Categoría: Agresiones israelíes

  • Denunciar que Israel exporta armas a países que están llevando a cabo un genocidio es una obligación moral

    Denunciar que Israel exporta armas a países que están llevando a cabo un genocidio es una obligación moral

    Imagen de las fuerzas de seguridad israelíes en Belén (Cisjordania) [Mamoun Wazwaz/Anadolu Agency]
     En noviembre de 2016, el tribunal supremo de Israel se negó a aceptar una demanda para que fueran reveladas las exportaciones de armas a la antigua Yugoslavia durante el genocidio en Bosnia en los 90. El tribunal estableció exponer la implicación de Israel en un genocidio dañaría las relaciones exteriores hasta tal punto que superaría con creces el interés público por saber dicha información y la posible condena de los implicados.

    Nosotros, los que llevamos a cabo la demanda, el abogado Eitay Mack y yo, presentamos a la corte evidencias de que Israel exportaba material de defensa a las fuerzas Serbias de aquel momento, incluyendo entrenamiento, municiones y rifles. Entre otras cosas, presentamos el diario personal del General Ratko Mladic, actualmente juzgado por la corte internacional de justicia por cometer crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad y genocidio. El susodicho diario menciona explícitamente los generosos acuerdos de armas entre Israel y Serbia,

    Las exportaciones tuvieron lugar mucho después de que el Consejo de Seguridad de la ONU impusiera un embargo de armas a varios de los bandos enfrentados en la guerra yugoslava, después de que varios testimonios hubieran denunciado el genocidio y la creación de campos de concentración.

    La respuesta del fiscal general de Israel a la desestimación de la demanda por parte del tribunal no es otra cosa que una confesión de que Israel cooperó en el genocidio Bosnio. Si el gobierno no hubiera tenido nada que perder, los documentos en cuestión no habrían supuesto ninguna amenaza para las relaciones exteriores.

    Entre 1991 y 1995, la antigua Yugoslavia se fracturó. Pasando de una república multiétnica a una colección de países que se lanzaron a combatir los unos contra los otros en una sangrienta guerra civil en la que, además de masacres, se produjo un genocidio.

    Los serbios declararon la guerra a Croacia entre 1991 y 1992, y contra Bosnia desde 1992 y 1995. En ambos conflictos se cometieron procesos genocidio y  de limpieza étnica contra los musulmanes de las áreas ocupadas por los serbios. Murieron más de 250.000 personas, hubo miles de heridos, hambrunas y multitud de mujeres fueron violadas, además las personas que fueron encerradas en campos de concentración.

    Otros bando del conflicto también cometieron crímenes de guerra, pero la demanda de la que hablábamos se centra en la colaboración entre Israel y las fuerzas serbias. Los horribles y crueles actos cometidos en Yugoslavia fueron los peores desde la segunda guerra mundial y el genocidio nazi contra el pueblo judío.

    Una de las masacres más conocidas en la que llevaron a cabo los soldados al mando del general Ratko Mladic en los alrededores de la ciudad de Srebrenica, en 1995. Allí, como parte de una campaña de limpieza étnica contra los musulmanes de la zona, las fuerzas serbias asesinaron a más de 8.000 bosnios y los enterraron en fosas comunes. Aunque se suponía que la ciudad estaba bajo la protección de la ONU, cuando comenzó la masacre los Cascos Azules no intervinieron. En 2012 Mldic fue extraditado a la Haya, a la Corte Penal Internacional, y el juicio todavía sigue.

    Durante aquella época, prominentes organizaciones judías pidieron el fin inmediato del genocidio y el cierre de los campos de la muerte. Algo que no hizo el Estado de Israel. De puertas para afuera condenó la masacre, pero mientras, por la puertas, vendía armas y entrenaba aquellos que estaban llevando a cabo los crímenes.

    Hemos recopilado numerosos testimonios acerca de envíos de armas israelíes a Serbia, y que fueron incluidos en la demanda. Además hemos incluído evidencias de que dichos envíos se llevaron a cabo mucho después de que la ONU aplicara su embargo, en septiembre de 1991. Los testimonios han sido verificados y han sido expuesto aquí, tal y como aparecen en la petición, con las correspondientes abreviaciones.

    En 1992, un antiguo alto cargo del ministerio de defensa serbio publicó un libro, “El ejército serbio”, en el que escribió acerca de estos acuerdos de armas, y que está firmado un mes después de que el embargo entrara en vigor. “Uno de los mayores acuerdos se llevó a cabo en octubre de de 1991. Por razones obvias, el acuerdo con los judíos no se hizo público en aquel momento.

    Un israelí voluntario en una organización humanitaria en Bosnia por aquel entonces testificó que en 1994 un funcionario de la ONU le pidió que mirara los restos de un proyectil de 120 milímetros –en el que podían leerse letras hebreas– que había explotado en la pista de aterrizaje del aeropuerto de Sarajevo. También confesó haber visto a Serbios desplazándose por Bosnia con ametralladoras Uzi fabricadas en Israel.

    En 1995 se supo que los traficantes de armas israelíes, en colaboración con los franceses, habían cerrado un acuerdo para suministrar a Serbia con misiles LAW. Según los informes de 1992, una delegación del ministerio israelí de defensa fue a Belgrado y firmó el trato para suministrar dichos proyectiles.

    El mismo general Mladic juzgado por genocidio y crímenes de guerra, escribió en su diario que “desde Israel le habían propuesto una lucha conjunta contra el islamismo radical, además de ofrecerle entrenar a sus hombres en Grecia y un suministro ilimitado de rifles de francotirador”. Por otra parte, un informe preparado a petición del gobierno holandés en relación a la investigación sobre Srebrenica contiene lo siguiente:

    «Belgrado considera a Israel, Grecia y Rusia sus mejores aliados. En otoño de 1991 Serbia cerró un acuerdo de armas con Israel.»

    En 1995 se supo también que los comerciantes de armas israelíes suministraron armamento al VRS –el ejército de la república de Srpska, el ejército serbo bosnio–. Este otro envío se hizo, sin lugar a dudas, con el conocimiento del gobierno israelí.

    Tenemos informes de activistas por los derechos humanos acerca de israelíes entrenando al ejército serbio. Probablemente el pacto de armas con los serbios permitió huir a los judíos residentes en Sarajevo, pero no podemos probarlo.

    Mientras todo esto estaba pasando en relativo secreto, a nivel público el gobierno de Israel expresaba sus temores acerca de la situación, como si fuera una cuestión de causa mayor y no una masacre hecha por el hombre. En julio de 1994, el director del comité de relaciones exteriores y defensa de la Knesset, Ori Or, visitó Belgrado y dijo: “Nuestra memoria está viva. Sabemos lo que significa vivir con boicots. Todas las resoluciones de la ONU contra nosotros han sido aprobadas con una mayoría de dos tercios”. Ese mismo año, el vicepresidente de EE.UU., Al Gore, llamó al embajador de Israel y advirtió a Tel Aviv que abandonara esta línea de cooperación.

    Vista general de una sesión plenaria del parlamento israelí [foto de archivo]

    La sesión del tribunal supremo en la que el Estado respondía a nuestra demanda fue llevada a cabo  en parte, es decir, que los demandantes no estábamos autorizados a escucharla. Los tres jueces del tribunal rechazaron nuestra demanda y aceptaron la postura del Estado de que revelar los detalles de estos envíos de armas a Serbia durante el genocidio dañaría demasiado las relaciones exteriores de Israel y afectaría a su seguridad, por lo que los potenciales daños serían mayores que el interés público por conocer los detalles y la verdad de estos hechos.Esta sentencia es cuestionable e incluso peligrosa por muchas razones. En primer lugar, la aceptación del tribunal de los argumentos del Estado acerca de cuánto afectaría la verdad a sus relaciones exteriores es desconcertante. A principios de año, el mismo tribunal rechazó una demanda similar relativa a las exportaciones durante el genocidio de Ruanda, sin embargo un mes después el Estado admitió que dichas exportaciones finalizaron cinco días después de que se iniciaran las matanzas.

    ¿Por qué el tribunal supremo justifica ignorar este fraude, incluso negándose a aceptarlo como evidencia? Después de todo, es evidente que el Estado exageró al asegurar que estas informaciones dañarían las relaciones exteriore de Israel.

    Es de vital importancia para el interés público exponer la involucración del Estado en un genocidio, incluso cuando es a través de comerciantes de armas, particularmente cuando un Estado fue fundado sobre la desolación de su pueblo tras el Holocausto.

    No es sólo de interés para los israelíes, sino también para todas las víctimas del Holocausto, el tener una conducta moral completamente distinta. Cuando el tribunal tiene en cuenta crímenes de guerra, también debe considerar los intereses de los segundos

    Cuando el tribunal cierra investigaciones en casos de genocidio porque pueden dañar al Estado –algo que sigue sin ser probado– anula la búsqueda de justicia para las víctimas de dichos crímenes y envía un claro mensaje: que el derecho del Estado a la seguridad, real o imaginaria, es absoluto, y está por encima de los derechos de los ciudadanos.

    La sentencia del tribunal supremo podría llevar a concluir que cuanto mayor sea el crimen, más fácil es de ocultar. Esto es algo inaceptable. Convierte a los jueces en cómplices, y de manera inadvertida convierten a Israel en cómplice de crímenes de guerra, negando a los demandantes su derecho democrático a debatir la cuestión en público.

    El Estado se enfrenta a una serie de demandas similares relacionadas con su colaboración con los gobiernos de los asesinos. Incluso si ignorar estas demandas también interesa al Estado, el tribunal supremo debe dejar de ayudar a ocultar estos crímenes, para que aunque los culpables no sean procesados, se evite que repitan acciones similares en el futuro.

    Cuando el Estado de Israel, nuestro gobierno, vende armas a genocidas, traiciona el legado y la memoria del Holocausto, nuestro particular genocidio. Lo mismo ocurre cuando negamos los genocidios sufridos por otros pueblos, como negamos el genocidio armenio.

    Vender armas a Serbia y Ruanda al mismo tiempo que llevan a cabo un genocidio es lo mismo que vender armas a la Alemania Nazi durante el Holocausto

    Nosotros, los israelíes, deberíamos preguntarnos estas complejas preguntas. Debemos preguntarnos cuestiones acerca de nuestra responsabilidad con semejantes actos de injusticia, y considerar posibles acciones para evitarlas, ya sean individuales o colectivas.

    Para mí hay una enseñanza, o un legado, del Holocausto y el genocidio: el valor universal de la vida humana, allí donde se encuentre. El principio fundamental que guía mis acciones es esta sacralidad de la vida humana y la igualdad de los seres humanos ya sean serbios, bosnios, tutsis, turcos, armenios, palestinos o judíos.

    Para nosotros, para Eitay y para mí mismo, nuestras acciones están motivadas por nuestros valores molares, de una forma que nos impide no llevarlas a cabo. Incluso después de dos sentencias del tribunal supremo, relativas a Serbia y Ruanda, no nos rendimos. Estamos intentando proceder a través de otras vías legales, y estamos intentando, tanto como podemos, movilizar a la sociedad civil.

    Sobre el autor de este artículo: 

    Yair Auron reside en Neve Shalom-Vahat el Salam, la única comunidad judía-árabe de Israel,  es un profesor israelí especializado en los ámbitos del genocidio, la educación sobre el genocidio, el judaísmo contemporáneo y las relaciones entre israelíes y palestinos. Sus numerosos ensayos y casi 40 libros sobre estos temas han sido publicados en hebreo, inglés, francés, alemán, armenio y ruso. Más de 15.000 estudiantes hasta la fecha se han inscrito en el curso del profesor Auron en Estudios de Genocidio en la Universidad Abierta de Israel, convirtiéndolo en el curso más grande del mundo de su tipo. Recientemente el curso se ha introducido en Armenia. Auron reside en Neve Shalom-Vahat el Salam, la única comunidad judía-árabe de Israel, donde creó un Jardín de los Justos para honrar a hombres y mujeres que arriesgaron sus vidas para rescatar a las víctimas de la persecución. Auron ha luchado durante muchos años por el reconocimiento mundial del genocidio armenio, al tiempo que trabaja activamente para defender la causa de la paz en Israel y en todo el mundo.

    Fuente: https://www.monitordeoriente.com/20170706-desvelar-que-israel-exporta-armas-a-paises-que-estan-llevando-a-cabo-un-genocidio-es-una-obligacion-moral/

  • La Primera Intifada

    La Primera Intifada

    Mujeres palestinas se enfrentan a soldados israelíes durante la Primera Intifada. (Facebook)

    Se suele señalar la fecha del 9 de diciembre de 1987 como el inicio de la Primera Intifada. Esta revuelta palestina incluyó diversas formas de desobediencia civil, incluyendo manifestaciones masivas, huelgas generales, el rechazo a pagar impuestos, boicot de productos israelíes, graffitis y “escuelas de libertad” clandestinas, así como formas de resistencia pacífica como el lanzamiento de piedras y cócteles molotov.

    A finales de 1988, había habido unas 23.092 manifestaciones en todos los territorios palestinos ocupados. En las primeras tres semanas del levantamiento popular, más de 20 palestinos resultaron asesinados, sin que se produjera ninguna baja israelí.

    Según B’Tselem, en septiembre de 1993, las fuerzas israelíes habían matado a 1.070 palestinos en los Territorios Palestinos Ocupados, incluyendo a 237 niños, con otros 54 palestinos asesinados por colonos israelíes.

    Otros 38 palestinos fueron asesinados por las fuerzas de seguridad y civiles israelíes dentro de las fronteras de la Línea Verde, en el territorio oficial del Estado de Israel. Durante el mismo periodo, 162 soldados y civiles israelíes fueron asesinados, la mayoría en los Territorios Palestinos ocupados.

    El ejército israelí llevó a cabo asesinatos extrajudiciales usando unidades militares encubiertas no oficiales. Los comandantes militares israelíes ordenaron a las tropas que rompieran los huesos de los manifestantes. Durante los primeros dos años del levantamiento, en torno a la mitad de los 5.000 heridos eran niños.

    Leer: Recordando la Primera Intifada

    Las autoridades de ocupación israelíes emitieron órdenes de deportación contra 58 palestinos en los primeros dos años del levantamiento, vulnerando la legalidad internacional. En 1992, Israel deportó a más de 400 palestinos sospechosos de ser miembros de Hamás y la Yihad Islámica al sur del Líbano. En torno a 175.000 palestinos fueron encarcelados en algún momento u otro durante la intifada.

    Durante todo este periodo, Israel pasó a tener la tasa más alta del mundo de población presa. En los primeros dos años de la intifada, más de 5.000 palestinos fueron encerrados bajo detención administrativa (sin cargos ni juicio). Miles de palestinos deteneidos fueron torturados. En un método sistemático de castigo colectivo, en torno a 2.000 casas de palestinos fueron demolidas por le ejército israelí en los territorios palestinos ocupados.

    Fuente: Monitor Medio Oriente

  • Macron pide a Netanyahu que congele la colonización como gesto a Palestina

    Macron pide a Netanyahu que congele la colonización como gesto a Palestina

    REDACCIÓN / LA VOZ 

    Fue una reunión de más de dos horas y media y, a su término, Netanyahu no hizo nada por ocultar la posición de fuerza que le otorgó el anuncio de Donald Trump. «Es nuestra capital y nunca ha sido la capital de otro pueblo», dijo para añadir que cuanto antes acepten los palestinos esa realidad, antes «podremos avanzar en el camino de la paz». No olvidó dar un toque de atención al presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, que se esfuerza por ponerse al frente de la ola de indignación levantada en todo el mundo árabe. «No tengo que recibir lecciones de moral de un dirigente que bombardea pueblos kurdos en Turquía, que encarcela a periodistas, que ayuda a Irán a sortear las sanciones internacionales y ayuda a los terroristas, especialmente en Gaza», declaró tras ser preguntado sobre la declaración del turco, que horas antes había calificado a Israel de «Estado terrorista» que «asesina a niños».

    Macron se esforzó por presentarse como una fuerza de cambio. Explicó que había reclamado al jefe del Gobierno israelí «que salga del actual callejón sin salida» con gestos de buena voluntad como congelar la expansión de los asentamientos judíos en Cisjordania. Según dijo, le mostró a Netanyahu su desacuerdo con la decisión del presidente de EE.UU. de reconocer a Jerusalén, por considerar que contraviene al derecho internacional y supone una amenaza para la paz, pero al mismo tiempo tuvo cuidado en no descartar a Washington como mediador como ya han hecho los palestinos. En su opinión, el reconocimiento no lo invalida para la mediación que prepara. Pidió que se le dé tiempo para formularla y, sobre todo, esperar a ver cuál será la reacción de las partes, que es de quienes todo depende.

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    WAEL HAMZEH | EFE

    Ira contra Donald Trump en todo el mundo árabe

    Decenas de miles de manifestantes salieron de nuevo ayer a la calle, por cuarto día consecutivo, en Oriente Medio y en otras partes del mundo árabe, desde Marruecos a Turquía pasando por Pakistán, para protestar contra la polémica decisión del presidente estadounidense, Donald Trump, de reconocer Jerusalén como capital de Israel. Una de las protestas más violentas se vivió en Beirut, donde la policía se vio obligada a lanzar gases lacrimógenos contra los participantes. El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, que quiere posicionarse como heraldo de la causa palestina, afirmó que su país «no abandonará Jerusalén a un Estado que asesina niños». En el bando contrario, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, acusó a Europa de «hipocresía» por no condenar los disparos de cohetes palestinos contra Israel. En la imagen, los manifestantes tratan de retirar la alambrada que les impide el paso hacia la embajada de Estados Unidos en el Líbano.

    Fuente: https://www.lavozdegalicia.es/noticia/internacional/2017/12/11/macron-pide-netanyahu-congele-colonizacion-gesto-palestina/0003_201712G11P18992.htm

  • En la era de los incendios forestales, la ley de Israel contra las cabras palestinas muestra una herida autoinfligida por el sionismo

    En la era de los incendios forestales, la ley de Israel contra las cabras palestinas muestra una herida autoinfligida por el sionismo

    Mondoweiss

    La prohibición de Israel de pastorear cabras negras -con el pretexto de que causan daño ambiental- será derogada después de casi siete décadas de aplicación que ha diezmado las tradiciones pastorales de las comunidades palestinas.

    El Gobierno israelí parece haber admitido finalmente que en una era de cambio climático la amenaza de los incendios forestales para las comunidades israelíes está creciendo rápidamente en ausencia de las cabras.

    Tradicionalmente las cabras despejaban la maleza que ahora se ha convertido en un polvorín a medida que Israel experimenta sequías de verano cada vez más largas y más cálidas. Hace exactamente un año Israel fue golpeado por más de 1.500 incendios que causaron daños generalizados.

    La historia de la humilde cabra negra, que casi ha sido eliminada de Israel, no es simplemente una de las consecuencias involuntarias. Sirve como una parábola para los delirios y la autodestrucción de un sionismo empeñado en borrar a los palestinos y crear un pedazo de Europa en el Medio Oriente.

    La Ley de Protección Fitosanitaria de 1950, una de las primeras medidas de Israel, se introdujo como una forma de proscribir la cabra negra, también conocida como la cabra siria, de grandes áreas del país. Las cabras habían sido el alma de las comunidades agrícolas beduinas.

    En ese momento los funcionarios declararon que la cabra estaba dañando la vegetación, especialmente los millones de pinos recientemente plantados para forestación.

    A los ojos de los padres fundadores de Israel los árboles estaban cumpliendo una importante misión sionista. Estaban allí para ocultar los escombros de más de 530 aldeas palestinas que el nuevo Estado se había propuesto destruir y evitar el regreso de unos 750.000 palestinos que fueron expulsados ​​durante la guerra de 1948 que fundó Israel, episodio que los palestinos llaman Nakba, «catástrofe» en árabe.

    Cerca de las ruinas de las aldeas Israel estableció cientos de comunidades exclusivamente judías como el kibbutz y el moshav para cultivar las antiguas tierras de los ahora refugiados palestinos.

    Tanto la prohibición de las cabras como la plantación masiva de pinos europeos fueron parte de los esfuerzos del sionismo para vender la limpieza étnica de los palestinos como «ambientalismo», una agenda supuestamente verde que ahora se está exponiendo como una farsa.

    Plantación de bosques de pinos

    Se alentó a los judíos de todo el mundo a poner monedas en «cajas azules» de caridad como donación para ayudar al joven Estado a «redimir la tierra».

    De hecho el dinero se usaba principalmente para plantar pinares en las aldeas palestinas arrasadas, lo que hacía imposible que los refugiados volvieran y reconstruyeran sus hogares.

    Además el pino fue útil porque era de crecimiento rápido y una planta perenne, envolviendo en la oscuridad de todo el año la evidencia de la limpieza étnica cometida durante la creación de Israel. Y los bosques desempeñaron un papel psicológico, transformando el paisaje en formas diseñadas para hacer que pareciera familiar a los recientes inmigrantes europeos y aliviar su nostalgia.

    Finalmente las agujas de pino caídas acidificaron el suelo haciendo casi imposible que compitan los árboles autóctonos. Las especies nativas como el olivo, el naranjo, el almendro, el nogal, el granado, el cerezo, el algarrobo y la morera, fueron un componente vital de la dieta de las comunidades rurales palestinas. Su reemplazo por el pino tenía la intención de hacer aún más difícil a los refugiados palestinos restablecer sus comunidades.

    El Fondo Nacional Judío, una organización benéfica sionista reconocida internacionalmente, estaba a cargo de la plantación y el mantenimiento de estos bosques. Paradójicamente, su sitio web elogia su trabajo en Israel como «innovadores en el desarrollo ecológico y pioneros en la forestación y la prevención de incendios». El FNJ afirma haber plantado unos 250 millones de árboles en todo Israel.

    Como una reivindicación del éxito de Israel en la venta de estas políticas de colonización como ambientalismo, las Naciones Unidas mencionan que el FNJ tiene experiencia en cambio climático, forestación, gestión del agua y asentamientos humanos. La ONU también permite a la organización patrocinar paneles y talleres en conferencias del organismo alrededor del mundo.

    En septiembre el FNJ asistió a la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación, para «presentar sus actividades para crear un mundo más verde», según informó.

    Campesinos judíos guerreros

    Con la ley de 1950 -también conocida como Ley de daños la cabra- Israel continuó las políticas de colonización de tierras, esta vez no contra los refugiados palestinos, sino contra el pequeño número de comunidades palestinas que sobrevivieron a la Nakba.

    Hacia el final de la guerra de 1948, unos 150.000 palestinos todavía se aferraban a sus comunidades, principalmente en el norte, en Galilea, y en el sur, en el semidesértico Negev o Naqab. En 1952, bajo presión internacional, a estos palestinos se les otorgó la ciudadanía.

    Muchas de las comunidades palestinas supervivientes sabían poco más de una agricultura que sus antepasados ​​habían practicado en la región durante generaciones. Pero el credo del sionismo del «trabajo hebreo» permitiría a los judíos «hacer florecer el desierto» y rehacerse como agricultores guerreros «sabras«, requería que los palestinos fueran desplazados de las tierras agrícolas.

    Se estima que alrededor del 70 por ciento de la tierra perteneciente a comunidades palestinas en Israel fue confiscada por el Estado y ahora está en manos de los judíos de todo el mundo. Privados de tierra y acceso a agua barata para la agricultura, la mayoría de los ciudadanos palestinos se vieron obligados a convertirse en trabajadores ocasionales, muchos de ellos en la construcción de localidades en el centro del país.

    Pero un grupo fue visto como una amenaza particular al nuevo ethos sionista, y especialmente difícil de convertir en una fuerza de trabajo cautiva. Los beduinos, ubicados en lugares remotos en las colinas de Galilea y en las llanuras polvorientas del Neguev, y su estilo de vida pastoril, pastoreando cabras y ovejas, hacía difícil a Israel controlarlos.

    «Dunam tras dunam»

    Desde el principio el movimiento sionista identificó la importancia de la conexión entre la tierra y las cabras. Y el papel central que ambas desepeñaron en el mantenimiento de la identidad palestina y el refuerzo de una tradición de «sumud«, o firmeza.

    Uno de sus primeros lemas, refiriéndose a una unidad otomana de medición de la tierra, era «dunam tras dunam, cabra tras cabra». El objetivo era tomar Palestina trozo por trozo, de forma progresiva y silenciosa que pasaría desapercibida para el resto del mundo.

    Después de la Nakba Israel recurrió a políticas de contención agresivas contra los beduinos que no habían sido expulsados ​​fuera de las nuevas fronteras del Estado. Estas políticas se centraron en sus tierras y rebaños.

    En 1965, el año anterior al fin del gobierno militar sobre los ciudadanos palestinos, una Ley de Planificación y Construcción desconoció a casi todas las comunidades beduinas. Sus hogares fueron declarados ilegales y se les denegaron todos los servicios públicos.

    El objetivo de Israel era acorralar a los beduinos en un puñado de «municipios» urbanizados, obligándolos a abandonar la agricultura y convertirse en trabajadores eventuales en una economía judía, como otros ciudadanos palestinos.

    La Ley de Protección de Plantas de 1950 dio un golpe especialmente duro a los beduinos. Las cabras negras les suministraban leche para su propio uso y venta y las pieles se usaban para tiendas y mantas.

    Como ministro de Agricultura a fines de la década de 1970, Ariel Sharon intensificó la campaña contra los beduinos y de manera similar prefirió ocultar sus políticas tras una preocupación falsa sobre la ecología.

    En su caso hizo una inversión privada con el éxito de «judaizar» el Estado en el Negev y deshacerse de la mayoría de los beduinos, en 1972 había adquirido un vasto rancho allí, que alcanzaba los 4 kilómetros cuadrados.

    Anteriormente la tierra había pertenecido a refugiados de la destruida aldea palestina de Houg, ahora encarcelados en Gaza. El médico y autor palestino Hatim Kanaaneh señala que la única estructura restante de la aldea, la mezquita, estaba «sirviendo de corral a los caballos árabes de pura sangre [de Sharon]».

    La patrulla verde

    Cinco años después de haber comprado el rancho Sycamore, Sharon creó la «Patrulla Verde», una unidad paramilitar de la Autoridad de Naturaleza y Parques de Israel, cuyas tareas incluían capturar y matar a las cabras negras de los beduinos.

    El activista de la comunidad palestina Maha Qupty señala que en los primeros tres años de las operaciones de la Patrulla Verde el número de cabras negras fue reducido en un 60 por ciento, de 220.000 a 80.000. Las prácticas de la patrulla fueron tan brutales que un vigilante oficial, el Contralor del Estado, censuró a la unidad en su informe de 1980.

    El número de cabras en Israel ha caído mucho más en los últimos años. Un informe en el periódico Haaretz señaló que en 2013 solo había 2.000 cabras pastando en el vasto bosque de Carmel y alrededores, al lado de Haifa, frente a las 15.000 de antes del establecimiento de la Patrulla Verde.

    Y fue en esa misma colina del Carmel donde se hizo evidente el peligro que representaba la desaparición forzada de las cabras.

    El extenso bosque que abraza las laderas de las alturas del Carmel fue plantado para cumplir y ocultar la expulsión de varias aldeas palestinas. Pero en 2010 el bosque se vio envuelto en llamas que finalmente costaron la vida de 44 personas. La mayoría eran guardias que viajaban a la prisión de Damun, donde los presos políticos palestinos están retenidos fuera de los territorios ocupados en violación del derecho internacional.

    El incendio, que se prolongó durante cuatro días, requirió la evacuación de 17.000 personas de sus hogares, incluso de sectores de Haifa.

    Ese incendio fue el preludio de otros mucho más generalizados hace un año, al final de un largo verano seco. Se reportaron alrededor de 1.700 incendios en todo Israel y Cisjordania, muchos de ellos en los bosques que Israel plantó sobre las aldeas destruidas. Haifa resultó nuevamente dañada.

    La herida autoinfligida del sionismo

    Tanto de los brotes de incendios forestales de 2010 como de los de 2016 la policía y los funcionarios del Gobierno acusaron a los ciudadanos palestinos, a pesar de la escasez de pruebas y condenas para respaldar tales afirmaciones.

    Las denuncias de incendio premeditado fueron una desviación útil de la realidad: que los incendios eran un objetivo propiamente sionista. El peligro planteado por la plantación de pinos europeos inadecuados en las áridas condiciones del Medio Oriente se había visto agravado por los veranos más largos -cuando se inició el cambio climático- y por la devastación de las cabras negras que habrían despejado la vegetación alrededor de los árboles para evitar que los incendios se propagaran rápidamente.

    De hecho hubo advertencias de que estos bosques de pinos constituían un peligro de incendio mucho antes del advenimiento de un cambio climático significativo. Hace casi 20 años visité un kibbutz en el borde del Carmel, donde había habido un incendio reciente.

    Nir Etzion se sienta en las tierras agrícolas de Ayn Hawd, que era un raro ejemplo de un pueblo palestino que había escapado de la destrucción, en su caso, para ser reinventado como una colonia de artistas judíos con un nombre similar, Ein Hod.

    Ciertos directivos de Nir Etzion me contaron una historia familiar y paranoide: que los refugiados internos palestinos, que vivían cerca, habían encendido el fuego para sacarlos de su kibbutz. Los kibbutzniks pasaron por alto el hecho de que los refugiados se vieron en peligro mucho más grave por el fuego.

    Como relaté en mi contribución a un libro de ensayos, Catastrophe Remembered, los expertos ya tenían claro que los pinares europeos plantados en las colinas del Carmel eran peligrosos por las condiciones áridas de la región.

     «Reparar la injusticia histórica»

    Pero hasta este mes los sueños del movimiento sionista -de hacer desaparecer todas las huellas de una Palestina que existía antes de la creación de Israel- habían demostrado ser mucho más potentes que el peligro de los incendios forestales.

    Paradójicamente le ha tocado a Jamal Zahalka, un miembro palestino del Parlamento israelí, sacar a sus colegas de sus delirios y hacer frente a la realidad del cambio climático.

    Zahalka es la fuerza motriz detrás del esfuerzo por derogar la ley de 1950, justificando su revocación en un estudio realizado por una buena institución sionista: el Technion, la famosa universidad técnica de Israel. Su investigación confirmó una sabiduría que era obvia para generaciones de agricultores palestinos: que las cabras pastan en arbustos y matorrales secos y por lo tanto suprimen el riesgo de incendios.

    Zahalka ha declarado que la derogación de la ley de 1950 «restaurará el honor perdido de las cabras” y «reparará una injusticia histórica» para los agricultores palestinos.

    Zahalka ha ganado el respaldo del ministro de Agricultura Uri Ariel y de Ayelet Shaked, la ministra de Justicia. Ambos están estrechamente vinculados al movimiento de colonos y Ariel es un directivo del FNJ.

    Pero frente a la evidencia científica y la amenaza de más incendios Ariel ha reculado. «Las cabras son un factor importante en la prevención de incendios y queremos fomentar el pastoreo», dice ahora.

    Tristemente a los gobiernos israelíes les ha tomado casi 70 años revertir su política de destrucción de la cabra negra, una política que intencionalmente buscaba destruir la agricultura palestina y, con ella, las comunidades, el patrimonio y la identidad palestinas.

    Fuente: http://www.jonathan-cook.net/2017-12-01/forest-fires-israel-goats-zionism/

    Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y rebelión como fuente de la traducción.

    Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=234983&titular=en-la-era-de-los-incendios-forestales-la-ley-de-israel-contra-las-cabras-palestinas-

     

  • Trump, el Balfour del siglo XXI

    Trump, el Balfour del siglo XXI

    Jerusalén acabará siendo de facto la capital de Israel porque al reconocimiento de Trump le seguirá el de las cancillerías acólitas de medio mundo

    Donald Trump firma su proclamación con la que su país reconocerá a partir de ahora a Jerusalén como capital de Israel.
    Donald Trump firma su proclamación con la que su país reconocerá a partir de ahora a Jerusalén como capital de Israel. JIM LO SCALZO EFE

    Por más que duela y enoje, poco puede extrañar la decisión de Trump de reconocer Jerusalén como capital de Israel, anunciada con la pompa que caracteriza todo atentado contra la legalidad internacional perpetrado por este presidente de la impudicia. Trump es consecuente consigo mismo y con su programa electoral, lo cual no debería sorprender si no fuera por la corrupción de la democracia a la que ya estamos tan acostumbrados. A Trump se le puede criticar por muchas cosas, pero no por no ser coherente. Sus votantes le estarán agradecidos, y el resto del mundo seguirá temblando.

    Pero Trump no carece de visión histórica. Hacía falta que un presidente estadounidense pusiera la guinda en el pastel de la ocupación. Trump nunca ha ocultado sus simpatías por el sionismo, el cristiano y el judío, que desde finales del siglo XIX ha venido manipulando la política y las instituciones internacionales para dar carta de naturaleza jurídica al colonialismo y la limpieza étnica de Palestina mediante la creación de un Estado confesional judío en el corazón del mundo árabe. Hace escasamente un mes se cumplía un siglo de la Declaración Balfour, la carta en la que el Gobierno británico manifestaba su apoyo al proyecto sionista. La actual potencia mundial, Estados Unidos, rubrica ahora aquel atropello legal con las formas del siglo XXI: con un discurso retransmitido urbi et orbi que destruye las aspiraciones palestinas de un Estado propio.

    Jerusalén acabará siendo de facto la capital de Israel porque al reconocimiento de Trump le seguirá el de las cancillerías acólitas de medio mundo. Pero eso no podrá borrar que Jerusalén sea, por encima de todo, la capital de la ocupación y el apartheid israelíes.

     En los últimos ocho años, el Gobierno de Netanyahu ha ejecutado implacablemente su programa de colonización progresiva de Cisjordania, de judeización a ultranza de Jerusalén y discriminación legal de los ciudadanos palestinos de Israel. Los palestinos, por su parte, tenían pocas bazas que jugar. La desunión interna, tan cacareada por la comunidad internacional, no era excusa para no forzar un verdadero proceso de paz. Israel tenía que cumplir con las resoluciones de Naciones Unidas y el derecho internacional, y no solo no lo ha hecho sino que se ha reído de ellos.

    ¿Y qué queda al pasar las páginas de la historia? El tiempo y las vidas perdidas, y el fin oficial de las promesas de Oslo, del sueño de los dos Estados, Israel y Palestina, algo que ya pronosticó hace quince años Edward Said, al tiempo que proponía la única solución justa: un Estado binacional. Porque todo lo demás traerá, seguro, más tensión y más violencia. Violencia interior, regional e internacional. Ante semejante panorama, todos estamos llamados, como pide con coraje Judith Butler, judía antisionista estadounidense perseguida por sus ideas, “a inventar nuevos idiomas con que pensar, actuar y crear solidaridades”, como el de la campaña de boicot, desinversión y sanciones, que ella suscribe.

    Luz Gómez es profesora de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad Autónoma de Madrid

    Fuente: https://elpais.com/internacional/2017/12/06/actualidad/1512586792_364331.html

  • El comité palestino de la ONU insta a Estados Unidos a rescindir el reconocimiento de Jerusalén  

    El comité palestino de la ONU insta a Estados Unidos a rescindir el reconocimiento de Jerusalén  

     NUEVA YORK, 8 de diciembre de 2017 (WAFA) – El Comité de la Asamblea General de las Naciones Unidas para el ejercicio de los derechos inalienables del pueblo palestino (CEIRPP) instó firmemente al Gobierno de los Estados Unidos de América a rescindir sus decisiones de reconocer a Jerusalén como la capital de Israel y transferir la Embajada de los Estados Unidos en Israel desde Tel Aviv a Jerusalén.

    En un comunicado de prensa, el comité dijo: «Estas acciones unilaterales constituyen una violación flagrante de las resoluciones pertinentes del Consejo de Seguridad, incluidas las resoluciones 476 (1980) y 478 (1980) y la resolución 2334 (2016), así como varias Asambleas Generales resoluciones, incluida la resolución 181 (II) y, más recientemente, la resolución A / 72/15. »

    El Comité denunció enérgicamente la decisión y añadió que «solo envalentonará aún más a Israel, la Potencia ocupante, en la prosecución de sus acciones ilegales, incluida su anexión ilegal de Jerusalén Este, y aumentará las tensiones, con repercusiones de largo alcance y consecuencias inimaginables en el más amplio Región del Medio Oriente y en todo el mundo «.

    «La ciudad de Jerusalén, un punto de apoyo de la Cuestión de Palestina, es de especial importancia para israelíes y palestinos y posee dimensiones y herencia espiritual, religiosa y cultural únicas como ciudad sagrada para los seguidores de las tres religiones monoteístas», y reiteró que «La comunidad internacional, a través de las Naciones Unidas, ha condenado todas las medidas destinadas a alterar la composición demográfica, el carácter y la situación del territorio palestino ocupado desde 1967, incluida Jerusalén Oriental, y declaró que no reconocerá cambios en las líneas de 1967, incluidos con respecto a Jerusalén, aparte de los acordados por las partes mediante negociaciones «.

    El Comité dijo además que la comunidad internacional ha subrayado en repetidas ocasiones que una solución amplia, justa y duradera a la cuestión de la ciudad de Jerusalén debería tener en cuenta las preocupaciones legítimas de las partes palestina e israelí y debería incluir disposiciones internacionalmente garantizadas para garantizar la la libertad de religión y de conciencia de sus habitantes, así como el acceso permanente, libre y sin obstáculos a los lugares sagrados por personas de todas las religiones y nacionalidades.

    Subrayando la necesidad de esfuerzos colectivos urgentes para promover la paz y la seguridad a través del fin de la ocupación israelí que comenzó en 1967, el Comité pidió la intensificación de todos los compromisos internacionales y regionales hacia este objetivo, incluidos los relacionados con la preservación de los dos: Solución del Estado, basada en las líneas anteriores a 1967 y con Jerusalén Oriental como la capital del Estado de Palestina independiente.

    Por último, el Comité reafirmó su apoyo y solidaridad de larga data con el pueblo palestino en su búsqueda de sus derechos inalienables y sus legítimas aspiraciones nacionales, incluido su derecho a la libre determinación y la libertad en un Estado de Palestina independiente, viviendo en paz con todos sus vecinos .

    Fuente: WAFA