoras.
Al-Wazir fue exiliado del Líbano junto con el resto de los dirigentes de Fatah y de la resistencia armada. Se asentó en Ammán por un período de dos años y, luego, fue exiliado a Túnez en 1986. Desde su base allí, comenzó a organizar los comités juveniles en los Territorios Palestinos; estos se convirtieron finalmente en la espina dorsal de la Primera Intifada. Se le atribuye organizar y dirigir dicha Intifada.
El 16 de abril de 1988 fue asesinado en su casa en Túnez en presencia de su esposa Intissar y su hijo Nidal, por un comando israelí. Se
le conoce popularmente como el príncipe de los mártires, nombre que le puso
Arafat.
La masacre de Deir Yassin se
refiere al asesinato de entre 107 y 120
civiles palestinos, entre el 9 de abril y 11 de abril de 1948 por los grupos
paramilitares sionistas conocidos como “Irgún” y “Leji”. Deir Yasin era un
pueblo pacífico de unos 400 habitantes.
El 6 de abril se puso en marcha
la “Operación Nachshon”, una ofensiva para ganar control del camino a
Jerusalén. El pueblo de Deir Yassin fue incluido en la lista de aldeas palestinas
para ser ocupadas como parte de la operación. Los comandantes sionistas ejecutaron
la operación destinada a abrir un corredor por Jerusalén.
El 9 de abril 132 hombres, 72 del
Irgún y 60 del Leji, atacaron el pueblo. Estas acciones en las que entre 107 y
120 aldeanos palestinos, la mayoría ancianos, mujeres y niños, fueron
asesinados, se le conoce como la masacre de Deir Yassin. Adicionalmente las
fuerzas paramilitares sionistas impidieron que los cadáveres fueran enterrados.
Las fuerzas judías que invadieron
Deir Yassin formaban parte de dos grupos extremistas paramilitares
clandestinos; la Irgun (Organización Militar Nacional) y los Lehi (Combatientes
por la Libertad de Israel, también conocidos como la Banda Stern), ambos
alineados con el movimiento sionista de derechas, han sido descritos como
grupos “judíos terroristas”. Los dos grupos asaltaron el pueblo para eliminar a
los ciudadanos palestinos de Jerusalén, así como para enviarles un mensaje a
los demás palestinos de la región. La Palmach, una unidad de Haganah (el
precursor de las ¨Fuerzas de Defensa de Israel¨), también formó parte de la
masacre, aunque en menor grado.
Las autoridades israelíes por
unos días negaron la masacre e impidieron el acceso a la zona a la Cruz Roja.
Posteriormente Jack Rinier, representante oficial de la Cruz Roja en aquel
entonces en Jerusalén visitó el pueblo. En su informe mencionó la forma como
encontró los cadáveres insepultos y las condiciones posteriores del ataque.
El 14 de abril, el Inspector
General Adjunto de la policía británica en Palestina, Richard Catling,
entrevistó a las mujeres supervivientes de la masacre que se refugiaron en la
ciudad cercana de Silwan. En un informe posterior, concluyó que “no había duda”
de que los grupos judíos habían cometido varias atrocidades sexuales contra las
habitantes del pueblo.
Aunque los dos principales grupos
responsables de la masacre se consideraban milicias extremistas clandestinas,
sus dos líderes – Menachem Begin, de Irgun, y Yitzhak Shamir, de la Banda Stern
– se convirtieron más tarde en primeros ministros del Estado de Israel.
El 30 de marzo de 1976 la sociedad palestina convocó una huelga general en protesta por el continuo robo de sus tierras por Israel. El Ejército de ocupación respondió asesinando a siete jóvenes palestinos con «ciudadanía israelí» que se manifestaban para detener la confiscación de 21.000 dunums (2.100 hectáreas) de tierras palestinas por Israel con el fin de construir colonias para judíos y un campo de entrenamiento militar.
https://www.youtube.com/watch?v=j-HTz8fjkaY
Desde entonces, cada 30 de marzo se conmemora la lucha del pueblo
palestino plantando un olivo en señal de reivindicación de los derechos
legítimos del pueblo palestino sobre la Tierra Palestina y el derecho al
retorno.
Cabe destacar que fue la primera vez desde 1948 que los palestinos
de Israel organizaron una respuesta a las políticas israelíes como un colectivo
nacional palestino unido. Desde entonces, el Día de la Tierra se ha convertido
en un importante día de conmemoración anual en el calendario palestino,
rememorado no sólo por ciudadanos israelíes de origen palestino sino también
por palestinos de todo el mundo.
Hasta 1948, los palestinos
poseían el 94% de la tierra de Palestina y los colonos tenían apenas el 6%. En
ese año al crear el Estado de Israel ocupó el 78% de la Palestina histórica y
expulsó a cientos de miles de sus hogares.
Hoy en día, la población autóctona que logró quedarse asciende a casi 21% de la población de Israel, sin embargo apenas poseen casi 2% de su tierra ancestral, producto de la política sistemática de dicho estado, que se basa en confiscar cada vez mas tierras y demoler más viviendas palestinas.
Los Estados
Partes deberán abstenerse en todo momento de imponer embargos o medidas
semejantes que impidan el suministro de agua, así como de los bienes y
servicios esenciales para garantizar el derecho al agua […] El agua no
debe utilizarse jamás como instrumento de presión política y económica.
(Observación General No. 15, Comité de Derechos
Económicos, Sociales y Culturales: 2002). Fuente: MOFA
El Día Mundial del Agua se celebra cada 22 de marzo
para recordar la relevancia de este líquido esencial. A pesar de que todas las
actividades sociales y económicas dependen en gran medida del abastecimiento de
agua dulce y de su calidad, según cifras de Naciones Unidas “2.200 millones de
personas viven sin acceso a agua potable”.
La crisis del agua en Palestina:
Israel, potencia ocupante, tiene control absoluto sobre el 85% de las fuentes hídricas palestinas. Ello de traduce en que los palestinos compremos nuestra agua a la empresa nacional de agua de Israel. Adicionalmente, la ocupación de tierras y sus recursos hídricos conlleva a que el consumo per cápita de agua en la población palestina esté muy por debajo del nivel recomendado por la Organización Mundial de Salud (OMS). En Gaza la situación es aún más alarmante, puesto que el 97% del agua no cumple con las normas de potabilidad de la OMS.
El limitado y cada vez más escaso acceso a agua
potable y fuentes hidrográficas en los territorios palestinos bajo ocupación –
Cisjordania, la Franja de Gaza y Jerusalén del Este- vulneran el respeto y
observancia a una serie de derechos humanos, especialmente de carácter social y
económico, entre los que destacan la transgresión del derecho a la salud, al
trabajo, agua, una alimentación adecuada y al medio ambiente[1].
Debe entenderse que el acceso al agua influye, de
manera directamente proporcional, en la ausencia o debilitamiento de la
garantía al acceso del resto de derechos mencionados. Por lo tanto, es un
derecho transversal en tanto su ausencia afecta el cumplimiento de la gran
mayoría de derechos.
La Observación General número 15 del Comité de
Derechos Económicos, Sociales y Culturales define al derecho al agua como aquel
“acceso a un suministro
suficiente, físicamente accesible y a un costo asumible de
agua salubre y de calidad aceptable para el uso personal y doméstico de cada
persona”[2] (las negritas son propias). De tal manera y en consecución con lo antes
mencionado, debe entenderse que Una cantidad adecuada de agua salubre es necesaria para prevenir la
mortalidad debida a la deshidratación y para reducir el riesgo de transmisión
de enfermedades de origen hídrico, para el consumo, la cocina y la higiene
personal y doméstica[3].
La correlación entre el acceso al agua como una de
las garantías fundamentales para ejercer el derecho a la salud y una
alimentación adecuada es evidente.
A fin de garantizar la alimentación adecuada de la
población palestina, se debe procurar que los mismos sean preparados de manera
salubre y que su acceso sea sostenible, especialmente en el caso de cultivos.
De ello puede concluirse que el agua en la alimentación es vital en tres
sentidos: a) como medio para garantizar el acceso y disponibilidad de recursos
productivos; b) para prever la preparación salubre de los alimentos; y c) en
virtud de que la ingesta de agua potable y adecuada para consumo humano es
vital en la dieta de cualquier persona.
Por su parte, el derecho a la salud también está
intrínsecamente ligado a un adecuado acceso a fuentes de agua de uso humano. El
acceso a fuentes de agua potable procura condiciones salubres para la atención
médica adecuada y oportuna, el correcto suministro de alimentación saludable, y
las condiciones de sanidad necesarias para que el cuerpo médico pueda
desempeñar sus funciones.
En cuanto a la relación entre el acceso al agua y
los derechos al trabajo y medio ambiente, también existe una interdependencia
de derechos. El derecho al trabajo se refiere “a la posibilidad de participar
libremente en las actividades de producción […] y al disfrute de los beneficios
obtenidos mediante estas actividades”[4], a través de lo cual se pretende procurar un nivel de vida digno. La
ausencia de agua necesaria, por ejemplo, para actividades de carácter ganadero,
pesquero y agrícola, representan un obstáculo fundamental en el acceso al
derecho al trabajo. Lo mismo es aplicable a trabajos relacionados con la
construcción, elaboración de alimentos, trabajos de la salud, hotelería,
turismo y virtualmente cualquier actividad profesional. En lo relacionado con
el derecho al medio ambiente, es por demás evidente que no puede ser ejercido
si no se cuenta con uno de los elementos más básicos para su protección,
cuidado, mejoramiento y conservación: el agua.
Para entender la situación respecto al acceso a
recurso hídricos en Palestina, es fundamental partir de un hecho: Israel
controla de manera efectiva, desde 1967, todas las fuentes hídricas palestinas[5], lo que a su vez se traduce en un control total sobre la cantidad de
agua que llega a la población palestina.
Se estima que Israel destina únicamente el 10% de los recursos acuíferos explotados para uso
de la población palestina. Ello, pese a que dicho recurso proviene, en su gran
mayoría, de fuentes hídricas de los territorios palestinos ocupados. Esto
explica que per cápita, un palestino
recibe cerca de 73 litros de agua al día, frente a aproximadamente 300 litros
de agua que recibe cada ciudadano y colono israelí[6]. Esta distribución absolutamente disímil, discriminatoria e ilegal (al
tratarse de recursos que le pertenecen al Estado palestino), no respeta los parámetros
internacionales recomendados por organismos internacionales. La Organización
Mundial de la Salud recomienda el consumo mínimo de 100 litros diarios por
persona[7], con lo cual los palestinos tienen un déficit hídrico, según estándares
internacionales.
Además de explotar los recursos hídricos
palestinos, Israel implementa una serie de medidas destinadas prohibir el
acceso a los mismos, por ejemplo, a través de negar el bombeo o ampliación
pozos palestinos existentes y la excavación de nuevos, o la restricción del
acceso palestino a fuentes frescas de agua dulce[8].
La situación en la Franja de Gaza es aún más sensible
debido al bloqueo terrestre, marítimo y aéreo impuesto de forma unilateral por
Israel desde 2007. El bloqueo, además de impedir la entrada de bienes de
primera necesidad, como agua potable, ha devenido en dos problemas
fundamentales que inciden en la escasez del agua: el mal y erróneo tratamiento
y procesamiento de desechos y, a su vez, la subsecuente contaminación de los
pocos recursos hídricos disponibles[9]. La situación de emergencia en la Franja es tal, que se estima que el
95% del agua en Gaza no es apropiada para el consumo humano[10], mientras que un informe publicado por la ONU en 2017 advirtió que para
el 2020 “Gaza sería inhabitable”[11].
Entender la situación en la Franja de Gaza requiere
considerar que existe, al momento, un bloqueo sistemático impuesto sobre toda la población, sin
excepciones, y que incluye la restricción de víveres, medicinas e instrumentos
de aseo e higiene personal, y demás insumos que, sumados al limitado acceso al
agua, hacen que la situación sanitaria sea crítica.
Al bloqueo se suman dos hechos importantes. Por una
parte, el hecho de que Gaza es uno de los territorios con mayor densidad
poblacional del mundo[12]. Hasta el 2019 se registró una población de 1,9 millones de habitantes[13] en un territorio que no supera los 365 km2, lo que se
traduce en más de 5.000 habitantes por kilómetro cuadrado. En segundo
lugar, se debe considerar la precariedad de la infraestructura en la zona tras
la destrucción masiva de la misma tras las incursiones militares israelíes de
2008-2009 (Operación Plomo Fundido), 2012 (Operación Pilar Defensivo) y 2014
(Operación Margen Protector).
El acceso bajo e intermitente a fuentes de agua
aptas para el consumo humano, sumado a la delicada situación de emergencia
humanitaria que vive los palestinos bajo el bloqueo de Gaza ha provocado que un
80% de la población gazatí base su supervivencia en asistencia internacional
humanitaria[14], siempre y cuando la misma pueda, efectivamente, cruzar los cercos
fronterizos y toda vez UNRWA logre proveer dicha asistencia, sujeta a
contribuciones financieras voluntarias.